Autor: Cavero, José. 
   La recuperación de los bienes Nacionales     
 
 Arriba.    12/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

cultura

LA RECUPERACIÓN DE LOS BIENES NACIONALES

ESTE país, y en esta hora, se ha propuesto, entre otras metas, la de conseguirse por completo; la de

conquistas su propia integridad. De momento, apenas hay algunos datos, y algún síntoma de que esto

vaya a lograrse a corto plazo, ni siquiera a medio. Tenemos los datos de varios centenares de emigrantes

vueltos, de varias decenas de exiliados que han retornado. En cuanto a síntomas, o a premoniciones y

deseos, seguramente estamos mejor surtidos. Son más abundantes: la recuperación de Gibraltar,

reactivada y rediviva; la recuperación de los restos mortales de los últimos Jefes de Estado que

permanecen fuera de nuestras fronteras —Alfonso XIII, Azaña—. Fue Justino de Azcárate, un senador

republicano-real (esto es, caracterizado e identificado, biográficamente, con la República, y, sin embargo,

designado senador por la Corona), quien solicitaba hace días, ante el Pleno del Senado, la vuelta de esos

símbolos nacionales, junto con otro no menos característico: el «Guernica».

Mucho me temo que habrá quien se rasgue las vestiduras al poner en igualdad de exigencias la

recuperación de Gibraltar y la del «Guernica» picassiano; la de Azaña y la del Rey; la de los exiliados y la

de los trabajadores en la emigración. Y aún nos queda otro capítulo que añadir a esta relación de bienes,

posesiones o tesoros «alienados»: las cuentas bancarias de los evasores de capital. Y mucho me temo que

mencionar «el oro de Moscú» en esta lista apenas serviría para arrancar una sonrisa. Apenas.

La cierto es que sólo quería referirme a uno de esos copítulos citados, el «Guernica». Porque acabo de

leer que Rafael Alberti no ve que haya llegado aún el momento para que la vuelta del cuadro se deba

producir. Razona Alberti que una zona del país sigue dando muestras de «unas fijaciones destructivas

altamente patológicas» que hacen temer por la integridad de la obra pictórica. Y se remite a los atentados

contra librerías, ciertamente decrecientes en número, pero aún existentes con cierta penosa frecuencia.

El peligro es, efectivamente, real. Hay que poner de relieve, bien es cierto, que en apenas un par de años

esa zona del país «con fijaciones patológicas destructivas» parece haberse reducido en fuerza y en

efectivos. Pero una cierta peligrosidad sigue latente.

Un reciente director general de Cultura, hoy senador, reavivó la cita aquella de que «el extremismo se

quita leyendo», o algo parecido. Que hayamos estrenado, hace pocas semanas, un Ministerio para la

Cultura es un síntoma, una voluntad, un propósito, de seguir eliminando extremismos. Apenas será

preciso recordar que tan siquiera la mención del «Guernica» y de su autor hace un par de años en las

Cortes «no podía haber sido para bien...» Que una voz se alce hoy en la Cámara de las representaciones

territoriales para pedir que se gestione de inmediato, y por vía diplomática, la vuelta de un cuadro que es

mucho más que una pintura, tiene mucho de voluntad de reconciliación o reconstrucción nacional.

Posiblemente se tarde aún algún tiempo en recuperar Gibraltar, el «Guernica», a todos los españoles que

fueron obligados, por unas u otras razones, a emigrar, e incluso en que vuelvan esos dineros con alas

refugiados en climas más benignos. Pero empieza a haber un clima cierto, favorable, una voluntad

decidida a hacerse extensiva y más amplia. Un primer paso está dado...

José CAVERO

 

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