Autor: González Páramo, J. M. . 
 El 28 de octubre, elecciones legislativas. 
 Iniciativa privada, energía histórica     
 
 El País.    27/10/1982.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

TRIBUNA LIBRE

Iniciativa privada, energía histórica

J. M. GONZÁLEZ PARAMO

Rechazar la iniciativa privada —dice el autor— sería tan absurdo como ser voluntariamente refractario al

oxígeno. A nadie se le ocurre. Respirar es menester, siquiera el aire que se inhale, se inspire o espire de

muchas maneras. La energía humana es vital en todos los ámbitos. Sin la voluntad de iniciar, emprender o

conseguir, señala el autor de este artículo, no se concibe vida social en ningún punto del tiempo o del

espacio. Eso lo sabe, en su opinión, la derecha y la izquierda.

Los empresarios manchesteria-nos, aquellos "barones asaltantes" con la "sagacidad del comerciante y el

genio del inventor" eran duros, a veces crueles, y disciplinaron una abaratada producción de prosperidad.

La muchedumbre pudo remontarse a un nivel de bienestar muy superior al precedente. A pesar del saldo

social negativo, del cultural dudoso, del político incierto, la iniciativa privada removió racional y

enérgicamente las estructuras de la sociedad tradicional y engendró un mundo nuevo mejor y peor.

En la edad del desarrollo —sin olvidar el hambre, el paro y otras lacras—, cualquier obrero especializado

vive higiénicamente mejor que César Augusto, indefenso ante la piojería, la infección y la oscuridad, sin

penicilina, DDT, energía eléctrica... Cualquier vehículo utilitario resulta más cómodo y raudo que las

literas y diligencias de antaño. Este mundo mejor —bienes y servicios— y peor —soledad,

incertidumbre— está transido por una crisis densa y multifactorial.

Una de las complejas causas de ese marasmo consiste en la percepción del uso real que el hombre hace de

su iniciativa, su energía y su libertad. ¡Atención, digo en la percepción y sus consecuencias!,

¿cómo se ve aquí? En nuestro país, ni el PSOE ni el PCE niegan la realidad de una iniciativa privada

"colaboradora de la acción estatal", iniciativa residual, retrogra-diente y digna de ser acorralada. Alianza

Popular —y todo lo que impropiamente se llama "derecha", se apoye o no en el carácter supletorio de la

acción del Estado— carga el acento en el poder relanzador y en la prioridad ideológica de la iniciativa

privada.

Pero digan lo que digan, las fuerzas políticas y sociales —ante la iniciativa privada— perciben una

realidad medular, un poder telúrico, una energía histórica, algo muy serio. La derecha siente la amenaza a

la libertad, la pérdida de ilusión, la desaparición del incentivo que supondría un mundo

sin propiedad y sin posibilidad privada de emprender. La izquierda capta la insumisión de las

multinacionales —armas de dominio mercantil— al bien común. Y, a pesar de todo, ambos

contendientes, fuera del género ínfimo de los mítines, donde todo se simplifica, saben que ni toda

iniciativa privada es multinacional, ni hay socialismo capaz de yugular las leyes objetivas de la economía.

Ambos adversarios saben que el bombe se hace a sí mismo y que la independencia económica, el

estímulo de la propiedad y de la herencia son la base de la seguridad y la independencia de los hombres

en cualquier sistema. Y exiten más o menos limitadas en las órbitas occidental y socialista. Ni la iniciativa

pública ni el protagonismo burocrático por sí solos pueden romper la relación dialéctica entre justicia

social y productividad. La iniciativa privada que preconiza la derecha en muchos países es reconducible

al interés común por el derecho: fiscal, laboral, civil, mercantil. Podría decirse que dentro de las naciones

la ley obliga a someterse al interés general, pero ¿quién arbitra el juego entre naciones, al no existir una

soberanía mundial? En los tratos internacionales, incluso cuando la otra parte es un país socialista, reina

el más desenfrenado liberalismo, una iniciativa transnacional que conecta con los lugares oscuros de los

pocos que toman las decisiones que afectan al mundo.

No cabe —en mi opinión— la menor duda. La iniciativa privada saldrá escamondada y vivaz de este

torneo dialéctico y siempre servirá decisivamente a la comunidad, aunque nazca del egoísmo, la codicia y

la ambición. ¡Buenos vientos son las pasiones para quien sepa donde va!

El egoísmo del hombre no es la providencia de Dios. La iniciativa privada tiene que ser encauzada al

interés común, sin perder virtualidad. A pesar del resentimiento colectivo que empuja a ciertas opciones,

la iniciativa privada sirve al relanzamiento que el país necesita. Su apoyo, su confianza son decisivos para

salir de la crisis. Es preciso someterla continuamente al interés general, pero hay que darle el ancho

aliento de la economía social de mercado.

Hinkelmart sostiene el interés del tema. Ante la dialéctica dé lo público versus lo privado, cabe cargar el

acento en lo público, como hace la izquierda, o el énfasis en lo privado, como quiere la derecha. Yo me

inclino a rechazar lo que desalienta la iniciativa y a crear empresas y trabajo libremente, inventando con

tenacidad procedimientos, leyes y artilugios para que la iniciativa sea libre y se someta al interés de todos.

J. M. González Páramo es candidato al Senado por AP-PDP.

 

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