Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Oposición y buen sentido     
 
 ABC.    31/03/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Planetario

OPOSICIÓN Y BUEN SENTIDO

Dos cosas se han puesto claras al iniciar su legislatura la primera Cámara de los Diputados constitucional:

que, terminada la etapa de consenso, comunistas y socialistas están frente al Gobierno ucedista en neta

oposición, y que socialistas y comunistas empiezan su dura marcha dentro de la ortodoxia constitucional

y parlamentaria. Aquéllas más o menos veladas amenazas de abandonar la sala de sesiones si no se abría

debate sobre el discurso-programa de Adolfo Suárez, como aspirante a la investidura, no se han

producido. Socialistas y comunistas han desahogado la energía pedestre acumulada, pateando, en vez de

caminar por los pasillos.

Patear, manotear y gritar son atribuciones de todos los señores diputados en los Parlamentos

democráticos. En el infries se llegaba tradicionalmente a más. A utilizar los pies no sólo para patear, sino

para ponerlos encima de la mesa.

Se ha chillado y pateado al presidente Suárez, diríamos que dentro de los límites convencionales y hasta

necesarios para que la base quede convencida de que esto empieza sin pasteleos, pero se ha votado lo

bastante seriamente para que los campos queden por el momento deslindados, sin caer en el error

antiparlamentario de intentar desvalorizar la investidura con atropelladas salidas del salón de sesiones.

Salir era empezar rompiendo, o por lo menos deteriorando la baraja, y eso hubiera sido fatal después de

cuarenta años de no tenerla.

Cuenta Pedro Sáinz Rodríguez en su interesante libro, «Testimonio y recuerdos», que en las

Constituyentes de la segunda República sólo se autorizaron tres discursos en contra y tres en pro de la

totalidad de la Constitución, y que él, diputado de rotunda definición derechista, obtuvo del presidente

Besteiro el derecho a utilizar uno de los tres turnos en pro —en contra no quedaban libres—, con lo que,

dice el ilustre profesor, «creo que el discurso más duro en contra de la Constitución, más razonado y a la

vez más objetivo, fue el mío.» Hay trampas para todo en ana liberal práctica de la actividad parla-

mentaria. Aquella libertad duró poco. Confiemos que ahora dure más y que abunden más las razones que

los pateos y las voces que los gritos.

Realmente el programa del Gobierno no tenía por qué ser sometido a debate antes de la votación. Si

Suárez hubiera, tras la discusión, modificado su programa, habría empezado ya a deteriorar sus

compromisos electorales. Tiempo tendrá de hacerlo. Como los partidos de la oposición. La política es,

debe ser, pacto y compromiso. Cuento Alain Pey-reffite en «Le mal francais» que en víspera de la

elección presidencial de 1974 le visitó el embajador soviético para decirle que su Gobierno, si Chaban era

superado por Giscard en la primera, vuelta, sería partidario de éste. No del socialista Mitterrand, cuya

política exterior podría producir el «efecto se-rendrp», del que hablaré mañana. Los soviets estimaban

más conveniente para su política el triunfo del derechista moderado que el del socialista, ideológicamente

más cercano. La oposición exige buen sentido. Hoy, aquí, ha demostrado tenerlo. — Lorenzo LÓPEZ

SANCHO.

 

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