Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Comienza la negociación     
 
 Informaciones.    11/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Comienza la negociación

Por Abel HERNÁNDEZ

POR fin esta tarde se abre, con buenos augurios, la negociación entre el Gobierno y la, oposición demo-

crática. Hasta añora sólo había habido contactos de tanteo y conversaciones privadas, que se han mante-

nido en secreto. Ha llegado la hora de la verdad. Se trata de lograr un pació político o, cuando menos, un

«modus vivendi» para llegar a las primeras elecciones parlamentarias con garantías.

El presidente Suárez, que lleva claramente la iniciativa de la reforma, sobre todo tras el éxito del refe-

réndum, tiene que mostrar, sin embargo, una exquisita neutralidad para evitar susceptibilidades. Por eso,

unas horas antes de recibir en su residencia oficial de la Moncloa a los cuatro comisionados de la oposi-

ción democrática, cambiará impresiones con los representantes de Alianza Popular. En estos momentos el

joven primer ministro sintoniza mucho más con los propósitos y las aspiraciones de la oposición

moderada que con los «harones del franquismo». Por eso, este primer encuentro con los ex ministros de

Franco puede ser más difícil que la entrevista posterior con socialistas, liberales y cristianodemócratas.

Los puntos de la agenda son apasionantes: amnistía completa, legalización del Partido Comunista y supre-

sión de la «ventanilla» de Gobernación. De- los tres temas conoce lo suyo don Manuel Fraga. Siendo

vicepresidente y ministro del Interior del Gobierno Arias se ocupó muchas horas de esos tres problemas.

Desde entonces a hoy los tiempos han cambiado y el planteamiento tiene que ser distinto. Es de suponer

que el jefe de Alianza Popular, que es inteligente, se habrá dado cuenta del cambio. No es tiempo de

zancadillas, de maniobras ni de actitudes obstruccionistas. Es la hora de la reconciliación nacional y de la

democracia.

Parece que hay ya un consenso entre el Gobierno Suárez y la oposición democrática sobre la necesidad,

por el medio que sea, de liberar cnanto antes a los presos políticos. En muchos casos esto se puede lograr

por un simple real decreto por el que se amplíen con generosidad las normas de aplicación de la pasada

amnistía. En algunos casos más conflictivos parece que podrían revisarse los sumarios por la jurisdicción

ordinaria, una vez suprimido el T.O.P. y pasados los casos de terrorismo de la jurisdicción militar a la

ordinaria. No seria extraño que el Consejo de ministros de esta semana se ocupe de la amnistía.

El control gubernativo —la famosa «ventanilla»— sobre los partidos políticos se considera ya

anacrónico. El problema se puede solucionar fácilmente en H mismo decreto-ley que establezca las

normas electorales. Este trámite, evidentemente, va a desaparecer.

La legalización formal del Partido Comunista es otro cantar. Parece claro que el P.C.E. podrá presentar

candidatos para el Parlamento, bien en agrupaciones electorales, bien en candidaturas independientes a

titulo personal: pero el reconocimiento legal de los partidarios de Carrillo no se va a hacer, según todos

los indicios, antes de las elecciones de primavera. En esto, por razones de fuerza mayor, el presidente

Suárez va a concordar más con Alianza Popular que con los cuatro de la oposición democrática.

 

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