Autor: Laborde Vallverdú, Enrique. 
 Ecos internacionales de la victoria socialsita. 
 Las diferencias franco-españolas no se disiparán con el nuevo Gobierno     
 
 ABC.    31/10/1982.  Página: 28. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Las diferencias franco-españolas no se disiparán con el nuevo Gobierno

PARÍS (Enrique Laborde, corresponsal). En su telegrama de congratulación al secretario

general del Partido Socialista Obrero Español, Felipe González, el presidente Frangois

Mitterrand subraya un buen deseo: «Me felicito de poder trabajar con usted en la realización de

nuestros objetivos comunes.» Pero el laconismo telegráfico ha dejado en el aire el simple

enunciado de esos «objetivos comunes».

Ahora, pasado el primer momento de la información y del análisis, más o menos apresurado o

improvisado, de los resultados electorales en España, los medios de opinión les dedican una

preferencia, perfectamente lógica, a las futuras relaciones entre París y Madrid. En este orden

de ideas, el pasado y el presente se identifican, aunque ahora existan más razones para la

esperanza. En el pasado, el centrista Giscard d´Estaing recibió al centrista Adolfo Suárez, y

poco después, en nombre de las hortalizas mediterráneas, proclamaba la necesidad de una

«pausa» en la incorporación de España a la Comunidad Europea. Terminada la «era

giscardiana», en julio de 1981, el socialista Francois Mitterrand recibió al centrista Leopoldo

Calvo-Sotelo, y la noción de la «pausa» se afirmó en nombre de las mismas hortalizas

mediterráneas.

Pero ha llegado el momento de «realizar unos objetivos comunes» que, por más vueltas que se

le quiera dar a la cuestión, son los mismos que en el pasado. Naturalmente, en la actualidad

existen unas mejores condiciones para el diálogo, pero como lo anota el editorialista de «Le

Quotidien de París», Felipe González, que conoce muy bien a Francois Mitterrand, ha sisipado

los malentendidos al precisar, mucho antes de su victoria electoral, que las relaciones de

Estado a Estado no deben confundirse con las relaciones de partido a partido. «En un país,

Francia —escribe el editorialista en cuestión—, donde el partido se ha convertido en el Estado,

y viceversa, ese mensaje, si ha sido escuchado y comprendido, deberá provocar algún rechinar

de dientes.»

Para la mayoría de los comentaristas, el hecho de que en el Elíseo se encuentre un socialista y

en la Moncloa otro socialista no hará que se lleve a cabo una política del borrón y cuenta

nueva, porque los problemas pendientes volverán a ponerse sobre el tapete. Es más, en casi

todos los juicios sobre el estado de la cuestión se subraya que ambos socialismos responden a

unas circunstancias singulares y peculiares, es decir, que por razones obvias no tienen ni los

mismos métodos de Gobierno, ni los mismos objetivos y que lo que en Francia es ideología en

España es pragmatismo. Así lo explicó el propio Felipe González al enviado especial de «Le

Fígaro», Fhilippe Nourry: «Lo que quiero subrayar es que la realidad política, económica y

social de Francia es totalmente diferente a la de España y que seria totalmente vano, pese a

mis mejores deseos de éxito para la experiencia francesa, de compararla con la que nosotros

vamos a aplicar.»

 

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