Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   País Vasco     
 
 ABC.    25/03/1979.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 23. 

ABC. DOMINGO, 25 DE MARZO DE 1979. PAG. 6.

Crónica de la semana

PAÍS VASCO

EXISTE solución para el problema vasco? Si la hay, queda ai final de un angosto sendero, que cuelga

sobre dos terribles precipicios llamados intervención militar y secesionismo. Si antes de las elecciones

esta vía de lo posible ya era de difícil tránsito, los últimos acontecimientos han reducido aún más sus

dimensiones y sobre ella apenas cabe ahora el pie de un atleta. Es preciso adquirir conciencia de que

puede llegar un momento en que la única decisión que nos quede por tomar sea elegir de qué lado

queremos vencernos y cuál de los dos abismos preferimos como tumba de muchos anhelos e ilusiones.

Pero también es preciso sacar tuerzas de flaqueza y apurar al máximo la pericia colectiva para perseverar

hasta lo imposible sobre esa tenue vereda, alambre de funámbulo casi, que constituye nuestra única

esperanza.

Globalmente analizados, los resultados del 1 de marzo en el País Vasco Indican la aplastante victoria de

las opciones nacionalistas sobre aquellas fuerzas vinculadas a organizaciones estatales a las que de forma

simplista se etiqueta como «españolistas». El corrimiento de tierras ha sido de tal magnitud que de la

tensión bipolar PNV-PSOE hemos pasado a una dialéctica que enfrenta al partido que fundara Sabino de

Arana con Herri Batasuna. Ha ocurrido poco más o menos lo mismo «ue en el Irán. Por obra y gracia de

la relatividad, Arzallus ya no es Jomeini sino Bazargán, porque aquí el gran «ayatollah» es, tal y como le

bautizó latís Apostua, el «ayatollah» Telesforo.

De esta manera el mismo Juan María Bañares, que durante la pasada legislatura tanto Irritara a sus

señorías los senadores, ha pasado a ser poco menos que la gran esperanza blanca de la función y se

pretende presentar un proyecto de estatuto que queda a años luz del techo constitucional como un texto

moderado y posibi-lista ai que no se ouede hacer el más mínimo recorte sin ofender de forma grave a sus

«prudentes» redactores. Entre tanto, Herrl Batasuna prepara su gran ofensiva de Pascua con vistas a

profundizar en la taternacionalización del problema: por Inverosímil que pueda parecer desde cualquier

otra perspectiva, la apelación al Comité de Descolonización de las Naciones Unidas figura entre sus

planes.

OLARRA, LERCHUNDI: EL SENTIDO COMÚN, POR LOS SUELOS

La perplejidad con que la mayoría de los españoles contemplamos este sorprendente retablo debe

llevarnos a reconocer lo erróneo de muchos de nuestros análisis y previsiones sobre la evolución del

problema vasco. Durante meses y meses hemos estado partiendo del supuesto de que la comunidad

vascongada, aun con todas sus peculiaridades, hacía suya esa escala de valores, fundamentalmente basada

en el racionalismo, que caracteriza a las sociedades occidentales y desarrolladas del Último tercio del

siglo veinte. Pues bien, Una premisa tan elemental, y a la vez tan decisiva, como ésta se ha demostrado

radicalmente falsa.

Y no sólo se ha equivocado el hombre de la calle, no sólo nos hemos equivocado los comentaristas que

escribimos desde Madrid. Entre los grandes fracasados en las pasadas elecciones se encuentran políticos

tan en contacto con su pueblo como Luis Olarra o Roberto Lerchundi. Uno y otro habían actuado

responsablemente desde sus respectivas posiciones ideológicas durante el pasado bienio. El senador real

había luchado lo Indecible por hacer conciliables las reivindicaciones forales con la Constitución a través

de la famosa enmienda a la disposición transitoria octava. Lo del líder comunista había sido la voz más

firme en la denuncia de los métodos sanguinarios de sus antiguos compañeros etarras. La bandera del

sentido común esgrimida por ambos yace, sin embargo, por tierra, sin haber conseguido arrastrar más que

pequeñas cantidades de votantes.

La derrota de Roberto Lerchundi tiene, además, un halo de paradójica tragedia, pues simboliza la de todos

aquellos que durante largo tiempo combatieron contra el franquismo creyendo que luchaban por la

conquista de la democracia y se encuentran con que, alcanzado este objetivo, las armas continúan

disparando, hasta el punto de constituir una amenaza mucho más serla para la pervivencia de la nueva

situación que la que jamás llegaron a suponer para la estabilidad del régimen autoritario anterior. Y es que

los vascos no querían, no quieren, simplemente la democracia. Los vascos matan y mueren por algo más

más sublime, etéreo, irracional e inconcreto. Los vascos matan y mueren por el paraíso terrenal. En plena

era atómica, en el corazón del flanco meridional de Europa, hemos topado nada más y nada menos que

con la reencarnación del mito mllenarista. Por escalofriante que resulte, ésa es la realidad.

NATIVISMO TERCERMUNDISTA Y NACIONALISMO VASCO

La formalización de esta teoría corresponde a Juan Aranzadi —personaje del que no conozco sino el

nombre—, autor de un extenso e importante artículo publicado en la revista «El Viejo Topo» —el caos

vasco requiere ya respuestas heterodoxas— en su número del presente mes de marzo. Aranzadi explica

cómo «el milenarismo es en su sentido estricto la creencia en que al final de los tiempos, Cristo reinará

con los justos en una tierra transfigurada y paradisiaca durante los mil años que precederán al juicio final

y la definitiva instauración del Reino de Dios ya espiritual; pero en .sentido amplio se ha tendido a dar el

nombre de milenarismo a toda doctrina de salvación Que concibe ésta como colectiva, terrestre,

inminente, total y milagrosa».

Es evidente que de esa ensoñación a la idea de pueblo escogido y a la subsiguiente agresividad racista

media un corto trecho. Aranzadi sugiere que ése fue el impulso motriz de los antonianos congoleños o de

los Mau-Mau en Kenya —no menciona un ejemplo tan obvio y reciente como el de los chiítas iraníes— y

concluye que estas manifestaciones de «nativismo tercermundiste», que él considera como «fenómeno

milenarista moderno», registran «claras analogías con el nacionalismo vasco».

Cualquiera que conozca un poco de historia puede tirar con sorprendente facilidad y coherencia del hilo

de tan fascinante teoría. La guerra del Norte siempre fue una guerra de religión en la que los seguidores

del «pretendiente» se alimentaban de la ilusión de una sociedad ancestral igualitaria, olvidando el

predominio de los «jaunak» o «señores» —Fidel de Sagarmínaga se refiere a ellos como «gente

principal» y Navascués como «caballeros de primer lustre»— que a mediados del siglo XVIII llega a

institucionalizarse a través del requisito de poseer un capital mínimo de veinte mil ducados para poder

acceder a las Juntas Generales de Guernica.

Hoy como ayer el Estado liberal es el gran enemigo del milenarismo. vasco. El marxismo-leninismo ha

sustituido al integrismo carlista como mampara ideológica, pero tras él continúa alentando en todo su

apogeo la mística de la predestinación. Por eso un sector del clero vasco ha desempeñado un papel tan

dañinamente decisivo en la exacerbación «abertzale»; por eso los jóvenes que en otros lugares «pasan de

todo» y se entregan al deporte de darle al «porro», en el País Vasco empuñan y disparan metralletas sin

que la sangre de

LA FRASE DE U SEMANA

Los vascos matan y mueren por el paraíso terrenal. En plena era atómica, en el corazón de la Europa

meridional, hemos topado nada menos que con la reencarnación del mito milenarista

sus víctimas engendre el menor remordimiento individual ni colectivo —la «guerra santa» es una santa

guerra—; y por eso uno de los votantes típicos de Herri Batasuna —según me explicaba hace poco un

experto en el tema— «ha sido esa viejecita que acaba de salir de la Iglesia con el rosario entre las manos,

que piensa que cada vez que vienen a Madrid • a los del PNV les toman el pelo y que considera a

Telesforo Monzón como una especie de híbrido entre apóstol, mártir y profeta».

ARZALLÚS-BAZARGAN Y EL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN

La radiografía del interlocutor es ciertamente estremecedora y no inspira ninguna clase de optimismo ante

la negociación que se avecina. Por otra parte, la gran ventaja de cara a este nuevo envite puede ser,

precisamente, el conocimiento de la gravedad de la situación. Un respetable tanto por ciento de la

población vasca aprueba y alienta las acciones objetivamente reprobables de la ETA y un sector todavía

mayor al que, de forma justificada, se acusa de ambiguo, se decantaría del mismo lado si se le colocara

entre la espada y la pared. Los ciudadanos inmersos en estas actitudes podrán merecernos toda clase de

consideraciones filosóficas, morales y éticas de carácter peyorativo, pero forman parte del cuadro real en

él que tenemos que movernos. Está claro que a. todos nos gustaría poder entendernos con ese

intermediario amable llamado Shappur Baktiar, pero ése era el papel que jugaban Múgica, Rubial y

Benegas, añora desautorizados y humillados por las urnas.

En el propio dramatismo del contexto puede estar el detonante que desemboque en una solución aceptable

para todos. A pesar de la facilidad con que Marcos Vizcaya y algún que otro chinche de medio pelo se

llevan a la boca la palabra «independencia». Arzallus-Bazargán, el PNV corno colectivo, es consciente de

que todavía peor que la represión, sería el triunfo pleno de la revolución islámica. El Euzkadi Buru Batzar

necesita llegar a un acuerdo por la vía autonómica tanto o más que el Gobierno de Madrid, pues es la su-

pervivencia física de la burguesía vascongada lo que está en juego.

CUATRO OBJECIONES AL PROYEC. DE ESTATUTO

El proyecto de Estatuto debe ser, por lo tanto, negociable en aquellos puntos en los que su aceptación tal y

como está redactado supondría un impensable primer quebrantamiento grave de la Constitución y que son

fundamentalmente cuatro: la interpretación del artículo 150.2 sobre transferencia de competencias de

titularidad estatal, el tratamiento del tema de la Policía autónoma, la regulación de la Hacienda y la

cuestión de la soberanía. Por lo que se refiere al primer aspecto, el Estatuto vasco incorpora como propias

una serte de competencias cuya transferencia requiere, según la Constitución, del marco de una ley

orgánica previa. Las atribuciones concedidas por el proyecto a la Policía autónoma son la muestra más

flagrante del olvido de este requisito, al ir mucho mas allá de la vigilancia de edificios y la coordinación

de las Policías lócalas, que la Constitución considera como únicas facultransferibles desde el primer mo,

En este orden de cosas, la Junta de concebid» en el Eswuuto como un órgano paritario vasco-españoJ,

constituye una figura tan preocupante como Inaceptable.

Tampoco son de recibo los planteamientos hacendísticos. El sistema de conciertos económicos plantea,

por un lado, problemas de entronque con la Constitución desde un punto de vista puramente formal y

encubre, por otra parte, la mas egoísta de las Insalidaridades. Prueba de ello es la increíble afirmación de

que la presión fiscal no podrá ser «inferior a la inedia en el resto de] Estado», contenida en el artículo 40.

Téngase en cuenta que estamos hablando de la zona más rica de España, de las provincias con mayor

renta per cá-pita que sirven de sede a multitud de empresas, las cuales, después de fabricar sus productos

gracias a la mano de obra procedente de otras regiones y de venderlos en todo el territorio nacional,

tributan en origen; es decir, en Bilbao y San Sebastián.

Dentro de lo que cabe, todos estos temas podrían ser resueltos sin excesivos problemas siempre que se

encontrara una solución válida a la eterna cuestión de la soberanía. Aceptar las cosas tal y como la»

define el proyecto en su actual redacción equivale a optar por el abismo secesionista y en esa encrucijada

siempre predominarían las voces de quienes recordaran que el artículo octavo de la Constitución

encomienda a las Fuerzas Armadas la defensa de la integridad territorial y prefieren estrellarse Por el otro

lado. Es inadmisible que en el apartado segundo del articula primero se afirme equívocament» que «los

poderes del País Vasco emanan del pueblo», cuando las Instituciones autonómicas tan sólo pueden tener

potestad» derivadas. Y es inadmisible, por supuesto, que el proyecto tenga como corolario un»

disposición adicional que afirma. que ni tan siquiera todas las concesiones anteriormente expuestas

Implicarían «renuncia del pueblo vasco a los derechos que, como tal. le puedan corresponder en virtud d«

MI historia y de su voluntad de autogobierno».

UNA NEGOCIACIÓN SECRETA CON ABRIL AL MARGEN

¿Cómo compatibilizar la constitucional!-dad de un Estatuto de autonomía para el País Vasco con la

ansiada restitución foral Quien tenga una respuesta aceptable para ambas partes tendrá en su mano la

llave de la negociación. Tal vez fuera interesante profundizar en la idea de preparar UO preámbulo ai

Estatuto en el que quedar* claro un determinado ánimo por parte del Estado. El verdadero quid de este

embrollo ni siquiera es, sin embargo, encontrar la llave adecuada. Mucho más difícil todavía será

introducirla en la cerradura fita que una puerta tan mohosa y exidada como la que separa a los

nacionalistas .vascos del Gobierno de Madrid, comience A chirriar y termine desplomándose sobre tal

protagonistas del diálogo.

Quiero decir que más importante que «I propio contenido de la negociación es su forma. La situación es

tan delicada que todo estaría perdido en el momento en que la viejecita partidaria de la canonización de

don Telesforo pensara que de nuevo los «maketos» liberalones e impíos de Madrid han vuelto a engañar a

la cohorte d» arcángeles enviados por Dios para guiar a su pueblo en la travesía del desierto bajo la forma

de diputados nacionalistas. Para que existiera, la mínima posibilidad de éxi-to la negociación debería

reunir dos condiciones. En primer lugar, tendría que llevarse en el más absoluto secreto. En segundo

lugar, habría que mantener a Fernando Abra —también a Martín Villa. aunque por razones diferentes—

completamente al margen de la misma.

El reto es gigantesco, y apenas si hay espacio de maniobra. Suárez debe dejar de jugar a la pequeña

intriga política coa mentalidad minifundista y dedicar todo su tiempo y esfuerzo a la resolución de este

maldito Jeroglífico. Si la democracia española se rompe la crisma en el fondo de un barranco, a nadie le

importará y» que Pujol y Rojas Marcos hayan apoyado o no BU Investidura.—Pedro J. RAMÍREZ.

 

< Volver