Autor: Sinova, Justino. 
 28-O Terceras elecciones generales. La hora de votar. 
 Votad para poder quejaros     
 
 Diario 16.    28/10/1982.  Página: I. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

28-0 TERCERAS ELECCIONES GENERALES

Votad para poder quejaros

JUSTINO SINOVA

Uno de los personajes más llamativos de los que pueblan la España política, el socialista radical y

escéptico Pablo Castellano, construyó una sugestiva frase durante su campaña electoral por tierras

cacereñas. Dijo, aunque con términos más sonoros y coloquiales, esto: «Votad lo que os dé la gana, pero

luego no os quejéis.» Pablo Castellano trataba de convencer a sus paisanos por la vía de la amenaza

amable y ocurrente, dando por sentado que sus oyentes guardaban la intención de votar y no precisamente

a Fraga; dando por sentado, pues, que no tendrían que arrepentirse. Pero el verbo quejarse, aplicado al

ejercicio de votar, tiene un significado menos gramatical y, por supuesto, menos dramático del que le

atribuía ocasionalmente Pablo Castellano. En un sentido político más exacto habría que decir que la queja

ha de venir precisamente a renglón del acto de votar. Quejarse, no en el sentido de lamentarse, es la

acción consiguiente al acto de votar. Y lo lógico.

Lo esencial

La democracia, que es un sistema menos reglamentista que cualquier otro y que, cuando funciona

objetivamente bien, debe limitarse a favorecer el ejercicio de la libertad de los ciudadanos, impone una

norma básica de conducta, la de votar. Si hay algo esencial en una democracia es la participación de los

ciudadanos. Un sistema democrático está más vivo cuanta mayor capacidad de convocatoria disponga. En

sentido distinto, el acto político por excelencia que le corresponde al ciudadano en el sistema de libertades

es e! de votar, primero, para poder exigir después, para poder quejarse después. Lo mejor de la

democracia es que quien ejerce el poder, quien ocupa la Moncloa en nuestro caso, debe su puesto y sus

preocupaciones a la gente de la calle, que tenemos el derecho, por depositar el voto, porque el sistema

político es cosa de todos nosotros, de quejarnos, de exigir, de pedir cuentas. Estas elecciones nos van a

ofrecer el ejemplo más exacto del poder que los votantes tenemos en nuestra capacidad de decisión. Es un

caso muy sencillo, pero que hay que recordar didácticamente ahora que la democracia está amenazada.

UCD, el partido que protagonizó la transición, va a perder las elecciones ´porque sus errores van a ser

calibrados como más importantes que sus aciertos. El llamado tantas veces pueblo soberano va a ejercer

su soberanía y va a expulsar a UCD de la Moncloa para llevar al centro neurálgico de las decisiones al

Partido Socialista.

La abstención

Lo único que no admite el espíritu democrático es la abstención. La abstención consciente es la actitud

personal más antidemocrática, porque es inhibición, es insolidaridad, es alejamiento. Y no legitima la

protesta. ¿Cómo va a protestar quien no ha tenido antes el valor de comprometerse intelectualmente y de

hacer el pequeño esfuerzo de expresar su deseo? Estas elecciones de 1982 son unas elecciones singulares

en medio de un clima tendente al miedo y al pesimismo. Pues en estas condiciones, la única respuesta

válida y coherente es salir a la calle y votar. Hay que votar para demostrar que el sistema está vivo y que

lo queremos como forma permanente de convivencia, para demostrar que seria un crimen histórico de

responsabilidad incalculable que alguien, que unos pocos, intentaran sellar las urnas dichosamente

recuperadas hace unos pocos años. El único progreso posible es que las urnas sigan llenándose de votos

cada cierto tiempo, que sigamos teniendo la posibilidad de decidir quién nos gobierna y cómo, que

podamos hacer el saludable y civilizado ejercicio de opinar en una sociedad políticamente sana. Es decir:

tenemos que votar para luego quejarnos ante quien haga falta. Para quejarnos, por ejemplo, ante el seguro

diputado Pablo Castellano, no para lamentarnos, porque éi, que es demócrata, lo aceptará. No hay otro

modo de construir una sociedad estable, en paz y en libertad.

La hora de votar ha llegado. Casi veintisiete millo nes de españoles tenemos hoy la oportunidad de

depositar nuestro voto para elegir 350 diputados, 208 senadores y, consecuentemente, al presidente del

Gobierno. Este suplemento expone los argumentos necesarios para despejar las últimas dudas y acudir a

las urnas —porque hay que acudir a las urnas sin disculpas que valgan— a votar en conciencia lo mejor.

El día 28 de octubre, hoy, es la gran fiesta de la democracia, la fiesta de las elecciones. No hay ocasión

más propicia para ejercer el derecho de quienes vivimos en libertad: manifestar nuestra opinión y apoyar

con nuestro voto la opción de Gobierno que más se lo merezca.

 

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