Neutralizar una amenaza     
 
 Diario 16.    29/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Neutralizar una amenaza

La derrota del franquismo histórico en las elecciones parlamentarias del pasado 15 de junio necesita una

consoBdacíón k> más urgente posible, antes de que los residuos que todavía se apegan a, lo que queda de

las viejas instituciones, dispongan del tiempo necesario para iniciar una conspiración subterránea contra

la naciente de-saoeracia española. La aplastante mayoría de los electores de nuestro país se acaban de

pronunciar con claridad por un cambio profundo. No fue una sorpresa porque, a través de las grietas

hechas a la dictadura en los últimos años, esa aspiración ya se había hecho patéate. Pero en saa situación

de provisionalidad como en la qoe nos encontramos —vacío constitucional, relativa inconsistencia de la

mayoría parlamentaria, parálisis de hecho de la actividad económica— ia voz manifestada del pueblo no

es suficiente si, allá en la sombra, los enemigos de la democracia de toda la vida pueden aprovechar rnn

caldo de cultivo apropiado para echar todo por tierra. Hay ejemplos históricos frecuentes, próximos y

lejanos, de la imposición violenta de una minoría sobre la voluntad declarada de la mayoría. Y en el caso

español, donde más y mejor arraigados residuos de la dictadura quedan es en la administración local,

ligada durante cuarenta años —por duplicación de cargos— a las jerarquías del partido único franquista.

Ya más recientemente, el Gobierno anterior al presidido por Adolfo Suárez, dirigido desde el Ministerio

de la Gobernación por el aliancista Fraga, colocó en Gobiernos Civiles, Diputaciones y Ayuntamientos a

decenas de fieles no revocados hasta ahora. Y se, ha llegado a la situación paradójica de que i» partido

que apenas ha conseguido el 8 por 100 de los votos en las elecciones del 15 de junio tiene una

implantación a nivel local por lo menos cinco veces superior a su representación en el Parlamento.

Algunos de esos ediles de los de a dedo, con un elogiable fondo de vergüenza política, han comenzado a

presentar la dimisión de sus cargos. Pero son todavía mayoría aquellos que se aforran contra.todo

veredicto popular a los viejos sillones. Desde esas bu7 tacas, y aprovechando privilegios heredados de

una legislación superada por los hechos, ño van a ser ellos los más interesados en consolidar el camino

iniciado hace apenas quince días. El caso del alcalde de Madrid, Arespacochaga, es bien claro¿ Debe irse

y debe irse .ya. Por eso resulta confortador oír de labios del presidente del Gobierno la posibilidad de que

las elecciones municipales se van a celebrar finalmente antes del próximo mes de eneró. Aunque hubiera

sido más tranquilizador poner desde ya «n plazo fijo a esos indispensables comicios locales, a partir de

los cuales tal vez poetamos habjar ya coa más seguridad de un punto de no retorno. Porque instaurando

urgentemente la democracia en ciudades, pueblos y aldeas, además de en las Cortes, estaremos en

disposición dé sieuíralizar una de las amenazas más claras contra el sistema político inaugurado.

 

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