Autor: Valladolid, Agustín. 
 Antonio Garrigues Walker. 
 El empresario no quiere ser manipulado     
 
 Arriba.    09/10/1977.  Páginas: 3. Párrafos: 21. 

ANTONIO GARRIGUES WALKER

"el empresario no quiere ser manipulado"

«La gran empresa ha sido la que ha condicionado la política del Gobierno y lo que ha dictado, a

veces abusivamente, las normas de la pequeña y mediana empresa»

"A ningún empresario actual le pueden satisfacer Jas soluciones monistas o pro monistas»

«En estos instantes es imposible saber lo que opinan de la vida económica del país un

demócrata-cristiano, un socialista moderado, un liberal o un centrista»

«Desde un punto de vista puramente teórico, creo míe los comunistas tienen absoluta razón al

pedir un Gobierno de concentración, pero...

LA situación de lo empresa española no admite demora. Pero de momento hay que esperar a

conocer el programa económico del Gobierno para darle unas u otras soluciones.» Con estas

palabras comenzábamos la entrevista con Antonio Garrigues Walker. presidente de la

Asociación para el Progreso de la Dirección, y gran conocedor de los problemas con los que se

enfrenta la clase empresarial española. Efectivamente, la crisis es profunda y el empresario se

halla en una especie de «detente», a la espera de las medidas que adopte la Administración.

Por lo pronto, altos representantes de diversos sectores (Bancos, construcción, automóvil,

etcétera) se han reunido para establecer una síntesis global de la problemática empresarial. La

reunión se iniciaba el día 15 de los corrientes bajo el título de «Situación económica, financiera

y laboral de la empresa española».

De esta situación y de las posibles soluciones y alternativas que se pueden adoptar hemos

dialogado ampliamente con Antonio Garrigues Walter, intentando establecer, en primer lugar,

cuáles son esos problemas fundamentales de la empresa española.

—En primer lugar hay que tener en cuenta que el empresario español, en su conjunto, está

desmoralizado, falto de optimismo y vitalidad, y es necesario que recupera la fe en el futuro.

Pero el problema económico fundamental es la inexistencia de unas reglas de juego claras.

Todavía no existe un programa económico y mucho menos aún un modelo económico

determinado. Asimismo, hay que tener en cuenta la situación inflacionaria de nuestra

economía, que obliga al Gobierno a adoptar medidas restristivas en un momento

especialmente crítico y negativo. La inflación se trataba antes en un clima de crecimiento

económico, pero ahora hay que tratarla en medio de un clima de recesión, lo cual hace que las

medidas restrictivas tengan un doble efecto negativo.

A LA BÚSQUEDA DE UN MODELO ECONÓMICO

—El contar con un modelo económico perfectamente determinado y delimitado, ¿qué ventajas

nos traería?

—La gran ventaja de los países marxistes y Norteamérica radica precisamente en la existencia

de unas reglas de juego claras. Nos pueden gustar unas más que otras, pero lo cierto es que

son países en donde el empresario sabe exactamente lo que tiene que hacer y lo que fio.

Mientras que en Europa, y en España en particular, hemos llegado a unas fórmulas híbridas,

mezcla de muchos sistemas, que no permiten al empresario ni uno planificación a largo plazo,

ni un conocimiento real de las dificultades y posibilidades que tiene. A esto hay que añadir,

como factor incertidumbre, nuestro aislamiento actual del Mercado Común y las dudas que

existen en cuanto a| tiempo y condiciones en que se producirá, si es que se produce, la

integración de España a éste. Los problemas de la economía española son muy similares en

sustancia a los problemas europeos, y si miramos al futuro a corto plazo, lo lógico sería tener

mas fe en cuanto a las posibilidades de la economía española respecto a la italiana, francesa,

beiga o británica. Alemania sigue siendo una excepción, porque aplican las reglas de fuego de

una forma más coherente, más constante y con un sentido más pragmático y eficaz.

—Entonces, ¿hasta qué punto sería positivo para nuestra economía la integración de España

en la CEE?

—Personalmente tengo grandes dudas sobre las ventajas que puede reportamos, desde el

punto de vista económico, la integración en el Mercado Común. Hay otros países, como Suecia

y Suiza, que hasta ahora han logrado y lograrán sobrevivir sin integrarse a las comunidades

europeas. Pero como parece ser que ta tendencia a la integración es inevitable, yo creo que las

ventolas para el empresario español consistirían en conocer mejor sus posibilidades de

mercado y las derivadas de someterse a una competencia industrial que pondrá en marcha sus

mejores talentos y energías. Creo, asimismo, que la integración podrá romper un poco nuestra

estructura mono-polística y es difícil que nuestra diferencia de nivel industrial provoque una

desaparición de nuestras empresas o una absorción de las mismas por el capital europeo. El

empresario español se defenderá y se adaptará bien, porque en su conjunto tiene más

imaginación y más ganas de trabajar que el empresario europeo.

DERECHA POLITICA Y DERECHA ECONÓMICA

—Usted dijo en cierta ocasión que la derecha económica desconfiaba profundamente de la

derecha política. ¿Sigue siendo así?

—Yo creo que sí, y que ese proceso de desconfianza en vez de reducirse está aumentando. La

razón de que esto ocurra está en que la clase política en su conjunto parece haberse olvidado

de sus ideas políticas básicas y está operando, única y exclusivamente, a nivel de tácticas. En

estos instantes es imposible saber qué opina de la vida económica del país un demócrata-

cristiano, un socialista moderado, un liberal o un centrista, y de este modo la derecha

económica, que es la Banca, no sabe quién puede representar mejor sus intereses.

—Como posible salida de la crisis algunos partidos, principalmente el PCE, aportan como

solución la idea del Gobierno de concentración. ¿De qué manera podría ayudar una pluralidad

de ideologías en el Poder a mejorar la situación económica?

—Desde un punto de vista puramente teórico, yo creo que los comunistas tienen absoluta

razón. Pero desde un punto de vista práctico sería un grave error, por la simple razón de que

nuestra clase política en su conjunto está todavía en fase de rodaje y, por tanto, no la veo

preparada para e| compromiso que implicaría un Gobierno de coalición entre ideas y actitudes

muy distintas. Incluso dentro del Gobierno actual, en donde las diferencias ideológicas no son

muy fuertes, existen discrepancias tácticas todavía no superadas. Y lo mismo sucede con los

socialistas, cuya ideología política y económica admite tal flexibilidad que puede provocar un

fraccionamiento dentro de un Gobierno de coalición. España no puede aceptar ese riesgo en

estos momentos, porque nos encontraríamos en una situación prácticamente revolucionaria.

LA APATÍA DEL CAPITAL

—¿A qué se debe esa apatía inversora por parte del capital es pañol?

—Es evidente que la Inestabilidad política origina la inestabilidad económica, y como es lógico

el acto de Invertir sobrelleva un deseo de ganancias en un plazo más o menos largo. Si

todavía no sabemos si vamos a un modelo económico de economía de mercado, socialista o

híbrido entre los dos, si a ello unimos los temores de una reforma fiscal, cuyo alcance no está

determinado todavía perfectamente, un clima laboral encrespado y difícil de controlar por las

Centrales Sindicales, que siguen con una afiliación real muy baja, y si además nos

encontramos con una situación económica mundial que es todo menos floreciente, es lógico

que la inversión no se produzca. Confío que en el último trimestre del año la mayoría de las

cuestiones básicas, de las que antes hemos hablado, queden definidas. Si es así, no hay

ninguna razón para pensar que el flujo de inversiones españolas y extranjeras no se produzca

de una manera normal, & incluso con niveles altos, porque al contrario de lo que sucede en

otros países europeos, que tienen una infraestructura muy pesada, tanto industrial como

agrícola, España ofrece todavía muchas posibilidades de desarrollo y obtención de beneficios.

—Hace poco tiempo usted afirmaba que los partidos políticos estaban intentando separar al

gran empresario del mediano y pequeño. ¿Con qué fin?

—Desde siempre la gran empresa ha sido la que ha condicionado, a través de sus

posibilidades de influencia, la política del Gobierno. Es también la que ha dictado, a veces

abusivamente, las normas de la pequeña y mediana empresa. Pero se ha dado cuenta ya de

su error y está dispuesta a rectificar, porque los hechos man dan y lo cierto es que más del no-

venta por ciento de la vida económica de este país lo componen la pequeña y la mediana

empresa.

Hasta ahora todo el mundo les ha dedicado elogios a este tipo de empresas, pero nadie ha

hecho nada por ayudarías a buscar soluciones financieras particulares y, asímismo, un proceso

de concentración que reduzca la atomización industrial excesiva que padecemos. En todo país

lo importante es que exista una armonía entre estos tres grupos de empresas y que no se

produzcan los desniveles actuales. La empresa grande debe ser más grande; la mediana,

mayor, y la pe uueha, menos pequeña; porque si no se producen desfases indus tnaies muy

difíciles de corregir. La politización de este conflicto entre las grandes, por un lado, y las

medianas y pequeñas empresas, por otro, es una táctica de la clase po lítica, especialmente de

la ¡zquier da. Pero hasta el momento ha tenido pocos resultados, y en cuanto se produzca, por

ínfima que sea, una recuperación económica, estos resultados serán aún menores. Está claro

que a ningún empresario actual te pueden satisfacer las soluciones marxistes o promarxistas.

NACIONALIZACIONES

—¿Es partidario, Antonio Garrigues, de que se lleve a cobo uno política de nacionalizaciones

como solución a ¡os problemas de las numerosas empresas que hoy se encuentran en crisis?

—Este Gobierno no puede ser, en ningún caso, partidario de aumentar el grado de empresas

de actividades nacionalizadas. Creo más bien que debería reducirlo. Tengo, sin embargo, el

temor de que se produzcan nacionalizaciones por vía indirecta como consecuencia de la mala

situación eco nómica de muchas empresas que se encuentran en sectores básicos y que

podrían caer en la tentación de ser adscritas ai INI, en parte o en su totalidad, para así

asegurar su supervivencia. Con ello seguiríamos el modelo Italiano, en donde el IRI —

institución similar a nuestro Instituto Nacional de Industria— domino más del cuarenta y cinco

por ciento de la actividad industrial de aquel país. Comprendo que éste va a ser tema

importante en los últimos meses, como lo ha sido en Francia, en donde esta cuestión ha

provocado lo desunión de la izquierda gala.

—Por último, ¿de qué manera puede ayudar la recientemente creada Confederación Españolo

de Organizaciones Empresariales o que las empresas más afectadas superen la actual crisis?

—Puede ayudar y mucho. Es preciso reconocer que al igual que las Centrales Sindicales su

proceso de desarrollo hasta llegar a su constitución ha sido sumamente rápido y se ha llevado

de una forma muy eficaz. Este tipo de patronal debe servir, en primer término, paro facilitar el

diálogo con las Centrales, y más tarde, para presionar y ayudar al Gobierno a que defina una

política económica clara y sensata El empresario ya no quiere ser manipulado y manejado, y

necesita este tipo de estructuras de representación para evitar que los egoísmos particulares y

la insolidaridad nos lleven a situaciones caóticas.

Agustín VALLADOLID

 

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