Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Del sentido común     
 
 ABC.    31/10/1982.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

De ayer a hoy

Del sentido común

De las declaraciones que algunas personas, tituladas ilustres, o, como decía Franco, ilustres porque ellas

lo dicen, se deduce que hay que sentarse a ver de qué manera los socialistas resuelven los problemas de

España. Es una invitación al circo. Se espera que el trapecista salga con bien del triple salto mortal —

paro, terrorismo, golpismo—, aunque en cualquier caso la responsabilidad es suya exclusivamente. El

trapecista tiene la sagrada obligación de no romperse el cráneo contra el suelo, pero si se lo rompe es el

suyo y no el de los demás. Es una actitud que declara, ppr modo escondido, que bajo todo lo nuevo que

surge o se insinúa se prepara un fracaso. Conclusión: todavía no ha salido el toro del toril y ya le están

poniendo banderillas.

Por ese procedimiento al PSOE le pasará lo mismo que a Ayax y a Don Quijote, pues lo mismo el héroe

griego que el español tomaron rebaños de ovejas por hombres, metáforas irónicas de Hornero y de

Cervantes sorprendentemente idénticas. Don Quijote daba grandes voces cuando atacaba lanza en ristre a

los malandrines para desfacer sus entuertos, y Ayax podía gritar más fuerte que cien bueyes. De nada les

sirvió. De la tumba de Ayax, dice la leyenda griega, brotó una flor roja.

Se trata de llegar a la tierra de promisión, y la sociedad española ha elegido la vía trazada por el programa

socialista. La voluntad del pueblo ha convertido en necesidad histórica esa vía de tránsito, de la misma

forma que antes eligió otra o dentro de cuatro años pueda elegir una distinta. Pero hoy es preciso rendirse

a la evidencia de que entre la vía socialista y el futuro esperado por la sociedad española hay unas íntimas

correlaciones, inequívocamente manifestadas, derivadas de las experiencias de estos últimos años, lo que

indica que los socialistas no han llegado al Poder por arte de magia o debido a la «suerte cochina», como

decía Bismarck asustado del creciente ascenso de los socialde-mócratas alemanes. La actitud de Bismarck

era pueril. Y la idea de que la preparación de lo necesario, la prosperidad y la paz de la sociedad, pudiera

hacerse o por lo menos acelerarse dificultando sistemáticamente el trámite --que ahora es socialista—

equivaldría a hacer imposible la solución.

Un hecho observable en estos últimos años es el creciente sentido común de los españoles. Acaso el haber

estado sometidos durante tanto tiempo a una voluntad individual haya procurado en ellos un lento

progreso orgánico de su carácter, que ha llegado a convertirse, con el advenimiento de la democracia, en

un rápido progreso intencionado. Una guerra civil y más de cuarenta años de consecuencias —casi una

era geológica para la vida personal— no lograron clavar en el subconsciente de los españoles el

sentimiento de su despersonalización política, de que eran «zombies», cadáveres vivientes. Y, sin

embargo, la dictadura ha sido tal vez la que ha propiciado el sentido común de los españoles. El sentido

común, a fuerza de luchar contra los prejuicios, consigue un juicio, y, además, permite cierta orientación

ante los acontecimientos nuevos teniendo en cuenta la experiencia que se deriva de los acontecimientos

viejos. Y así, gracias al sentido común, los españoles disponen hoy de lo que hace muy pocos años no era

siquiera concebible: un Partido Socialista no revolucionario. Porque el Partido Socialista, desde el XIII

Congreso de Suresnes hasta hoy, ha ido constituyéndose regularmente por la sedimentación natural de

todas las experiencias vividas en España, cuyo promedio corresponde a las necesidades reales de los

españoles.

El sentido común es algo existencial, más que ideológico. Y el sentido común nos aconseja no ser

simplemente espectadores, y mucho menos espectadores malintencionados, del ensayo de sociedad que

ahora comienza.—CANDIDO.

 

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