El trigo, base de la economía de muy extensas zonas  :   
 Hacia la disminución de superficie. 
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EL TRIGO,

BASE DE LA ECONOMÍA DE MUY EXTENSAS ZONAS

Hacia la disminución de superficie

NO es raro hallar en algunos medios en los que se estudian cuestiones económicas, una idea por la que se

supone que los agricultores trigueros gozan de una especial protección, par parte del Gobierno, por el

hecho de que éste fije y garantice los precios del trigo y la adquisición de sus cosechas. Ya en esta línea

de deducción, podríamos decir otro tanto con respecto a los cultivadores de tabaco, de remolacha, de

algodón, etcétera, etcétera.

Evidentemente se nos dice de manera autorizada y competente -, se trata de formar un ambiente

desfavorable al sistema implantado con la creación del Servicio Nacional del Trigo, llegándose incluso a

proponer soluciones opuestas al plan de intensificación de la producción triguera que nos ha conducido a

un estado de situación que nos permite cubrir con holgura las necesidades nacionales de todo orden,

constituir reservas de seguridad y hasta dedicar cupos a la exportación siempre que, como ha ocurrido

este año, circunstancias meteorológicas muy adversas no hayan reducido la cosecha a una cantidad

inferior a la necesaria para dejar a cubierto esas necesidades, calculadas en unos 42 millones de quintales

métricos.

LOS PRECIOS DEL TRIGO

Los precios que están en vigor para el trigo fueron fijados hace tres años, después de muy detenidos

estudios, en los que fueron tenidos en cuenta todos los factores que intervienen en la producción, y tras

considerar cosechas medias de nueve quíntales métricos por hectárea, cifra prudente que deja fuera de

protección a las tierras más pobres - las conceptuadas como marginales -, con lo cual se evitó que los

precios fuesen mucho más elevados. Aquella supuesta productividad media de nueve quintales no se ha

podido conseguir este año, por los motivos indicados. Con toda evidencia, los precios legales fijos para el

trigo se consideran como el primer estímulo y como fuerte apoyo a la producción triguera, decisiva en

nuestro país por razones económicas y sociales. Este cultivo se desarrolla, como es notorio, en regiones

de clima seco y desigual. En ellas, las lluvias son generalmente escasas y están mal distribuidas a lo largo

del año agrícola, cuando no son excesivas en el más alto grado. Sobre estas contingencias hay que poner

las irregularidades térmicas primaverales, que con frecuencia ponen en peligro las cosechas en el

momento de la granazón, o reducen, efectivamente, los rendimientos. Más es el caso que en tales terrenos

y climas no hay posibilidad de cultivar otras, plantas tan rústicas como el trigo, de donde resulta que es

ese cereal la base de la economía agrícola de muy extensas zonas ocupadas por una población numerosa

con nivel de vida poco elevado. Esta población, que vive con austeridad, pero con independencia, oculta

muchas veces, en su aislamiento, un paro enmascarado que a la nación conviene conocer, estudiar y

remediar.

El no asegurar un ingreso mínimo vital a los productores de trigo conduce a fomentar la emigración de

masas campesinas y al riesgo de que queden sin cultivar tierras cuya producción nos resulta necesaria. Per

otra parte, el trigo es el producto básico de la alimentación en España, y en él se centra el problema del

abastecimiento nacional. No hemos olvidado las dificultades a que hubo que hacer frente en una época

todavía no muy lejana, en que, por escasea de producción, el pan estuvo sometido a un racionamiento

riguroso. Sí a la vez que consideramos esto tenemos presentes las dificultades que en determinadas

circunstancias se presentan para importar trigo, ya sean aquellas de carácter económico o político,

llegaremos a la conclusión de que, producir trigo en España en cantidad suficiente para atender con

holgura a nuestras propias necesidades, es asunto de importancia vital.

Un estudio de las características de las explotaciones trigueras en nuestro país nos conduce a resultados

sorprendentes. Según datos estadísticos divulgados por el Servicio Nacional del Trigo en su publicación

especifica número 1, "Estructura de las explotaciones trigueras", la inmensa mayoría de aquella, en 1957,

tenían muy poca importancia, pues el 84,24 por 100 de la superficie corresponde a labradores

modestísimos, con la siguiente clasificación:

Solamente el 15,76 por 100 restante de la superficie sembrada de trigo corresponde a explotaciones

importantes. Veámoslo:

Si estudiamos el número de agricultores a los que corresponden las explotaciones cuya clasificación por

superficie acabamos de indicar, los resultados son aún más concluyentes:

PROBLEMA SOCIAL FUNDAMENTAL

Por considerarlas de gran interés, tomamos de la misma publicación las conclusiones que. en relación con

este asunto, suscribía en julio de 1959 don Miguel Cavero Blecua, delegado nacional.

Primera. Las explotaciones de minifundios, con un total de 1.341.123 empresarios, incluyen el 91,23 por

100 de los agricultores trigueros españoles. La subsistencia de estas explotaciones, en condiciones de

rentabilidad económica, es muy difícil de mantener, ,por lo que resulta indispensables tomar las medidas

adecuadas para ir hallando otros empleos a muchos de estos agricultores en nuevas ocupaciones. En tanto

esto se vaya logrando, hay que procurar mantenerlos dignamente, en actividad, en sus explotaciones

actuales, hasta que pueda estar asegurada su vida en las nuevas condiciones de trabajo. Se oyen y leen con

frecuencia opiniones, más o menos razonadas, según las cuales deben desaparecer la mayoría de estas

explotaciones, Quienes así opinan se basan en un sentido estrictamente económico de rendimientos. No

obstante, el hallarse en esta situación cerca de siete millones de españoles, relega a segundo término, por

ahora, el problema económico, para pasar a formar el problema social fundamental de la Nación, en el

momento actual. En tanto no se halle mejor solución para cada uno de ellos, será obligación de todos

procurar que se mantengan con la mayor dignidad y seguridad posible de trabajo, continuando en sus

pequeñas explotaciones tradicionales, para lo cual ha de ser conveniente tratar de completarlas con toda

clase de recursos complementarlos: establecimiento de pequeños regadíos que permitan la creación de

huertos familiares, plantaciones frutales intensivas, donde sea posible; mejora, y ampliación de sus

pequeñas explotaciones avícolas, cunícolas y ganaderas en general; implantación de industrias en el

medio rural que permitan industrializar los productos o prepararlos para el consumo, y, a la vez, disponer

y utilizar para e1 cultivo de sus predios de los beneficios de la mecanización y de la tecnología moderna.

Es de prever que las futuras estadísticas seguirán marcando reducción progresiva del número de las

explotaciones de este grupo, lo que obligará al Gobierno a tomar las medidas adecuadas para el

asentamiento, en condiciones dignas de trabajo, de tantas familias como tendrán que abandonar en lo

porvenir estas sus pequeñas empresas tradicionales, base actual de su sustento.

A pesar de ser inexorable la evolución expuesta, es obligado sostener estas explotaciones dentro de un

mínimo de posibilidades, en tanto las familias que las abandonan no tengan ocupación en otras

actividades. Esto exigirá el mayor cuidado y preparación, va que incluso la magnifica obra de

Concentración Parcelaria tendrá en estos minifundios efectos mucho menos ostensibles que en los demás

grupos de explotaciones agrícolas más extensas.

Segunda. Otro 8,24 por 100 de los agricultores cerealistas, con 121.157 agricultores, comprenden las

explotaciones hasta hace poco nevadas con yuntas y en las que actualmente se advierte un fuerte deseo de

mecanización, fomentada, en muchos casos, por la oposición de les hijos de estos viejos agricultores a

seguir conduciendo las yuntas.

En general, estos empresarios están abiertos a todas las manifestaciones del progreso técnico, aunque es

indispensable llegar hasta ellos para conducirlos por este camino y evitarles errores de apreciación, así

como la ejecución de inversiones de capitales no debidamente rentables.

Tercera. El 0,48 por 100 de los agricultores trigueros, con 474.343 hectáreas, comprende las

explotaciones mecanizadas o que se están mecanizando en el periodo actual; y, finalmente, 757

explotaciones pueden considerarse llevadas por grandes empresas. En este último grupo se observa un

incremento notable de estas nuevas explotaciones en la región manchega, principalmente en Albacete.

Las restantes predominan en Andalucía y Extremadura.

Cuarta, Las autorizaciones concedidas recientemente por el Ministerio de Agricultura para dejar de

aplicar la condición de laboreo forzoso a las siembras de trigo en algunos terrenos, que por sus

características agrológicas y de fertilidad no sean aptos, en la coyuntura actual, para obtener rendimientos

económicos, se traducirá seguramente en la disminución de superficies de siembra de trigo,

principalmente en los casos de fincas en zonas tradicionalmente ganaderas, que por las condiciones del

clima permitan establecer explotaciones intensivas aplicando los progresos de la tecnología actual. Esta

transformación deberá tutelarse debidamente para lograr la mejora debida del rendimiento de las nuevas

empresas, predominantemente ganaderas; sin que pueda tolerarse que se abandonen tierras hoy cultivadas

para que vuelvan, simplemente, a convertirse en pastizales naturales o en latifundios de escaso

rendimiento.

 

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