Autor: Briones, Carlos. 
   La preocupación de los empresarios     
 
 Arriba.    02/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA PREOCUPACIÓN DE LOS EMPRESARIOS

LA masiva reunión de los empresarios en Barcelona y los términos en que se desarrolló ésta creemos que

tienen la entidad suficiente para que el Gobierno reflexione en profundidad y pase a la acción

seguidamente. En una economía de libre mercado, de corte occidental, la iniciativa privada es el motor

de) desarrollo económico, sin que sea posible buscar sucedáneos, nunca deseables y mucho menos en este

caso concreto. Los empresarios están alarmados ante la falta de claridad en tí horizonte, la falta d« una

regularizaron eficaz y moderna de los conflictos laborales, la desestabillzación que produce la inflación y

la escasa transparencia de la finalidad última de las medidas económicas.

Resulta tremendamente peligroso sembrar desalientos y miedos en la clase empresarial, pues la inversión

se retrae, el paro aumenta y el dinero busca soluciones especulativas, y no productivas, cuando no

emprende los delictivos caminos de los Bancos suizos o americanos. Se ha dicho siempre, por muy

amoral que resulte, que el dinero no tiene patria ni bandera, y de fondo es así, aunque nos duela decirlo y

por supuesto resulte inaceptable desde cualquier punto de vista del ciudadano medio. Pero es así

dolorosamente y lo único que nosotros hacemos es dejar constancia de ello una vez más. Hay que arbitrar

medidas que devuelvan al empresario su capacidad de iniciativa, su agresividad productora y, en

definitiva, hagan posible que el progreso del país no se estanque en el «crecimiento cero» o, lo que es más

peligroso, descienda bruscamente de los niveles actuales con los devastadores efectos que tendría para

todos los españoles.

Es preciso articular una serle de medidas concretas, eficaces, claras, terminantes y definitivas dentro de lo

posible, para que el empresario encuentre seguridad donde ahora sólo hay dudas y buenos propósitos;

horizontes claros para el porvenir y no oscuros presagios para el mañana más Inmediato; manos tendidas

en señal de amistad y comprensión y no veladas amenazas de represión y sanción; acciones protectoras

gubernamentales y no anuncios de crisis y restricciones.

En los más difíciles años de la segunda guerra mundial, cuando Inglaterra soportó casi en exclusividad el

peso de la contienda desde su aislamiento insular, Churchill pronunció una frase que hizo fortuna: «En la

guerra, la verdad debe Ir escoltada de una formación de nubes.» Pues bien, en la paz hay que exigir

exactamente todo lo contrario. Y en el caso concreto que nos ocupa, por encima de todo, los empresarios

reclaman claridad, no medias palabras, preciosismos técnicos, ni lenguajes equivocados. Simplemente,

claridad en los planteamientos gubernamentales de cara al más inmediato futuro. Que vivimos tiempos de

austeridad y crisis, los primeros que lo saben son los empresarios, que le han visto de cerca la cara al

fantasma amenazante. Pero lo que quieren conocer en profundidad es la terapia que, desde la cúspide, se

va a poner en práctica para salir del atolladero. El «pacto de la Moncloa», en lo económico, es de un

realismo absoluto. Pero hace falta instrumentallzar debidamente, y con exquisito cuidado, los remedios

que propugna desde el escueto diagnóstico de los males, no vaya a ser Que el remedio sea peor que la

enfermedad.

Por encima de cualquier otra consideración, la reciente reunión empresarial de Barcelona expresa bien a

las claras la intranquilidad y la confusión de un muy significativo grupo de hombres de empresa. Alentar

inseguridades, aumentar inquietudes innecesariamente, crear tensiones arbitrarias entre la dase

empresarial, es el camino más corto para el suicidio rápido de la economía en su conjunto. Empecemos

por brindar, en una política de puertas abiertas de par en par, una información diáfana y sin equívocos a

todos los empresarios. No vayamos, entre todos, a equivocar el camino para salir de la crisis cierta en que

está atenazada, ahora mismo, nuestra economía. Así de sencillo.

Carlos BRIONES

 

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