Autor: J. L. E. . 
   Hay divorcio  :   
 (Entre la política oficial y la realidad del país). 
 El Imparcial.    31/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

«La COPYME está alarmada por el acelerado aumen- un buen desarrollo social y político. Sin aquél,

éstos no son lo que experiementa la crisis económica del país. Nos esta- viables. La crisis económica

hace cada vez más grave la crimos embarcando en un callejón sin salida, sin fomentar un sis política y

social del país», afirmó Miret Magdalena, en racional desarrollo económico, que es la base material para

declaraciones exclusivas a EL IMPARCIAL.

HAY DIVORCIO

(entre la política oficial y la realidad del país)

Enrique Miret Magdalena, vicepresidente de la COPYME

• B proyecto de Ley de Acción Sindical en la Empresa ha querido contentar a todos y no contenta a nadie

En nuestras pequeñas y medianas empresas —agregó- descienden las ventas, disminuye la rentabilidad

(que en muchos casos se hace negativa), y las perspectivas futuras son sin horizonte. «Estamos abocados

a corto y medio plazo, si no reacciona el Gobierno, a un desastre económico casi irreparable.» Ya hay

síntomas claros en el sur, y en el propio centro y norte comienzan, de que la crisis económica es

galopante.

EL PROYECTO

«Y ahora ha salido a la palestra el problema de la acción sindical en la empresa. El proyecto de ley

presentado a las Cortes por el Gobierno el dieciséis de enero, incomprensiblemente no había hecho

reaccionar a nadie hasta ahora; pero en este momento todos se están percatando de sus posibles

consecuencias», dijo a EL IMPARCIAL el vicepresidente de la COPYME.

El mal de estos proyectos de ley —grave mal, por supuesto— está en que ni el Gobierno ni el Parlamento

cuentan para nada con las asociaciones empresariales, ni con las centrales sindicales —afirma Miret

Magdalena—, cuando ellas serían !as más llamadas a ser tenidas en cuenta en algo que les afecta

directamente. El divorcio entre la política oficial y la realidad del país es preocupante, porque cada vez se

acentúa más, «siguiendo el desacertado camino que llevamos haciéndolo todo desde arriba, y no

empezando por hacer participar en ello a los más interesados, como son los empresarios y los

trabajadores». Los políticos deben referirse a ellos, y no ser nosotros los esclavos de la política que se nos

quiera hacer. «Parece que se pretende otra vez: todo para el pueblo, pero nada por el pueblo; cuando debía

enseñarse al pueblo a participar cada vez más», dijo más adelante.

Hemos de producir en el empresario una auténtica conciencia social, y en el trabajador —señaló— una

conciencia de la corresponsabilidad en la marcha de la empresa, la cual es ante todo un grupo humano. Y

como grupo humano han de considerarla patronos y trabajadores.

MODELO

«Por eso hay que llegar progresivamente, e inspirándose en las experiencias de otros países de la Europa

occidental, a crear estructuras dentro de la empresa que canalicen el diálogo entre capital, empresario y

trabajdor, se fomente razonablemente el sentido de responsabilidad de todos en la marcha del conjunto,

sin demérito del orden que debe reinar en todo grupo humano», expresó también a EL IMPARCIAL el

empresario. Es un mal ejemplo lo que está pasando en el país, donde crece el desorden y la falta de

convivencia ante la mirada pasiva muchas veces de autoridades y ciudadanos, subrayó.

«Yo creo que el proyecto de ley adolece de falta de colaboración: se a ha querido contentar a todos, y no

se contenta así a nadie.» No se trata de seguir la demagógica política que hace el Gobierno de dar

palmaditas en los hombros a los que son poderosos, grupos de intereses o grupos sociales, sino buscar

entre todos una solución razonable. No la solución más brillante, o la más aceptada por grupos radicales o

por grupos de intereses, sino lo que convenga más al país para fomentar una convivencia cada vez más

razonablemente democrática, sin caer en demagogia social por un lado ni en escondidas dictaduras

políticas o empresariales por otro, expresó más adelante Miret Magdalena. La solución estaría en que el

Gobierno y el Parlamento aceptaran la intervención clara y decidida de asociaciones empresariales

y centrales sindicales dando su opinión; y que no tengamos, una vez más, una ley que no tome suficiente

contacto con la realidad. «Así no haremos futuro y cada vez iremos a peor. Todos debemos ceder para

convivir, pero nadie debía imponernos sus concesiones o intereses políticos como norma de actuación

económico-social», dijo también el empresario.

Por último, Enrique Miret Magdalena, vicepresidente de la COPYME, nos dijo: «O el Gobierno tiene más

en cuenta de verdad a la empresa por un lado y al trabajador por otro, buscando soluciones concertadas

entre unos y otros, o vamos a la disgregación social y a la ino-perancia económica.»

J. L. E.

 

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