Autor: Serrano, Rodolfo. 
 Gastamos en investigación un tercio de lo que gasta la CEE. 
 La empresa española no produce ni consume tecnología     
 
 Diario 16.    21/09/1979.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

14/ economía

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Gastamos en investigación un tercio de lo que gasta la CEE

La empresa española no produce ni consume tecnología

Una planificación adecuada a tres o cuatro años de las compras del Estado lograría´ un desarrollo

tecnológico importante La mitad de la tecnología que se consume en España es importada

Rodolfo Serrano

A más de 30.000 millones de pesetas asciende lo que España tuvo que pagar en 1978 por tecnología de

otros paíese. Cifra que parece demostrar que el «que inventen ellos» es todavía una dura realidad. La

industria española tiene una fuerte dependencia exterior. No producimos apenas y nos vemos obligados a

importar tecnología sí queremos que nuestras industrias funcionen.

Y se produce poco porque se investiga poco y, según dicen, mal. Afirmación con la que no se muestra

conforme José Vicente Cebrián, director general de Desarrollo Industrial y Tecnología, del Ministerio de

Industria, «porque lo de mal supone un juicio de valor que no me atrevo a compartir», aunque reconoce

que «la estructura de apoyo a la investigación es la que puede ser mala. Pero eso no significa que el

investigador lo sea».

Está de acuerdo, sin embargo, en que se investiga poco y diferencia entre una tecnología básica que

corresponde a las Universidades y una tecnología aplicada que sitúa en las empresas. En este sentido sí

cree que las empresas no desarrollan labores de investigación y prefieren traer tecnología del extranjero.

Bajo mínimos

Pero el problema no está sólo y exclusivamente en la falta de investigación, sino, como señala José

Vicente Cebrián, en el consumo tecnológico de nuestro país. Mientras los países del área de la

Comunidad Económica Europea tienen un nivel de consumo del 1,5 por 100 sobre el producto industrial

bruto, España se sitúa en un 0,66 por 100 del PIB. «La Comunidad —dice el director general de

Desarrollo Industrial y Tecnología— nos pide que nos situemos en un plazo de cuatro o cinco años en 1

por 100. Yo creo que eso no es importante, porque puede ocurrir que lleguemos a ese porcentaje sin que

hayamos aumentado el nivel de producción. Actualmente, el cincuenta por ciento de la tecnología que

consumimos es importada y el otro cincuenta por ciento es tecnología propia. En el caso de los países de

la Comunidad se da la circunstancia de que producen veinte e importan uno.» España importa a unos

niveles muy semejantes a los de Francia e Italia, pero mientras estos países producen y consumen

tecnología, España no lo hace.

El hecho de que en nuestro país se investigue poco y por consiguiente se produzca poco se debe a varias

causas. En primer lugar, como señala José Vicente Cebrián, las estructuras de apoyo a la investigación

«parten de una situación heredada, de una situación de difícil cambio, que afecta a muchas personas y que

exige un tratamiento adecuado». Gran parte de la investigación, tanto púbfica como privada, depende del

Consejo Superior de Investigaciones Científicas. «Habría que replantearse muy seriamente —dice el

director general de Desarrollo Industrial y Tecnología— una reestructuración del Consejo. De hecho está

en marcha una reorganización de la Comisión Asesora, que es la que distribuye los fondos para

investigación.»

Pero, al margen de reestructuraciones, hay un factor que puede ser decisivo para el desarrollo tecnológico

de nuestro país. Para José Vicente Cebrián, «el Estado, sus organismos autónomos y las empresas

públicas, deben concienciarse de que son precisamente ellos quienes más pueden influir en este campo».

«En todos los países —señala— es el Estado el primer cliente. Una planificación adecuada a tres o cuatro

años de sus compras es la vía más idónea para lograr un desarrollo de la tecnología.» Y asegura que

«desde aquí es una labor que estamos intentando desarrollar, aunque no somos nosotros quienes debemos

planificar las compras que hacen organismos como la SS o el INP. Lo único que podemos hacer es

intentar colaborar». En este sentido, destaca que «hemos iniciado una colaboración muy estrecha con el

Ministerio de Defensa, y esperamos poder desarrollar una industria paralela a las de Defensa que soporte

sus compras». En esta misma línea sitúa la planificación de compras que, a tres años vista, «acabamos de

terminar con TVE, de cara a los próximos mundiales» y «que es un ejemplo de lo que se puede hacer por

esta vía».

Préstamos para el desarrollo

Además de esta planificación, José Vicente Cebrián entiende que la Administración está obligada, cara a

las empresas privada, a colaborar para que se produzca ese necesario desarrollo de tecnología propia.

Colaboración que se viene llevando a cabo a través del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial

(CDTI).

El Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial fue creado por real decreto ley 2341/1977 de 5 de

agosto. Anteriormente, con fecha U de junio del mismo año, y mediante otro reat decreto Ley se

autorizaba al Ministerio de Hacienda para firmar con el Banco Mundial un contrato de crédito con destino

al Desarrollo Tecnológico Español. En su preámbulo, tras exponer que la experiencia industrial de los

últimos años había demostrado la insuficiencia de base tecnológica propia que se compensaba por el

recurso a la tecnología extranjera, se decía que «el programa de actuación aprobado por el Gobierno

determina como una de las políticas específicas para el sector industrial la elevación de su nivel

tecnológico, y entre las acciones inmediatas del Gobierno figura la de establecer un nueve régimen para la

creación de tecnología de productos y procesos industriales utilizando el préstamo negociado con el

Banco Mundial».

Con fecha 8 de julio de 1977 se firma el contrato entre España y el Banco Mundial. El préstamo era de

dieciocho mil millones de dólares. El CDTI, entre otras cosas, «pretende compartir los riesgos y los

beneficios de las innovaciones con los inventores o las empresas, utilizando el fondo de maniobra con que

ha sido dotado para fomentar en la industria española el hábito efe la innovación y conseguir un efecto

multiplicador».

Actualmente el CDTI lleva «invertidos» —riesgos y beneficios— unos setecientos millones de pesetas en

diversos proyectos. Aportación que equivale, como término medio, al cincuenta por ciento de los costes

de investigación, corriendo el otro cincuenta por ciento por cuenta de las empresas.

«Se dice —afirma José Vicente Cebrián— que no hay dinero para investigación, pero hasta ahora esta-

mos acudiendo a cuantos proyectos de interés se nos presentan. Y el presupuesto aún no ha quedado

agotado.»

Este interés en comprometer a las propias empresas en la investigación y desarrollo de ia tecnología le

parece fundamental al director general, «porque el Estado debe fomentar tecnologías nuevas, acudir a

aquellos sectores en los cuales la inversión de capitales sea muy elevada, la electrónica, la informática...,

pero las empresas que quieren estar en el mercado deben convencerse de la necesidad de ser ellas mismas

quienes desarrollen esa tecnología».

En esta situación, no es extraño que nuestras exportaciones en este campo sean mínimas, y que «estemos

exportando básicamente ingeniería de detalle, cuando deberíamos ir hacia una ingeniería de más calidad y

menos sujeta a la demanda puntual del mercado».

Es la calidad un aspecto que José Vicente Cebrián considera básico para aumentar la exportación. «No

hay que olvidar que en Latinoamérica estamos compitiendo con Estados Unidos y aunque tenemos una

serie de ventajas, como la cultura o el idioma, tenemos unos inconvenientes, la distancia y la calidad.»

 

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