Pequeñas y medianas empresas     
 
 ABC.    11/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Pequeñas y medianas empresas

La permanente actwairaad de las PYME —pequeñas y medianas empresas— lo ha sido más, si cabe, en

estos últimos días, aunque por razones diferentes. Está de un lado la vertiente negativa que supone la

escisión producida en la Confederación que las agrupaba a nivel nacional y cuyas causas no están todavía

suficientemente claras. En principio, el hecho de esta ruptura, al margen de su cuantificación efectiva,

supone una diferencia de criterios que, pensamos, ni puede beneficiar a las empresas ni, desde luego,

beneficiará a la economía nacional. Porque no debe olvidarse que estas industrias representan cerca del 95

por 100 del censo global ni tampoco que su nómina emplea al 75 por 100 de la población laboral

española. Es admitida su capacidad de los mercados extranjeros y temida competencia en determinadas

áreas por productores de otros países. Cabría añadir que por su especial estructura y por su nivel de

empleo representan un importante factor de estabilidad socioeconómica.

En estas circunstancias parece acertada la presencia del presidente del Gobierno en la presentación de la

memoria anual del IMPI, Instituto de la Mediana y Pequeña Industria, nacido hace cinco años como

organismo de la Administración encaminado a prestar apoyo no sólo en el orden organizativo, sino

también en el financiero, a las PYME. El aval a las sociedades de garantías recíprocas constituye, quizá,

una muestra significativa de esta labor de fomento y estímulo.

Es importante que hasta ahora sean las pequeñas y medianas empresas la punta de lanza más aguzada con

asiento en el área geográfica del Mercado Común. O que ciertos problemas de concurrencia en los

Estados Unidos, por ejemplo, procedan de industrias que se incluyen en esta clasificación. Leopoldo

Calvo-Sotelo ha destacado, precisamente, esta vocación exportadora, subrayando que es un rasgo que las

caracteriza y «que facilitará nuestro ingreso en la Comunidad Económica Europea».

Ahora bien: por su peculiar estructura laboral y financiera, las PYME son más sensibles a los efectos de

una coyuntura adversa. Ello significa que preocupación prioritaria del Gobierno ha de ser la creación de

unas condiciones que faciliten su tarea. Condiciones que no pueden limitarse a la mejora de la situación

económica general, sino a la especial atención a sus características singulares. Sobre todo, a las fórmulas

de financiación que el sistema pueda ofrecerles para garantizar su necesaria supervivencia.

 

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