Condiciones adecuadas para los empresarios     
 
 ABC.    01/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CONDICIONES ADECUADAS PARA LOS EMPRESARIOS

Pese a todas las estimaciones favorables que puedan hacerse de la situación económica,

basadas en síntomas todavía nada claros de recuperación, persisten, acentuados, dos hechos

absolutamente negativos: inquietud de los empresarios e indisciplina laboral.

Son, sin duda, dos datos gravísimos. Si el motor empresarial no funciona a fondo, la

reactivación económica será muy difícil y- tardará mucho en producirse, para no decir que

resultará imposible. Y si continúa, por otro lado, la indisciplina laboral se acrecentará el

desaliento de los empresarios.

De hecho, aunque no alcance todavía sus cotas más altas de gravedad, este problema está ya

planteado. Y de nada vale tratar de desfigurarlo con acusaciones demagógicas a los

empresarios y a los Inversores, en esa falaz línea de críticas a su falta de confianza, a su

incapacidad o a su actitud da resistencia ante los cambios. Si a empresarios e Inversores se les

ofrecen —y es tarea principal de Gobierno ofrecerlas— las condiciones adecuadas para su

normal actuación económica, ni unos ni otros dolarán de cumplir su papel. Pero sin seguridad

en las inversiones, sin autoridad en ¡as empresas y sin posibilidades de legítimo beneficio, no

se les puede pedir que asuman su función en el proceso económico.

Sería muy discutible optimismo afirmar que ahora se cumplan, para «líos, estas normales o

adecuadas condiciones. De ía seguridad de las inversiones, no es alentador lo que se deduce

en las cotizaciones bursátiles, nada favorable se desprende de las tensiones sociales reinantes

en ajgunas regiones, y poco estímulo suscitan ciertas modificaciones que se anuncian en el

régimen jurídico regulador de las empresas y del sistema económico. De la autoridad necesaria

en las empresas, autoridad legítima del empresario, sólo se puede decir, si se respeta la

verdad de los hechos, que está reducida a mínimos. No son, desde hace algún tiempo, las

decisiones empresariales las que ordenan el proceso productivo; las decisiones principales, en

este aspecto, se producen a voluntad sindicalista. Es, esta voluntad, la que decide ios ritmos de

trabajo y sus Interrupciones. Y así han descendido nuestros índices de productividad, y de pura

y simple producción, a niveles bajísimos. De los beneficios, en fin, conocida es su inclinación

descendente, en muchas, muchísimas empresas.

La política económica, con imperativo de urgencia, debe descender de las formulaciones

genéricas, de las grandes cifras y estadísticas, de los indicadores teóricos, ai examen concreto

y directo de la situación real en la que se encuentran las empresas. Y tiene que afrontar pese a

la carga de Impopularidad política que suponga, el decisivo asunto de la disciplina laboral.

Corremos el riesgo, si no se resuelven estos problemas, de Irnos quedando sin empresarios y,

por consiguiente, sin empresas. Lo que no contribuirá, aunque se arbitren cuantos fondos

públicos se quiera, ni a solucionar el paro, ni a colocar en el mercado los bienes y servicios

precisos para no retroceder en el nivel de vida que habíamos conseguido.

 

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