Autor: San Miguel, José de. 
   El Instituto para la Pequeña y Mediana Empresa Industrial     
 
 El País.    09/05/1978.  Página: 58. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

ECONOMÍA

EL PAIS, martes 9 de mayo de 1978

TRIBUNA LIBRE

El Instituto para la Pequeña y Mediana Empresa Industrial

JOSE DE SAN MIGUEL

Presidente del Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa Industrial

La pequeña y mediana empresa es objeto de atención especial en los medios de comunicación y su

problemática está siendo enunciada por agrupaciones de la más diversa naturaleza. Esta actitud ha creado

un estado de opinión que se proyecta en múltiples direcciones, pero que, en definitiva, propicia a que se

inicie un programa de actuaciones prácticas y concretas encaminadas a mejorar la eficacia de la pequeña y

mediana empresa y de todo su entorno social.

E\ nuevo marco democrático en que se está insertando nuestra sociedad ofrece la estructura sociológica

—organizaciones profesionales— indispensable para poder abordar la resolución de las limitaciones y

deficiencias de estas empresas, derivadas de su dimensión, como ya se ha realizado en los países del

Mercado Común y en economías con niveles de expansión notables corno las de Estados Unidos y Japón.

La problemática de la pequeña y mediana empresa se puede sintetizar, sin un afán exhaustivo ni general,

asi: deficiencia e inadecuación de los recursos financieros de que dispone y, especialmente, en el medio y

largo plazo; carencia de los sistemas adecuarlos de formación e información empresarial; retraso en la

innovación de procesos y productos, por un limitado desarrollo de la tecnología intermedia; por último,

un insuficiente desarrollo del marco legal, que impide dar cabida a un conjunto de instituciones, como por

ejemplo las sociedades de garantía recíproca, concertadas, etcétera..., que atiendan y recojan en su

normativa las circunstancias particulares de estas empresas, respondiendo así a sus exigencias en el marco

mercantil, fiscal y laboral.

La PYME, en otros países

Los problemas de nuestra pequeña y mediana empresa son los mismos que desde hace más de treinta años

vienen manifestándose y resolviéndose en otros países y, concretamente, en aquellos europeos a los que

nuestro país está necesariamente abocado a homologarse e integrarse.

Contemplar las experiencias extranjeras, para consolidar y potenciar la pequeña y mediana empresa, no

supone el traducirlas literalmente, pero sí pueden enriquecernos a todos los que estamos obligados a

mejorar la condición y calidad de estas empresas y servirnos de base de partida adelantada, para iniciar el

camino de las realizaciones concretas que demanda su situación.

Recorriendo, rápidamente, la legislación de aquellos países cuya estructura económica por razón de su

dimensión es similar a la española -95 %/98 % del censo de empresas y 65 %/ 85 % del total de empleo—

, observamos que en Bélgica, el Ministerio de las Clases Medias se ocupa del apoyo a estas empresas, a

través de una Dirección General y de un Instituto dependiente del mismo; en Holanda existe una

estructura similar; en Francia, una Secretaría de Estado; en Inglaterra, una subsecretaría creada a raíz del

informe del Comité Bolton, etcétera...

También existen institutos de naturaleza pública, cuya actividad está orientada a resolver la problemática

de la pequeña y mediana empresa, abarcando algunos, incluso, la empresa artesanal. Italia (Cofindustria),

Estados Unidos (SBA), Irlanda (ADI), Japón (SMEA); Suecia y Portugal, entre otras muchas partes,

disponen de organismos especializados en este sentido.

Paralelamente se han desarrollado, en el extranjero, iniciativas de naturaleza pública o semipú-blica, que

atienden aspectos concretos de la temática de estas empresas. Su enumeración, por competencias y países,

será muy extensa y no adecuada al objeto de estas líneas.

Sólo a título indicativo citaremos, en materia de financiación y afianzamiento, a la CNME y CCHCI, en

Francia; la Caja Nacional de Crédito Profesional, en Bélgica; la NMB, en Holanda... En asistencia;y

formación empresarial, el Centro Francés de Asistencia en Gestión Industrial (CEFAGI). En materia de

tecnología, el Instituto Tecnológico, en Dinamarca, y el ISI, en Francia.

Previa y simultáneamente al desarrollo de esías instituciones, se ha ido configurando un movimiento

asociativo privado vigoroso, que iniciado desde las bases, ha estimulado la actuación de los poderes

públicos respecto a la pequeña y mediana empresa y ha permitido por medio de una coordinación entre

ambas iniciativas, con su correspondiente efecto multiplicador, alcanzar logros importantes

materializados en cotas constantes y progresivas de bienestar social. En este campo destaca, entre otras de

varios países, la que existe en Francia: Confederación General de la Pe-queña y Mediana Empresa

(CGPME).

La Unión del Artesanado y de la Pequeña y Mediana Empresa (UIAPME) incorpora a la organización

privada más representativa de cada país siempre que esté especializada en este tipo de empresas. Así se

completa el cuadro institucional a nivel supranacio-nal de apoyo y asistencia a la pequeña y mediana

empresa.

Primera iniciativa eficaz en España: el IMPI

La pequeña y mediana empresa española se ve afectada sus-tancialmente por la falta de desarrollo de un

conjunto de medidas similares a las que se vienen aplicando en el extranjero, desde hace más de treinta

años.

La reciente puesta en marcha del Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa Industrial (IMPI), como

organismo autónomo del Estado, viene a llenar este vacío, al ser la más firme decisión que se ha tomado

en nuestro país para apoyar la eficacia de la pequeña y mediana industria.

La heterogeneidad y dispersión de la problemática de la pequeña y mediana industria exige la adecuación

de una estructura muy peculiar del instituto, que en cierta medida supone una novedad importante dentro

del marco jurídico de la Administración española, a la vez que demanda un alto grado de desarrollo y de

madurez de las organizaciones empresariales de la pequeña y mediana empresa, con el fin de lograr una

colaboración y coordinación recíproca entre ellas y el Instituto.

El Instituto, una novedad importante

El desarrollo de la organización del Instituto presenta dos características, tan novedosas como

indispensables, para la resolución real de la problemática de la pequeña y mediana industria.

Sus órganos supremos de decisión, consejo de dirección y consejo de las unidades territoriales se basan

fundamentalmente en una representatividad de los entes privados, prácticamente paritaria con la

representación de la Administración.

La representatividad es imprescindible en cuanto que el Instituto pretende exclusivamente potenciar la

capacidad e iniciativa empresarial y no sustituirla ni tutelarla. El Instituto no puede llegar a todas y cada

una de las pequeñas y medianas industrias, y solamente si en sus órganos existe una auténtica

representación de los movimientos de base y de las organizaciones de orden superior, el IMPI podrá

alcanzar sus objetivos. El IMPI, en definitiva, potenciará la capacidad global de estas empresas.

La descentralización es un aspecto complementario y necesario de la representatividad si ¡se pretende

abordar la temática de estas industrias, aceptando la variedad de peculiaridades que presentan en cada

zona o región. Es comúnmente admitida la falta de recetas universales para la resolución de los problemas

de la pequeña y mediana empresa. Solamente se puede alcanzar una eficacia en su apoyo, consolidación y

potenciación si se busca la mayor aproximación posible a las peculiaridades de cada sector y en cada zona

geográfica, como única vía para lograr el grado de sensibilidad necesario, para aplicar soluciones

correctas y adecuadas a circunstancias muy específicas.

Las organizaciones empresariales

Introducida la novedad en el Instituto de una amplia representación de los entes privados y de un régimen

de actuación descentralizado, el IMPI necesitará, para que sus resultados sean directos, concretos y

adaptados a las exigencias particulares de estas industrias, una eficaz actuación de las organizaciones

empresariales.

Las organizaciones empresariales, nacidas espontánea y naturalmente, tienen en España un período de

vida corto. El Instituto las potenciará con su asistencia y su ayuda pero, también, necesitará de su rápida

evolución para que la coordinación recíproca ofrezca los efectos deseados en favor de todas y cada una de

nuestras pequeñas y medianas industrias.

El empresario tiene que romper su aislamiento y soledad, buscando su agrupación en las organizaciones

empresariales y teniendo un participación directa y activa en las mismas, emergiendo de su particular

problemática y buscando planteamientos más amplios que hagan eficaces las actuaciones del Instituto.

Situación de igualdad y libertad de empresa

El pleno ejercicio de la capacidad de iniciativa y de creación del empresario sólo podrá obtenerse cuando

disponga de un marco jurídico que responda a las peculiaridades de su dimensión: sociedades de garantía

reciproca, reasignación de recursos financieros proporcional a su contribución a la formación del

producto nacional bruto y empleo y un conjunto amplio de instituciones mercantiles, laborales y fiscales

que den respuesta a sus circunstancias concretas.

En esta situación, la empresa no tendrá que concentrar su imaginación y creatividad para superar las

limitaciones derivadas de su propia naturaleza —necesaria en una estructura industrial equilibrada— y

podrá dirigir sus esfuerzos al objeto primordial a que está destinada: fomentar la creación de riqueza para

mejorar su entorno social y, así, transmitir su prosperidad, indirectamente, a los restantes componentes

sociológicos de la estructura económica.

Una sociedad de libertades, una sociedad en constante progreso social y económico en términos reales de

bienestar creciente, solamente es posible si se asienta en el pleno desarrollo de la libertad de empresa. El

pequeño y mediano industrial tiene que aceptar este reto, como protagonista principal que es de estas

libertades de iniciativa, en una economía social de mercado. El Instituto de la Pequeña y Mediana

Empresa Industrial tiene que propiciar este protagonismo, renunciando, si es preciso, al suyo propio.

 

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