Autor: Urbano, Pilar. 
   Si yo fuera Landelino...     
 
 ABC.    31/10/1982.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

DOMINGO 31-10-82

Hilo directo

Si yo fuera Landelino...

Ni es oro todo lo que reluce, ni rojo todo lo que flamea. Me explicaré. El carpintero vino ayer a arreglar

un armario en mi casa: «Soy pecé, pero he votado a Felipe para asegurar un Gobierno de izquierdas por

una temporada...» La peluquera, Mary Carmen, me dio una sorprendente lección de «voto práctico», más

que «útil» y, desde luego, desideotogi-zado: «Mi novio y yo íbamos a votar al PSOE, pero como Fraga

decía que hasta las 750.000 pesetas de ingresos no pagaríamos impuestos... voté AP.» En unos grandes al-

macenes, mientras me envuelven un paquete de compras, escucho: «En mi casa las chicas han votado a

Fraga y tos hombres al PSOE; así que somos Gobierno y Oposición... Oye, macho, tenemos que arreglar

lo de Avila para ver al Papa: tú pones el coche y la gasolina y yo los bocatas y el vino.»

España va a tener un Gobierno socialista, pero España no es socialista. Y sé qué estoy glosando una

afirmación de Alfonso Guerra, hecha antes de iniciarse la campaña.

Pienso, con preocupación, en el hecho social de la bipolarización. Y echo de menos uña potencia

intermedia de centro. Por ello hoy mi breve reflexión discurre por los cerros de esa disminuida UCD que

hizo posible, en la ley y en la calle, la transición, la reforma y la Constitución. UCD, cuya razón histórica

y política fue y sigue siendo «oficio de moderación». Lavilla, en su campaña, pudo impartir de una vez y

con una sola voz los tres mensajes: «nosotros trajimos la democracia», «yo me empeño en regenerar la

UCD» y «el centro es necesario para que la derecha deje gobernar a la izquierda y para que la izquierda

gobierne teniendo en cuenta a la España de derechas». Eran demasiados versos para un solo bardo. Y

bien, ahora tiene escasamente una docena de escaños. Sólo apelando al número de votos podrá alzar su

grupo parlamentario centrista. El mismo espera fugas: PSOE y AP serán en el Parlamento grádenos tan

prepotentes como tentadores. Eso sí, en su minimización tiene una ventaja: sin poder, no hay pastel que

repartir, ni ambiciones que aplacar, ni «baronías» que esgrimir. Los poderes de un Rodolfo Martín Villa

han pasado de las ínfulas de grandeza a las cartas vistas. En esa UCD salvada del naufragio, cada hombre

es su escaño y nada más. En todo caso, queda la estructura y la militancia de un partido que, por reto de

nobleza política, si estuvo a las maduras ha de estar a las duras. Sólo cuando se parte de la miseria se

puede llegar a ser algo. Lavilla, en la madrugada electoral, apalabró ya su compromiso brioso de

«reconstruir» la verdadera alternativa moderna y democrática ante el PSOE... y me refiero a las próximas

elecciones municipales y autonómicas. Ahí está, pues, el gallardete de su propio desafío. Va a necesitar

coraje, temple y corazón a contracorriente.

Si yo fuera Landelino... Estaría ya en tratos extraparlamentarios con Antonio Garrigues Walker. Si yo

fuera Landelino... estaría ya en conversaciones preparlamentarias con los líderes de esas dos fuerzas

periféricas cuyos modelos de sociedad coinciden con la ideología de centro: el PNV de Arzallus-

Garaicoe-chea y la CiU de Roca-Pujol. Una importante suma de treinta y dos escaños, que cohesionados,

serían un buen fulcro sobre el que tendrían que pivotar los dos grandes partidos en confrontación. La tarea

de engarzar en tos intereses nacionales las demandas nacionalistas es tan señera y crucial, cuando está

pendiente la definitiva «fábrica» del «Estado de las Autonomías» (no del «Estado y las Autonomías»),

que por sí misma justifica una presencia política empeñada en tomarla por bandera.—Pilar URBANO.

 

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