Autor: Herrero y Rodríguez de Miñón, Miguel. 
   La opción liberal     
 
 Diario 16.    25/10/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

OPINIÓN

25-octubre-82/D¡ario 16

MIGUEL HERRERO DE MIÑÓN

Candidato de AP-PDP por Madrid

La opción liberal

Se defiende en el presente artículo la oposición radical existente entre los principios que inspiran el

socialismo y el liberalismo. La conclusión, a juicio de su autor, es clara: aunque ellos no lo sean, los

liberales han de votar a los partidos conservadores.

.En Europa y más concretamente en España, existen dos tipos de liberales. Unos, los de verdad, los que

creen en el individualismo social jurídico y político como base de la cosa pública. Otros, los de pacotilla,

que al decir de Hayek —ese anciano juvenil y genial que algo sabe de libertad — , no tienen otra

finalidad que la de facilitar la extensión de las ideas y las propuestas socialistas. De los segundos, de los

liberales en, broma, de los que se sienten cas: socialdemócratas, no voy a ocuparme aquí, porque

cualquiera que sea la denominación que adopten, su opción no es la opción liberal.

Perplejidad

Por el contrario, existen muchos y valiosos ciudadanos preocupados del quehacer de los españoles que,

insertos en la gran tradición político-cultural del liberalismo, se sienten perplejos entre la opción socialista

protagonizada por el PSOE y la opción conservadora de Alianza Popular.

Les separa de los socialistas cuanto a la economía se refiere. Quienes sienten de verdad la inquietud libe-

ral, saben que sin libertad económica no existe el mantillo donde florecen las demás libertades civiles y

políticas. Sin libertad de empresa, no existe pluralidad de empresas periodísticas, de empresas radiofóni-

cas, televisivas, etcétera, y la libertad de expresión se reduce a la nada. Sin propiedad privada el

ciudadano carece de aquellas bases materiales que le permiten no depender lotalmente del Estado

castrador a fuer de paternal. Sin la libertad de poseer y de contratar, la libertad de trabajo es un mito, de la

misma manera que resulta estéril sin la libertad de ahorrar y de invertir.

Por ello, los liberales son necesariamente contrarios a la planificación, aunque se la denomine «concerta-

da» a la expansión del sector público, a las nacionalizaciones, a la corporativiza-ción de la economía y de

la sociedad a través de la sindicalización de las empresas y de la Seguridad Social, a la fijación de los pre-

cios y los salarios; en general, a la intervención del Estado.

Sin embargo, por la peculiar decantación de las posiciones políticas españolas pueden haber liberales

tentados por la oferta socialista de una profundi-zación en las libertades consagradas en nuestra

Constitución. El problema surge cuando se va al análisis concreto de cada una de ellas y este análisis

arroja sorprendentes resultados.

Los Ayuntamientos socialistas en sus normas de selección de personal violan el principio de intimidad re-

ligiosa consagrado en el artículo 1 6 de ¡a Constitución.

La posición socialista relativa al monopolio de la televisión y su proyecto desde 1979 formulado por el

señor Solana, de la nacionalización de las emisoras privadas de radio a excepción de las de Frecuencia

Modulada, atenta a la libertad de expresión, consagrada en el artículo 20 de nuestra norma suprema.

Conocida es la versión socialista del derecho a la educación reconocido en el artículo 27 del mismo texto,

que sustituye la libertad de elegir —sin elección no hay libertad — por la mera participación en el consejo

escolar de una escuela pública única. Sabido es que los socialistas entienden la autonomía universitaria de

manera que dejan chico a Napoleón Bo-ñaparte, según demostraron no hace muchos meses, en torno a un

conocido proyecto de ley, que mereció la crítica de todos los liberales de este país.

En cuanto a la libertad sindical —artículo 28—, los socialistas la matizan y ponen a cargo del Presupuesto

General del Estado la financiación de su propia central sindical. Y por supuesto que el derecho de

propiedad (artículo 33), el cierre patronal (artículo 37) o la libertad de empresa (artículo 38) caen fuera de

su concepción de los derechos fundamentales del Estado. Así, por ejemplo, ya han anunciado que no

regularán el segundo y sus más autorizados portavoces en la materia, verbigracia don Elias Díaz,

consideran los Eotros dos como meras antiguallas.

Ante esta situación resulta que la opción liberal, que choca en temas económicos con el socialisrno, no

puede coincidir, al menos en el caso español, con un programa que niega la profundización y el desarrollo

de las más concretas y elementales de nuestras libertades.

Paralelamente el liberalismo español puede sentirse atraído por el programa económico de la derecha

conservadora, respetuoso de la propiedad, restrictivo del gasto público y la presión.fiscal, enemigo de ¡os

controles e "ntervenciones estatales y empeñado en basar nuestra expansión económica en el fomento del

ahorro y la iniciativa privada.

Una sola opción

También es claro que los liberales españoles sienten a veces temor hacia el tratamiento que de las liberta-

des puede hacer la derecha española, algunos de cuyos más significativos miembros —dicho sea de pasó-

nos hemos distinguido por preconizar la libertad cuando estaba de moda afirmar, entre algunos

pseudoprogres de la actualidad, la pecaminosidad del liberalismo.

Pero la realidad es que frente a ¡a libertad de conciencia, de información, de contratación laboral, de

elección de médico, de ejercicio profesional, de empresa, y todas las demás, la posición de Alianza

Popular no es dudosa. Queremos en todos estos campos la libertad de elegir, la pluralidad de ofertas

sociales y de demandas sociales.

A los liberales de veras, no a los de pacotilla, corresponde optar entre aquellos con los que están en desa-

cuerdo en el modelo económico y en el desarrollo concreto de la libertad civil — entiéndase PSOE— y

aquellos otros —entiéndase AP— con los que coinciden en ambos extremos.

Una vez más, Hayek tenía razón. Se podrá ser o no conservador, pero los amantes de la libertad sólo

tienen hoy una opción seria que tomar frente al socialismo: apoyar a los partidos conservadores.

 

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