Autor: CROMWELL. 
   Todo el país se la juega     
 
 Arriba.    15/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

TODO EL PAÍS SE LA JUEGA

DECÍAMOS ayer... que la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, que pasa por ser la

patronal más extensa del país a nivel de grandes empresas y empresarios, «ha perdido el rumbo político»

al manifestar que no se siente representada —sus empresarios— por ninguna de las fuerzas o corrientes

ideológicas que en la actualidad, y como resultado de las elecciones del pasado junio, componen el

«arco» o espectro constitucional. Y que, por tal razón, no hallan en los acuerdos sobre diagnóstico y

soluciones a la crisis económica de la Moncloa, punto alguno en que puedan confiar.

A la nota de no-apoyo de la CEOE ai programa Gobierno-partidos se añadía en la Prensa de ayer una

declaración de su presidente, Carlos Ferrer. Como habitual seguidor del espacio radiofónico «España a las

ocho», tuve ocasión de oír la voz del señor Ferrer al día siguiente de lograrse el pacto de la Moncloa. Y si

no recuerdo mal, citaba cuatro aspectos positivos contra uno negativo, en los dos minutos

aproximadamente de conversación con el periodista. El negativo era la rigidez de las plantillas,

eufemismo que es preciso interpretar: el señor Ferrer y su cofradía de empresarios piden, llanamente, el

despido Ubre a todos los efectos, y no solamente como concede generosamente el acuerdo-consenso-acto

para las nuevas admisiones a puestos de trabajo.

Sin embargo, mi sorpresa nace hoy al hojear otro medio informativo, el diario «Ya», donde el

mencionado presidente de la CEOE es, apenas cuarenta y ocho horas más tarde, muchísimo más negro en

sus apreciaciones: «Las medidas del Gobierno pueden ser muy perjudiciales. En el programa económico

hay contradicciones flagrantes.» E insiste en la necesidad de flexibilizar las plantillas y de poder despedir

a su antojo.

Carlos Ferrer, que el primer día se sentía visiblemente optimista, ha debido releer ahora el texto con gafas

ahumadas: «Las mencionadas lagunas, de confirmarse, retraerían la inversión. En el programa tampoco se

hace mención del absentismo labo. ral, ni se toman medidas para elevar la productividad. Creo que el país

se juega mucho en esta reforma y no podemos fracasar.»

Nos vamos a quedar, junto con esa visible alteración de opiniones de un día para otro, con esa última

frase de don Carlos Ferrer: «Todo el país se juega mucho en esta reforma.» No sé si al decir ese «todo», el

señor Ferrer se ha limitado a pensar en el empresariado, como práctica heredada en tiempos anteriores,

cuando todo iba bien si iba bien para unos cuantos. Sorprende que mientras Comisiones Obreras, con

unas razonadas reservas y «pegas», acepta el sacrificio que indudablemente supone para la clase

trabajadora la puesta en práctica de un plan de austeridad y de estabilización económica, la «gran

patronal» prefiera hacer mutis por el foro y manifestar que no se ha contado con ella para elaborar ese

centenar de folios con medidas drásticas. Más observaciones: ¿es posible que el mismo plan que ven con

tan malos ojos los malos empresarios pueda ser bien visto por la pequeña y mediana empresa, tradicio.

nalíñente mucho más olvidada, menospreciada y vapuleada?

La postura de los grandísimos empresarios pudiera provocar excesivas suspicacias...

CROMWELL

 

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