Autor: Molinas Bellido, Alfredo. 
   Los empresarios ante los programas de izquierda     
 
 El País.    07/10/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

TRIBUNA LIBRE

Los empresarios ante los programas de izquierda

ALFREDO MOLINAS BELLIDO

El presidente de la patronal catalana reivindica el derecho a la presencia de los empresarios en la política,

analizando, entre otros aspectos, los programas económicos de los diferentes partidos para elegir a quien

votar. En una primera lectura, la mayoría de esos programas adolecen de oscuridad y vaguedad en los

objetivos a cubrir, relatividad en los métodos para alcanzarlos y despreocupación acerca del gasto

público. Según el autor, cualquier salida a la crisis económica pasa por una cura de caballo para recuperar

el terreno perdido y lograr el ajuste necesario.

Una vez más, los empresarios españoles nos enfrentamos con el ineludible deber de acudir a las urnas, en

nuestra calidad de ciudadanos, a depositar nuestro voto y con él la esperanza de un buen Gobierno de las

cosas públicas. Hemos de admitir que durante los últimos años no siempre nos ha correspondido un papel

lúcido en la escena nacional.

La crisis golpea nuestra capacidad de resistencia desde 1973-1974, desafiando con especial crudeza

nuestro natural deseo de seguir ofreciendo a los españoles empleo, seguridad y bienestar. Si nos hallamos

en la política, entendida ésta al modo griego como la administración de la ciudad, es decir, de la

comunidad, es porque a nadie debiera serle permitido abstraerse de las preocupaciones que son de todos

para ocuparse sólo de las propias; la política es un terreno de juego en el que no sólo están los partidos.

Por el contrario, las fuerzas sociales, organizaciones cívicas, asociaciones de intereses comunes deben y

pueden emitir opiniones, informar a sus asociados y, a la postre, participar en el análisis del presente y

aportar el valor de sus convicciones para construir un mejor futuro.

Reclamar los programas

La política, en su acepción más noble, es eso mismo y no otra cosa. Los empresarios organizados en

nuestras respectivas asociaciones, federaciones y confederaciones no integramos partido político alguno.

Nuestras ideas e intereses trascienden de una mera contienda electoral, y nuestros afiliados pueden y

deben participar en la vida política a través de los cauces constituidos por los partidos políticos, sin que

ello suponga compromiso específico alguno de las asociaciones empresariales a las que pertenezcan con

tales organizaciones.

De los partidos nos han interesado siempre las ideologías, sus hombres y sus programas. La opinión

pública es testigo de que, con reiteración, hemos reclamado durante los últimos meses conocer el

programa económico socialista, a fin de, serenamente, estudiarlo y emitir un juicio crítico.

Hemos alcanzado la línea de salida de una confrontación electoral y, a decir verdad, la mayoría de los

programas económicos que conocemos adolecen de los defectos que temíamos: oscuridad y vaguedad en

los objetivos a cubrir, relatividad en los métodos para alcanzarlos, despreocupación acerca del gasto

público y ausencia de cuadro económico alguno que justifique y retribuya tan loables intenciones.

Un país que vive por encima de sus posibilidades acaba necesitando una cura de caballo para recuperar el

terreno perdido. Es ilusorio engañarse acerca de la gravedad de la situación. Los datos son escalofriantes:

15% de paro aparente, 16% de inflación, aumento del endeudamiento exterior hasta 30.000 millones de

dólares, déficit público que gasta una cifra equivalente al 35% del producto de la nación, tres años de

crecimiento cero, etcétera. Para qué seguir.

"Somos insustituibles"

Frente a un horizonte tan claramente comprometido hacia el futuro, los partidos políticos han optado, los

más, por agudizar la intervención del Estado ampliando los servicios que el mismo ha de prestar,

incrementando los subsidios sociales y negando incluso virtualidad al principio de la libertad informativa,

al defender la exclusividad televisiva del Gobierno; otros, sin renunciar a cubrir desde el Estado

necesidades sociales indudables, han otorgado, sin embargo, la correspondiente primacía a la libre

iniciativa, acompañando la intervención pública sub-sidiariamente a las tareas e inversiones privadas, y

todo ello dentro de un marco económico en el que es preciso acotar: el excesivo gasto público hoy

existente, burocratismos innecesarios, dominar el déficit y, fundamentalmente, inspirar confianza al

ahorro e inversión privados.

Es obvio que el empresariado español no ve solución alguna en las fórmulas estatificadoras que desde la

izquierda se nos recomiendan como panacea de todos los males.

Nos tememos que, en todo caso, y tras una experiencia dolorosísima, se incremente la inflación superando

el promedio de los dos últimos años y arruinando los sacrificios efectuados hasta ahora. Una inflación

galopante, atizada por el gasto público y desbordado y el grave déficit consiguiente, financiado

artificialmente por la máquina de hacer billetes del Banco de España, nos distanciará, una vez más, de los

mercados exteriores, obligándonos a cerrar sobre nosotros mismos la angustia de una enfermedad que no

hemos sabido curar a tiempo.

La democracia exige la libertad. Es misión de los partidos políticos interpretar, desde la óptica de sus

propias ideologías, los programas de Gobierno capaces de resolver la grave crisis existente. Constituye,

por nuestra parte, un ineludible deber no permanecer ajenos a la trascendente ocasión electoral que se

avecina.

Analizar programas, informar y ser informados, durante los próximos días, constituirá una tarea

apasionante que llevaremos a cabo a sabiendas de que la consolidación de la democracia exige nuestro

pleno compromiso con los programas, insuficiencias y ambiciones de nuestro pueblo. En nuestro papel de

empresarios somos insustituibles.

De antemano nos sometemos como ciudadanos al veredicto de las urnas. Tras el 28 de octubre sólo cabrá

desear a quienes los españoles otorguen su confianza suerte, valor y eficacia en el empeño de llenar de

contenido la esperanza de un pueblo.

Los empresarios, el 29 de octubre, aspirarán a realizar su difícil tarea en el marco de libertad que es

propio del sistema democrático. Si alguien desea otra cosa, nos tendrá enfrente. Si otros pretenden

sustituir la libre iniciativa, la energía y capacidad de promoción que es propia de la función empresarial,

por la acción absorbente de los poderes públicos y, en definitiva, del Estado, cometerán un gravísimo

error del que, en todo caso, hemos de esperar salir no abdicando de nuestro papel en la sociedad española.

Alfredo Molinas Bellido es vicepresidente de la CEOE y presidente de Fomento del Trabajo Nacional.

 

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