Lo que piden los empresarios     
 
 ABC.    07/02/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LO QUE PEDEN LOS EMPRESARIOS

Consideración previa a cualesquiera que puedan hacerse en el comentarlo 6\ acto de

afirmación empresarial en ei Palacio de Deportes madrileño, debe ser el reconocimiento de su

derecho a reunirse y a manifestar públicamente sus opiniones en un sistema democrático. SI

en la democracia tienen audiencia todas las voces —señalábamos en la ocasión precedente de

la reunión empresarial en Barcelona—, la voz de los empresarios representa, además,

impulsos y esfuerzos que no deben ser desoídos. No sólo porque los empresarios representen,

como estamento, un eficacísimo motor de la actividad económica —motor insustituible para

nada despreciables sistemas políticos—, sino también porque mantienen los puestos de

trabajo, y aun los aumentan si se sienten suficientemente estimulados, y porque, en definitiva,

crean riqueza.

Contemplados los empresarios con este enfoque, sin demagogias injustas contra su figura y

con la plenitud de responsabilidades que les corresponde, lo de menos es el cálculo

cuantitativo de su presencia en un acto y es lo principal la dimensión económica que, sin duda

alguna, representan. Es lo más, cuantas fá-oricas, cuantas Industrias y comercios, cuanta

agricultura, cuantas inversiones y expectativas de Inversión, hablan por su boca.

¿Ha sonado con exceso de acento critico, con demasiada dureza, en alguna de las

intervenciones, /a voz empresarial ante la política económica de! Gobierno y de cara af

proyecto constitucional? Quizá pueda pensarse que sí; aunque no hayan dicho nada más

incisivo ni más grave que sus colegas de otras democracias liberales, cuando critican a sus

Gobiernos respectivos. Nos falta seguramente, también, auténtica experiencia de democracia y

de libertad para juzgar fríamente estos normales combates dialécticos, estas tensiones entre

los poderes sociales y los públicos. Por otra parte, e.n e! gran coro dialéctico y reivindicativo

que resuena a diario en el país, no sería justo atribuir a los empresarios ni la dureza más

extremada, ni Ja oposición menos dialogante o menos dispuesta a la razonable negociación.

«Los empresarios —reiteramos pala^ bras dedicadas a su anterior acto masivo— no se han

apuntado al abandono o a ta ruina del país. Quieren volverlo a más altos, mejores y más

seguros niveles de prosperidad económica.» Y para ello, porque así ¡o entienden y sus

argumentos sólo deben combatirse con argumentos mejores, si alguien los tiene, para lograr

esa nueva prosperidad, decimos, piden, en esta ocasión como en la precedente, libertades

económicas análogas a las que reconocen, de hecho y de derecho, en los sistemas de

economía social de mercado. Y aunque pueda merecer censura su forma de pedir —por la falta

de costumbre a que aludimos antes— no es posible condenar sus demandas con la simple

sentencia de lo inadecuado, lo Improcedente, lo injusto o lo inadmisible.

Las conclusiones de la reunión empresarial son, al contrario, razonables y, sobre todo,

adecuadas, plenamente adecuadas, como materia no sólo de un «pacto social» —que ojalá se

lograse—, sino de un fructífero diálogo con los poderes políticos.

A fin de cuentas, si a la autenticidad de la democracia política va a corresponder una auténtica

democracia económica —pues que no será posible una sin la otra—, el máximo impulso para la

recuperación económica y para el progreso y bienestar comunitarios, no vendrá tanto de las

inversiones públicas, corno de las inversiones privadas, que movilizan y colocan en superiores

condiciones de rentabilidad los empresarios.

Solamente si el estamento empresarial logra análogo reconocimiento, en sus derechos y

libertades, al reconocimiento que van a lograr las centrales sindicales ce los suyos, comenzará,

en España, una economía dinámica generadora de mayor riqueza y más justa distribución.

Pero si se prescinde de los empresarios, si se margina su papel v se desoye su voz, será

imposible ese creador juego cuyo arbitraje se reserva al Estado, para ejercerlo por medio del

Gobierno.

 

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