Autor: Álvarez, César. 
   Protestas de empresarios     
 
 Pueblo.    07/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

César ALVAREZ

PROTESTAS DE EMPRESARIOS

EN un sagaz comentario publicado hace tiempo expresaba Pilar Narvión la indignación, que sintió al

asistir en París a ana reunión de altas finanzas, en la que argumentando que «en España los trabajadores

apenas si plantean problemas de huelga y que las empresas gozan además de una gran protección oficial»,

un grupo de ´industriales madrileños trataba de persuadir a un grupo de banqueros norteamericano para

que invirtiera en nuestro país.

Esta frase me viene martilleando la cabeza últimamente, debido- a que estoy escuchando- por doquier las

lamentaciones, los matos augurios, las protestas que expresan los dirigentes industriales, quienes culpan

al Gobierno de ser el causante de todas las desdichas que les afectan, al extremo de que han exteriorizado

su intención de cerrar fábricas, no abanar las cuotas de la Seguridad Social, etc.

Cuando oigo todo este rosario de oscuros presagios, no puedo por menos de mostrar mi escepticismo, ya

que si es perfectamente aceptable el que algunos empresarios se encuentren en situación .apurada, no

pareen tan convincente en cambio el que de pronto hayan caído las siete plagas de Egipto sobre la

totalidad del sector, según se viene propalando todos los días a través de los medios informativos.

Pero mi desconfianza se hace todavía más patente siempre que observo la adopción «a priori» de posturas

obstruccionistas, sin la aconsejable reflexión previa ni la ponderación objetiva de causas, que par.

ten de ciertos prohombres del mundo industria!, a los que acaba de referirse muy acertadamente el

vicepresidente para Asuntos Económicos, en unas declaraciones en las que ha precisado:

«Nuestra industria precisa reestructurarse, puesto que muchos empresarios han vivido en el pasado en una

situación que se ha ido para siempre. Una situación caracterizada por la energía barata, por los circuitos

privilegiados de financiación, por impuestos reducidos y exenciones generosas, por un diálogo con los

trabajadores que carecía del vigor que tiene el actual. La mala conformación que se dio en loe alegres

años sesenta, no se adecúa a la dura crisis que estamos viviendo.»

Yo diría que el señor Fuentes Quintana ha venido a coincidir, en el postrer mes de 1977, con la opinión

fogatada por Pilar Narvión años atrás, cuando en la capital de Francia estuvo presente en una reunión de

negocios de alto bordo, sobre la que por añadidura no pudo escribir entonces ni una sola línea, ya que la

censura no permitió el que se fustigara la argumentación de los empresarios españoles, ciertamente

vejatoria para la clase trabajadora.

A la vista de todo esto, creo que lo que ocurre en nuestro país es sencillamente que se ha acabado la época

de las vacas gordas, en la que todo el monte era orégano y estaba a merced de los listos de turno, que

hacían sus conquistas a golpe de audacia, yendo directamente a la ganancia cómoda y abultada, sin querer

arrostrar como lógica contrapartida ningún tipo de compromiso ni la más leve responsabilidad.

Es evidente que no todos los promotores de industrias han obrado de igual forma, por lo que sería injusto

afirmar que las circunstancias imperantes a la sazón resultaron idénticas .para unos y otros; pero entiendo

que sí ha habido una gran mayoría acostumbrada a levantarse con el santo y la limosna que no se resigna

ahora a dejar al santo que descanse en la peana y a repartir las ganancias como Dios manda.

Por residir en una provincia muy industrializada, yo mismo he sido testigo de cómo durante las últimas

décadas se han montado de la noche a la mañana, por gentes con escasa preparación, negocios de venta de

electrodomésticos, de reparación de coches o de construcción de viviendas que prosperaron de forma in-

creíble gracias al uso diario de argucias de todo tipo, catalogadas en el Código Penal.

Tal era la situación reinante y esta es la sinecura que los empresarios se resisten a perder, sin darse cuenta

de que a partir de ahora van a ser otros los vientos que soplen en España, vientos que templarán

auténticos jefes de industria, capaces de afrontar con realismo, inteligencia y coraje un nuevo tiempo, en

el que ya no será un delito la huelga, ni el Gobierno amparará las fábricas, ni será posible llevar una doble

contabilidad, ni se escamoteará la calidad del producto, ni...

 

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