Autor: Márquez, Fabián. 
   Crecer hacia adentro     
 
 El País.    18/03/1980.  Página: 57. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

EL PAIS, martes 18 de marzo de 1980

ECONOMÍA/57

TRIBUNA LIBRE

Crecer hacia adentro

FABIÁN MÁRQUEZ

La suerte del acuerdo-marco interconfederal (AMI) suscrito por la Unión General de Trabajadores y la

CEOE en las postrimerías del pasado año parece decidida a favor de su generalizada aceptación. No

obstante, en el nuevo modelo laboral que resulte del diálogo inaugurado entre los interlocutores sociales

habrá de reflejarse la carencia de una importante fuerza social, Comisiones Obreras, ausente del AMI y,

en consecuencia, al margen de los convenios negociados dentro de su ámbito.

Sin embargo, las organizaciones federadas en CEOE, UGT y, en alguna ocasión, en USO aceptan la

negociación y asumen compromisos que se traducen en la suscripción de innumerables convenios

colectivos.

Mientras tanto. Comisiones convoca huelgas y se repliega al ámbito de la empresa. No obstante, las

acciones promovidas por el sindicato comunista chocan con la dificultad de movilizar a los trabajadores

contra convenios colectivos que contienen aumentos salariales que oscilan entre el 13% y el 16%.

De otra parte, presionar para conseguir trabajar doce horas menos al año, o por la no asunción de

cláusulas reductoras del absentismo —cuando éste ha visto doblada su importancia en los últimos cinco

años— carece de la suficiente fuerza para justificar una huelga. Como telón de fondo a este decorado, los

datos de desempleo existente golpean con contundencia extraordinaria las esperanzas de la opinión

pública de superar la grave crisis económica que padecemos.

Paradójicamente, Comisiones y el PCE reconocen que el grave momento nacional e internacional exige la

colaboración de todos. Pero, resulta evidente, no están dispuestos a aportar la suya si no se mantiene la

filosofía del consenso como instrumento básico de ejercicio del poder político.

Y es aquí donde se centra la política del PCE y Comisiones Obreras, desvirtuando la democracia en base

al consenso.

En efecto, la responsabilidad de gobernar se desnaturaliza en beneficio de la participación de todos los

grupos políticos y fuerzas sociales en la elaboración de programas y decisiones. En tal supuesto, los que

menos votos tienen reciben proporcionalmente mayor cuota de poder.

El PCE, a corto plazo, espera pocos éxitos de las urnas: la única salida del ostracismo en el que hoy se

encuentra se halla en el consenso. La credibilidad del eurocomunismo entre las bases del PCE peligraría

si el electorado no incrementara sus votos, con el consiguiente aumento del número de diputados en las

próximas elecciones. Ello, sin embargo, no es probable que ocurra.

Esta situación justifica el afán del PCE por apurar la rentabilidad que puede obtener de la real fuerza de

CCOO.

De esta manera, la central comunista antepuso a la negociación del AMI su empeño en mantener las

movilizaciones, en una perfecta simbiosis entre los planteamientos políticos del PCE y su instrumen-

talización con el apoyo social de Comisiones Obreras.

La estrategia de CCOO

Pero quien no pacta, no existe. Visto que los convenios colectivos firmados sin Comisiones Obreras

resisten todas las adversidades, es natural que surja el interrogante acerca de la real estrategia que esta

central sigue en los momentos actuales. No es lógico que un aparato sólido, eficaz y que ha demostrado

capacidad de decisión permanezca quieto.

Sería erróneo, sin embargo, esperar algo nuevo de CCOO. Casi nada ocurre en el universo comunista sin

que obedezca a un previo programa.

Comisiones Obreras está «creciendo hacia adentro». Durante los próximos dos años, previsiblemente

padecerá crisis internas, desafiliaciones, algunos abandonos ostensibles e incluso la incorporación de

algún grupo con identidad propia, como es el caso de la corriente escindida de USO, que estos días

negocia su integración en la central comunista. Mientras tanto, la dirección del sindicato empleará su

tiempo en defender la fuerza y capacidad de asimilación e integración de su aparato entre sus propias

bases.

Durante este período. Comisiones Obreras aguardará la oportunidad de reaparecer con las tesis

consensúales sostenidas en diciembre de 1978 en Castellana, 3, cuando no fue posible el pacto social

buscado por el Gobierno, por la insistencia comunista en lograr un nuevo consenso con las restantes

fuerzas políticas. Si durante este tiempo todo fuera de mal en peor, no aumentase la inversión, creciera el

paro, el desorden público, la inestabilidad en la calle, el terrorismo, etcétera, CCOO y el PCE harían valer

su teoría reiterada en las negociaciones del acuerdo-marco para convencernos de que los graves

problemas existentes exigen un inmediato acuerdo político y, por ende, el consenso.

La realidad, diferente

Pero la realidad aparece muy diferente de tan negras previsiones. UGT está adquiriendo presencia en un

amplio espectro sociológico de la clase trabajadora, cansada de tensiones, huelgas, piquetes y con-

frontaciones.

De otra parte, la bondad del AMI parece evidente: la media de incremento salarial obtenido durante la

negociación colectiva de este año se sitúa en un 15,7%, mientras que en 1979, y tras 190 millones de

horas perdidas por huelgas que costaron al país muchos miles de millones de pesetas, los trabajadores no

pudieron superar la cota de incremento salarial del 14%. También en este año, y durante el mismo período

de negociación colectiva, las huelgas disminuyeron un 96,4%.

El patronato aceptó un acuerdo-marco con banda salarial muy alta, reducción de jornada e importantes

concesiones en materia de derechos sindicales, en su intento por construir unas nuevas relaciones

industriales basadas en la negociación, y no en la tensión permanente, de lograr un clima de mayor

concordia en el que afrontar los problemas dimanantes de la crisis económica en la que nuestro país, y el

mundo libre en general, se hallan inmersos.

El gran reto es consolidar el sistema democrático en España, sin arrojar al país a niveles de decadencia ya

felizmente superados.

La consigna debe ser: con la democracia también se puede mantener y crear empresas y puestos de

trabajo, ganar dinero, generar bienestar y, en definitiva, subsistir en un proceso que, desde la libertad,

puede conducir el electorado a la justicia sin modificar el sistema.

El empresariado español trata de defender el modelo de sociedad en el que cree, de la única manera

posible: entregando a los sindicatos el protagonismo y la cuota de poder que en una sociedad pluralista y

democrática les corresponde. La CEOE huye hacia delante en una larga marcha, en la que sin duda

quedará consolidado un patronato en condiciones de servir los intereses empresariales con eficacia y

responsabilidad.

Para que nuestro sistema político guarde un adecuado equilibrio entre instituciones y poderes fácticos es

esencial conferir a CCOO y al PCE la importancia que realmente tienen, sin olvidar el papel que han

desempeñado en el proceso de consolidación de la democracia. Pero simplemente la importancia real que

ambas organizaciones tienen. Una democracia, igual que una empresa, no puede ser gobernada más que

por aquellos que, de acuerdo con los procedimientos legítimos, poseen la mayoría de las acciones.

Respetando las minorías, por supuesto, pero situándolas en el lugar que en justicia les corresponde. Tan

peligroso sería supervalorar determinadas fuerzas como pretender ignorarlas.

Fabián Márquez es abogado y asesor laboral de la CEOE.

 

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