Autor: Angulo, Javier. 
 Declaración de Luis Olarra, empresario y senador real. 
 Mantener las plantillas de las empresas a ultranza es suicida     
 
 El País.    07/10/1977.  Página: 43. Páginas: 1. Párrafos: 33. 

EL PAIS, viernes 7 de octubre de 1977

ECONOMÍA

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Luis Olarra, presidente de Aceros Olarra y del grupo de empresas aparecidas en su entorno que llegan

incluso al sector del vino de marca, senador real, promotor de patronales y uno de los hombres más

abiertos y locuaces de su clase, cree que la situación económica ha llegado a su punto límite. Estamos

ante el riesgo de un Videla y ante el pórtico de un proceso de empobrecimiento si no se toma

remedio/Este remedio es duro y urgente. Javier Ángulo ha obtenido las siguientes declaraciones de Luis

Olarra, quien analiza todo un aspecto de temas que van desde la oligarquía vasca a un Gobierno de

concentración, en donde una figura imprescindible debería ser Santiago Carrillo, para con quien Luis

Olarra se muestra expresivamente halagador.

Declaraciones de Luis Olarra, empresario y senador real

"Mantener las plantillas de las empresas a ultranza es suicida"

«La crisis económica española se inicia con la crisis del petróleo, último detonante de una situación que

se veía venir en este pais. El proceso coincidió con el ascenso a la presidencia del Gobierno de Carrero.

No se sabe si porque se estrenaba presidente no se creyó oportuno alarmar al pueblo o porque se creyó

que se trataba de una crisis pasajera, el caso es que se hizo ver que aquí no pasaba nada.» Luis Olarra,

empresario vasco y senador real, dice no querer ser alarmista, pero se cree en el deber de hablar claro.

Critica a Suárez, vapulea a Jiménez de Parga y tiene palabras de admiración para «don Santiago» —como

llama a Carrillo—, a quien considera imprescindible hoy en todo Gobierno que quiera hacer algo por el

país.

«Prescindiendo de Cabello de Alba, que no quiso meterse en líos, y de Villar Mir, que fue el más realista,

el responsable de la crisis actual es Alfonso Osorio, y de forma secundaria, Fuentes Quintana. En el

último año se podían haber tomado algunas medidas que hubieran frenado la cuesta abajo. Pero el

Gobierno ha seguido una política triunfalista, de engaño, dando prioridad a los problemas políticos —qué

duda cabe que los tenían—, pero no debió de haberse desatendido de esa forma los económicos.

«No creo que haya habido intencionalidad concreta en dejar que el proceso se deteriore tanto. Si la

hubiera habido, se hubiera actuado, a mi juicio, más inteligentemente...; lo que ha habido es ignorancia,

ingenuidad, triunfalismo desatado y ceguera ante lo que se nos venía encima. Y en economía no hay

trampas, porque al final siempre salen las cuentas...»

El presidente de Aceros Olarra, SA, cree ver en el miedo a la impopularidad una de las razones por las

que no se ha puesto antes coto a una situación que se presentía cada vez más alarmante.

A la hora de repartir culpas, Luis Olarra se acuerda también de los empresarios españoles.

«Aquí se ha ido tapando el agujero, hasta que no ha habido manera de camuflarlo y el tinglado se ha

venido abajo... Junto al Gobierno, los empresarios son también responsables por no haberse atrevido a

denunciar lo que ocurría. No creo que ninguno fuera consciente de lo que se nos venía encima. Pero no lo

decían en muchos casos porque tenían miedo de que su prestigio de empresarios se depreciara, porque

pensaban que podría significar una falta de crédito para su empresa, o simplemente, por cobardía para

enfrentarse con la realidad...»

EL PAIS. ¿Cree que se está tocando fondo en la crisis?

L.O. Yo creo que sí. Creo que ahora la única parte positiva del drama es que se va a tocar fondo. Estamos

en el tramo final. Ahora empieza la manifestación real del problema que tiene el país. Yo diría que hasta

ahora no se había manifestado de forma alarmista para el pueblo. Hasta el mes pasado, de cara a la calle,

en el país no pasa casi nada.

La calle hace tres meses, con motivo de las elecciones, estaba aún en el franquismo psicológico. EL

PAÍS. ¿Franquismo psicológico?

L.O. El español está acostumbrado a que con Franco estas cosas no pasaban, y a que, a la postre, el

Gobierno o quien fuera echaba una mano. Eso de cierre de fábricas, expedientes de crisis, no se hacía

porque el Gobierno «tapaba» una y otra vez el agujero. Ése «franquismo psicológico» aún permanece, y

aún espera que esto se arregle. El pueblo tiene que enterarse —y esa es labor del Gabinete— de que esto

no tiene nada que ver con aquello. Se van a cerrar muchas fábricas, la gente se va a quedar sin trabajo. La

situación es francamente grave.

" La oligarquía vasca, en la actualidad, es un camelo"

EL PAÍS. Pero, ¿no es cierto que durante años los empresarios españoles han ganado mucho dinero y

perdido en pocas ocasiones?

L.O. Es cierto que en otros tiempos el empresario ha ganado dinero en este país. Hay mucha gente, sin

embargo, que está confundiendo al empresario con el especulador, o con el promotor extraño, ese

personaje que ha aparecido en el país en los últimos años. Para mí, lo más opuesto al empresario es el

para muchos llamado financiero. Esta gente ha funcionado con compraventa de terrenos, especulando,

edificando de forma extraña, haciendo uso de créditos raros y poco claros. Eso no es un empresario. A

esos financieros, que son especuladores de hecho, se les ha considerado como empresarios, y no lo son.

Han hecho mucho daño a los verdaderos empresarios, que como tal, sobre todo en la pequeña y mediana

empresa, han invertido.

EL PAÍS. Sinceramente, ¿desde hace cuántos años no se gana dinero en España?

L.O. Si se analizan con rigor las cuentas de explotación auténticas de la generalidad de las empresas del

país, vemos que llevan más de tres años perdiendo dinero. Lo malo, además, es que cuando llegan

procesos de pérdidas de ese tipo en un año, se pierde lo ganado en cuatro.

Cuando hace poco menos de una semana Naviera Letasa, de Bilbao, anunció una suspensión de pagos —

que en opinión de algunos expertos puede terminar en quiebra-, no hacía sino confirmarse algo que

muchos no se atrevían a creer: que la crisis económica es, si cabe, más drástica en el País Vasco que en el

resto de España. Empresas como Babcock Wilcox, Echevarría, General Eléctrica, Altos Hornos,

Astilleros Españoles, atraviesan el momento más peligroso desde su creación. Algunas de ellas y otras de

menos nombre desde hace meses no cotizan a la Seguridad Social, no pagan impuestos, no reintegran

créditos e incluso no atienden a los acreedores.

La gran empresa de Vizcaya está en una situación realmente caótica y puede decirse que la empresa vasca

va a sufrir más que la de todo el resto del Estado español. Muchas de las empresas fuertes de Vizcaya, por

ejemplo, están en situación irreversible, y otras tendrán que reconvertirse. Ya no quedan «potentados» ni

grandes capitales. La oligarquía vasca ya no existe. Es un camelo.

EL PAIS. ¿Se acabó, pues, el admirado «imperio industrial vasco»?

L.O. Sin ninguna duda. Esto va de mal en peor, y lo malo es que, como no se tomen medidas

«quirúrgicas», para mayo puede haber, solamente en Vizcaya, alrededor de 80.000 parados, sobre una

población laboral de 400.000 personas. Es muy posible que lleguemos a cotas de un 20 ó 22 % de paro.

Hay que afrontar el problema como es. Si hay una gran empresa que tiene que cerrar y suspender pagos,

es mejor que lo haga cuanto antes, y luego intentar reconvertirla. A lo mejor de una gran empresa pueden

salir dos o tres, o parte de una pasar a otra existente. Ahora más que nunca la ordenación de los recursos

debe ser sensata, porque hay el riesgo, en este momento de escasez, de emplear recursos en sostener

situaciones insostenibles, que no van a poder arreglarse. Esos recursos deben ser destinados a empresas

que tienen futuro, aunque atraviesen dificultades. Pero excuso decir que el 80 % de las empresas están en

suspensión de pagos.

EL PAÍS. Se habla mucho de la crisis, usted también lo hace, pero hacen falta soluciones. ¿Las tiene?

L.O. En España hay que «operar a vida o muerte». La expresión no debe parecer exagerada. Para mí, la

primera condición básica es que los responsables económicos del país se decidan de una vez a sentarse,

en las Cortes primero y luego delante del televisor, a informar de la situación al país «a tumba abierta». Si

es necesario, un día a la semana, durante dos horas. Pero sin preguntas preparadas y sin «afeitar» el

programa. En directo. Dejar a los ministros económicos con los periodistas —no seleccionados por su

«docilidad al régimen»— para que, con honestidad y claridad, el país se entere de una vez de lo que pasa

y se lo crea.

"No queda más remedio que un plan de austeridad"

EL PAÍS. La nación está ya operada, ¿cuál es el tratamiento a seguir luego?

L.O. Yo sé que no es popular un plan de austeridad, pero no hay más remedio. Hay que limitar las rentas,

pero, ¡ojo!, también para los privilegiados, y si fuera necesario poner en marcha una reforma fiscal tres

veces más fuerte, pues se hace. Que cada uno aguante su vela, de arriba a abajo. Es necesario, además,

para que el pueblo contribuya y tome conciencia, una etapa de «ejemplaridad social». Ejemplo que deben

dar desde el presidente hasta el último español. No más despilfarres, no más presupuestos desorbitados.

Es decir, que si fiscalmente se ha de actuar duramente con los individuos como tales —en vez de hacerlo

con las empresas—, se hace, y si es necesario, se les grava tres veces más. Es preciso crear una conciencia

clara en el país de que hay ejemplaridad. Si hace falta, se dobla o triplica el impuesto de lujo. Debe

hacerse, en definitiva, lo que sea necesario, sin temor a la impopularidad, sin concesiones. Hay que ser

drásticos, porque el país está tan mal que, o lo salvamos, o cae en una situación irreversible.

EL PAIS. ¿Qué hacemos con las empresas en situación difícil? L.O. Yo quería, ahora precisamente,

hablarle de las medidas . «más impopulares». Lo que hoy no se puede es mantener «muertos». En una

empresa de quinientos hombres —por decir alguna cifra—, cuando la situación es caótica, es preferible

reducir la plantilla a cuatrocientos que mantener a los quinientos para que luego nos vayamos a pique con

todos. Es mejor tomar la decisión estudiada y calculada y ver qué hacemos con esas cien personas. Buscar

soluciones solidarias de la sociedad. Ver dónde podemos destinar esa gente para que no quede inactiva

mientras esa empresa con menos gente trata de ponerse a flote. Estas medidas son duras, pero el mantener

una plantilla a ultranza, cuando no hay de dónde pagarla, es suicida.

EL PAÍS. Lo que usted dice, en teoría suena bien, pero, ¿está seguro que los trabajadores despedidos

podrán colocarse en algún lado? L.O. Yo no me he inventado nada. La teoría la puso en práctica en

Estados Unidos Roosevelt. El problema del paro va a ser desigual en el país. Tendremos que ver qué

número de parados tenemos y qué programa podemos emprender con ellos. Nunca es mejor el momento

para hacer cosas que normalmente nuestra sociedad no aborda (pavimentaciones, urbanizar, repoblar,

limpiar y otras actividades ulules a la comunidad), que cuando las fábricas no ofrecen trabajo y la gente

está sin empleo. Son cosas que la comunidad siempre pospuso cuando él país estaba en pleno boom. No

hay otro remedio, la empresa que no tenga posibilidades, mejor es cerrarla, y no darle más dinero.

Veamos a cuánta gente podemos utilizar en otras actividades, dónde pueden ser útiles. Es poco popular,

pero es una solución.

EL PAÍS. ¿No hará falta llegar a situaciones de «sacrificio patriótico» (trabajar todos alguna hora

gratuitamente o soluciones similares) que resultaron positivas en algunos países?

L.O. Antes de llegar a esas soluciones —que en Inglaterra, por ejemplo, resultaron bien—, lo que hace

falta es que en este país las horas que se trabajan se trabajen bien. En España no se trabaja suficiente. Si lo

hiciéramos, otra seria nuestra situación. Yo acabaría con los «puentes» y con las fiestas intermedias. A

trabajar todos, de lunes a viernes por la tarde. Si no lo hacemos ahora, vamos a llegar al desastre, y los

planteamientos políticos van a ser otros que los actuales, y corno eso suceda, difícilmente podremos salir

*Sería bueno un Gobierno de concentración}

EL PAÍS. Usted habló recientemente del riesgo de la involución. ¿Cree de verdad que puede llegar un...

Videla?

L.O. El comentario —lo he sabido-no gustó en la Moncloa. Yo decía entonces que si el Gobierno sigue

una determinada política, debe entender que la erosión y el deterioro va a ser tan grande quepuede llegar

un momento en que surja un Videla. Yo decía que en Argentina —modelo al que nos empezamos a

parecer—, cuando Perón e Isabelita regresaron, se jugó una política de concesión en todos los terrenos.

Aquello adquirió un aspecto de descontrol enorme. El Gobierno había perdido las riendas del pais.

Cuando se llega a una situación así, en la que todo es confuso, deshilvanado, nadie gobierna, nadie sabe

qué hay que hacer y la población está asustada. Entonces es cuando puede llegar un Videla. Porque es el

propio país, aunque no lo diga públicamente, el que de hecho piensa: «a ver cuándo sale aquí alguien que

diga lo que hay que hacer». En España, la situación no ha llegado a tal deterioro.

EL PAÍS. ¿Qué actuaciones podría poner en práctica un Gobierno de concentración?

L.O. Ya he dicho otras veces que este Gobierno no gobierna. Aparte de que Suárez y su partido carecen

de programa político, el error es que el presidente hace, o trata de hacer, política de izquierdas, usurpando

terreno político de los grupos de izquierda, con lo que tiene descontentos a los que le votaron y no logra

convencer a las izquierdas. Por eso sería bueno un Gobierno de concentración, en el que desde luego no

puede faltar Carrillo, el hombre más hábil y más político del actual Parlamento. Tampoco sería

despreciable un Gobierno socialista, siguiente las líneas maestras de un Willy Brandt, por ejemplo.

 

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