Elecciones generales 1979. 
 Las colas, heladas por el frío matinal  :   
 Más participación que en el referéndum. 
 El Periódico de Madrid.    02/03/1979.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Las «colas», heladas por el frío matinal

Más participación que en el referéndum,

Madrid. - Pocas «colas» —aunque importantes— y «tráfico» fluido de. votantes fueron las notas

fundamentales de la jornada electoral de ayer en Madrid

Las «colas» aparecieron, sobretodo, a primeras horas de la mañana en los colegios electorales, que

recogían mayor número de mesas. Entrada fá tardé, las «filas» de espera surgían en !a mayoría de los

puntos. En el colegio electoral del Grupo Escolar Zumalacárregui — Bravo Murillo, 162 - la cola

superaba los 300 metros cerca del rtíediodía, manteniéndose parecido ritmo durante toda la jornada.

En esa zona más dé una vez se oyeron llamadas de alguien que en el trasiego de la espera había perdido a

su familia. Los más, se apretujaban para evitar el frío y alguna anciana echaba de menos la estufa de su

casa, mientras se quejaba del reúma y de los años.

Nicolás Sartorios, que volaba en el distrito de Tetuán, aguantaba, con él rostro enrojecido por el frío) ios

«ataques» de los fotógrafos que hacían volverse, sorprendidos, a los otros votantes.

Consuelo^Rubio, 75 años, esperaba sentada en una de las aulas del Grupo Escolar Menéndez Pélayo a

que le tocara su turnó,electoral. A pesar de los achaques, Consuelo se había levantado de la cama y salido

dje su casa, sólo para votar. «Quería recordar este día », dijo.

Los votantes del Colegio Andrés Manjón, en !a calle Francos Rodríguez, recordarán claramente éste

Corno el voto del «tráfico»-.. Poco después de las nueve y media de la mañana, ocho guardias de tráfico

irrumpieron todos junios en el Colegio Electoral —trajes azules, cascos blancos— y, uno por uno,

depositaron sus votos. Sin aglomeraciones, nicolas.

Donde tampoco hubo colas de votantes, fue en el Palacio de Congresos. Y, sin embargo, se votó. Poco

después de las diez dé la mañana; se habilito una urna especial para los camareros del bar del Palacio,

Pero, al fin y al cabo, el espectáculo valía la pena para muchos después de la espera. Hay quien hasta

quiso pagar por votar. Una señora que, tras escuchar del presidente de mesa el número que le había

tocado en la lista de mesa —el 125— depositó su voló y, en consecuencia, quiso abonar la cantidad que le

correspondía. Las 125 pesetas,, evidentemente, no fueron aceptadas. Es él «.coste» de la democracia.

 

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