Autor: Fernández-Rúa Plasencia, José María . 
 No hubo debate, pero sí tormenta parlamentaria. 
 Suárez, investido con los votos de cinco partidos  :   
 A los de UCD (168) se sumaron los de CD (9), PSA (4), P. Regional Aragonés (1) y Unión del Pueblo Navarro (1). 
 ABC.    31/03/1979.  Página: 1, 5. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

NO HUBO DEBATE, PERO SI TORMENTA PARLAMENTARIA

SUAREZ, INVESTIDO CON LOS VOTOS DE CINCO PARTIDOS

A los de O (168) se sumaron los de CD (9), PSA (4), P. Regional Aragonés (1) y Unión del Pueblo

Navarro (1)

EL Congreso de los Diputados aprobó ayer, por mayoría absoluta, la investidura de Adolfo Suárez cómo

presidente del Gobierno. El señor Suárez obtuvo, en primera y única votación, 183 votos a favor, por 149

en contra. Se registraron ocho .abstenciones y 10 ausencias. La sesión se carácter izó por una clarar

hostilidad, que se tradujo en repetidas ocasiones en abucheos, pitidos y pataleos por parle de los grupos

parlamentarios de ideología izquierdista. El propio Adolfo Suárez, cuando comenzó la exposición de su

discurso programático en e] hemiciclo de la Cámara, fue objeto de notorios signos de desaprobación

desde los escaños ocupados por diputados del PSOE y del PC E cuando aludió a la Incorporación de

España a la OTAN.

La sesión comenzó con veinte minutos de retraso. Adolfo Suárez y la mayor parte de los diputados

permanecían en sus escaños desde las once de la mañana, hora fijada ¡para su comienzo. Las tribunas

destinadas al público estaban completamente repletas. En la de honor se encontraba el presidente de la

Cámara Alta. Juan Antonio Guerra Zunzunegui.

El presidente del Congreso, Landelino Lavilla, a las once y veinte de la mañana anunció que se abría la

sesión y ordenó a uno de los secretarios de la Mesa que diera lectura a la resolución de la Presidencia de

la Cámara, en la que se establecen las normas por las que se rigió el acto de investidura. En ese momento

hizo su entrada en el hemiciclo el titular de la cartera de Obras Públicas y Urbanismo, Joaquín Garrigues

Walker. Adolfo Suárez se levantó de su escaño y le saludó efusivamente.

FELIPE GONZÁLEZ PIDE UN DEBATE PREVIO.—Una vez que el señor Carvajal (UCD) leyese el

documento mencionado, Felipe González, secretario general del PSOE, pidió la palabra para una cuestión

de orden y se dirigió a la tribuna de oradores. «Permítame que aproveche el eco que aún resuena en esta

Cámara de sus recientes palabras en el momento de su toma de posesión —comenzó diciendo Felipe

González refiriéndose a Landelino Lavilla— para plantear una breve cuestión de orden. Su señoría

manifestó su voluntad de ser presidente de todos. En nombre de una parte de ese todo, la, formación

política que representa, que está en total desacuerdo con las normas dictadas para este acto, le ruego

someta a consideración de la Cámara la oportunidad o no de un debate parlamentario en torno a la

Investidura del candidato a la Presidencia del Gobierno.»

GRITOS SOCIALISTAS.—El presidente del Congreso contestó que mantenía su criterio de ser

presidente de todos, pero que las posiciones infexibles de las formaciones políticas de la Cámara le habían

obligado a tener que ejercitar las facultades reglamentarlas que se le conceden, «contra lo que es mi

voluntad», agregó: «Esta Presidencia —concluyó el señor Lavilla— se mantiene en la resolución adop-

tada sin celebrar debate alguno.»

Landellna Lavilla fue interrumpido en dos ocasiones por diputados socialistas que airadamente

expresaron su oposición a los argumentos que ofrecía. También se unieron otros grupos, como los

comunistas y el Partido Nacionalista Vasco. Las últimas palabras del presidente del Congreso fueron

acogidas con pataleos y gritos. Se pudo escuchar con claridad cómo Santiago Carrillo, secretario general

del Partido Comunista, pedía orden a gritos y solicitaba la, palabra para intervenir.

El presidente del Congreso advirtió a Santiago Carrillo que no había lugar a debate sobre el tema, a lo que

replicó el secretario del PC que pretendía presentar una proposición a la Mesa amparándose en el artículo

54 del Reglamento.

Una vez restablecida la calma, Santiago Carrillo explicó que un centenar de diputados de su partido, del

PSOE y del Partido Socialista Andaluz habían firmado una proposición para que el orden del día de la

sesión sufriera alteración. «El sentido de esta alteración —señaló Carrillo— consiste en la inclusión como

primer punto del orden del día del contenido siguiente: que el pleno de la Cámara se pronuncie, en uso de

su autonomía reglamentaria proclamada en la Constitución, sobre la ratificación o no de las normas

dictadas por la Presidencia del Congreso, para la regulación de la investidura de presidente del

Gobierno.»

«En consecuencia —terminó diciendo el diputado comunista—. se insta a la Presidencia de la Cámara a

que, acto seguido a la recepción del presente escrito, someta al Pleno del Congreso la alteración del orden

del día.»

Una ovación acompañó las últimas palabras de Carrillo, mientras que Landellno Lavilla, sosegadamente,

replicaba al secretario del PCE que su petición se refería al orden de la sesión y no al orden del día.

Siguieron escuchándose gratos de protesta y una voz que, desde el hemiciclo, decía «agitadores, no». De

nuevo, Carrillo pidió la palabra para rectificar, al tiempo que Manuel Fraga Iribarne, portavoz de Coa-

lición Democrática, solicitaba la palabra para «otra cuestión de orden».

Santiago Carrillo subrayó que el presidente del Congreso había olvidado algunos detalles en su

Interpretación del Reglamento, como —según dijo— que no había celebrado reunión la Junta de

Portavoces porque no estaban constituidos los grupos parlamentarios. «Sin embargo —añadió—, sí hubo

una reunión de los dirigentes de los partidos convocados por el presidente del Congreso, y en ella todos,

menos UCD, pidieron que hubiera debate después del discurso del candidato y antes de la votación.»

Alzando el tono de voz, Santiago Carrillo manifestó que el presidente del Congreso había interpretado el

Reglamento como le había parecido para, seguidamente, decir que era un precedente nefasto y que «UCD

restringe la soberanía del Parlamento y se cisca en la autoridad del Paramento en pleno».

En ese instante, los diputados comunistas socialistas que forman parte de la Mesa entre dios Ignacio

Gallego y Luis Gómez Llórente— abandonaron la presidencia y no la volvieron a ocupar en toda la

mañana.

Landelino Lavilla volvió a insistir en sus argumentos, diciendo que la Presidencia, en uso de sus

responsabilidades, acordó, después de escuchar a los líderes de los partidos, adoptar la resolución más

conveniente.

SOCIALISTAS Y COMUNISTAS APLAUDEN A PRAGA.—Manuel Fraga Iribarne (CD) subió a

continuación al estrado para anunciar una tercera cuestión de orden. «La interpertación del presidente del

Congreso —dijo;—, en mi opinión, es errónea, ya que el artículo 72 de la Constitución dice que las

Cámaras establecen sus propios Reglamentos y. por tanto, es dueña, en todo momento, de su Reglamento,

y naturalmente no se puede cambiar sin las prescripciones del Reglamento. Pero cuando se trata de una

disposición nueva emanada de la Mesa, la Cámara puede discutirla.»

El señor Fraga Iribarne anunció que, sin entrar en la cuestión de fondo, no tenía duda de que la moción

socialista tenía que ser sometida a votación. Socialistas, comunistas y peneuvistas aplaudieron al portavoz

de Coalición Democrática.

Landelino Lavilla replicó al señor Fraga, señalando la potestad autonormativa de las Cámaras, tal y como

se recoge en la Constitución, y de la misma forma en que está contemplado en todas las Constituciones

europeas.

VOTACIÓN NOMINAL.—Felipe González, desde su escaño, pidió que constara la protesta de su

partido, y recalcó que el señor Lavilla no era el presidente de todos. «Al menos —concluyó—, no lo es de

los que hemos hablado.»

A continuación se adhirieron a la protesta los señores Solé Tura (comunista). Sagaseta (Unión del Pueblo

Canario). Bandrés (Euzkadiko Ezkerra), Martín To-val (Socialistas de Cataluña), Arzallus (PNV), Barrera

(Ezquerra Republicana). Roca Junyent (Convergencia y Unión), López Raimundo (PSUC) y Gruñuela

(Partido Socialista Andaluz).

Las protestas volvieron a producirse cuando el presidente del Congreso anunció que proseguía el orden

del día establecido, al tiempo que requirió al candidato a la Presidencia del Gobierno para que subiese a la

tribuna de oradores. Fuertes aplausos de los diputados de UCD. puestos en pie, rubricaron el anuncio del

señor Lavilla.

Durante la intervención del señor Suárez, que recogemos en otro lugar de este número, y que tuvo una

duración de un» hora y doce minutos, los diputados socialistas estuvieron entrando y saliendo del

hemiciclo, mientras otros parlamentarlo» del PSOE desplegaban en sus escaños, de forma ostentosa,

periódicos y revistas.

El discurso presidencial fue calurosamente aplaudido por los diputados centristas. El resto de la Cámara

permaneció en silencio.

A la una y cuarto de la mañana se procedió a la votación nominal y pública, que arrojó el resultado que se

mención» al Inicio de esta crónica. El comunista sevillano Fernando Soto Martín contestó así cuando fue

nombrado para emitir su voto: «Por comunista, andaluz y trabajador, no.»

Minutos antes de las dos el presidente del Congreso levantó la sesión para continuar por la tarde, con el

fin ¿e que los grupos parlamentarlos explicasen su voto. J. M, FERNANDEZ-RUA.

LA VOTACIÓN

Adolfo Suárez fue investido presidente del Gobierno por el Congreso de acuerdo con el resultado de la

votación:

A favor.................. 183

En contra ............ ... 149

Abstenciones............... 8

Apoyaron la investidura presidencial cinco opciones parlamentarias:

UCD..................... 168

CD......... ............ 9

PSA........´."............ 4

UPN ..................... 1

PRA...... ... ............ 1

Los partidos que votaron en contra fueron: el PSOE, PC-PSUC, Euzkadiko Ezkerra, Ezkerra Republicana,

Unión del Pueblo Canario, Partido Nacionalista Vasco, Unión Nacional. .No asistieron los~ diputados de

la coalición vasca Herri Batasuna.

Se abstuvieron los ocho diputados de Convergencia y Unión de Cataluña.

 

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