Autor: Tusell, Javier. 
   ¿Rocambó?     
 
 Diario 16.    02/02/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Diario 16/2 febrero-83

JAVIER TUSELL

Catedrático de Historia Contemporánea

¿Rocambó?

La «operación Roca», que busca constituir una amplia coalición centrista en torno al líder catalán Roca

Junyent, le parece al autor una posibilidad esperanzadora. Se trata de llevar a la práctica lo que Francesc

Cambó no pudo conseguir para Cataluña y España entera.

Para muchos de los espectadores de la política nacional resulta obvio que la parte de la sociedad española

que no ha votado a los socialistas en las pasadas elecciones de octubre (y su correspondiente porción de la

clase política) tampoco ha sido capaz de reaccionar ante la derrota de una forma que haga viable algo que

pueda considerarse como alternativa política eficaz.

Se podrá decir que sería demasiado optimista juzgar posible esta reacción en un plazo corto de tiempo, e

incluso innecesario, dado el lapsus que ha de transcurrir hasta hacer constitucionalmente viable esa

alternativa. Hay razón, quizá, en juzgar demasiado optimista esa capacidad de reacción porque uno está

ya curado de espanto con esta porción de la sociedad española, que tiene la inveterada costumbre de

pensar demasiado en el pasado o de jugar cotidianamente al suicidio.

La oposición

En cambio, está naciendo una tendencia preocupante entre los no socialistas, que podría resumirse en la

siguiente proposición: «Los socialistas lo están haciendo muy mal y la catástrofe es inminente.» Que tal

afirmación salga de los labios de la derecha conservadora puede tener su lógica, pero carece de ella en la

boca de otros sectores de la vida nacional.

En primer lugar, porque aunque fuera así, es una pésima manera de oponerse, a quien está en el poder con

una victoria tan aplastante y con el mérito de haber creado una ilusión nacional, plantear una tan

inmediata campaña electoral que no podrá llevarse a cabo sino dentro de cuatro años.

Pero, además, es que simplemente no corresponde a la verdad la afirmación de que en tan sólo dos meses

hayamos pasado de una brillante situación a unos negros nubarrones. Lo que han hecho los socialistas en

estas semanas es lo que era esperable: alguna metedura de pata, bastantes ingenuidades y un exceso de

gestos!

Quejarse, por ejemplo, de que la prensa del Estado ha caído en manos de personas de significación

partidista es grotesco, cuando se ha dispuesto de la oportunidad de hacer desaparecer una prensa del

Estado que no tiene sentido en un país democrático.

A lo sumo la incipiente gestión socialista es merecedora de un cierto fastidio ante los ejercicios,

frecuentes y poco recomendables, de la «moralina» y el sectarismo. Crear en la política un aliciente ético

es recomendable; convertir la política en ética o en predicación y aplicarla a todas las cuestiones no tiene

sentido. La cuestión de las incompatibilidades es de organización, no de moralidad. Con la moralidad

aplicada a este terreno va a resultar que lo condenable es tener espíritu de emulación o voluntad de

mejora.

Nada trágico

En cuanto al sectarismo, en el pasado Gobierno funcionaba infinitamente menos porque la UCD estaba

mucho peor organizada. Considerar que todos los subdirectores generales deben ser socialistas uterinos

(desde antes de haber nacido) y, desde luego, la totalidad de los periodistas bien ubicados por el Estado es

un error, que hay que confiar que no prosiga. A fin de cuentas, la gente se divide en listos y tontos y sólo

una parte de los primeros son socialistas.

Pero no convirtamos ese cierto fastidio en una tragedia. El Partido Socialista tiene un largo voto de

confianza que de ninguna manera hay derecho a quitarle en unas cuantas semanas. El verdadero problema

en la política española sigue estando en la carencia de una alternativa real.

A muchos españoles nos parece muy positiva la forma en que se pronuncia y ejerce la oposición él señor

Roca Junyent: como él, vemos en los socialistas el mérito indudable de haber creado un nuevo entusiasmo

nacional, pero nos preocupa la viabilidad de su programa y su adaptación a las circunstancias españolas.

En definitiva, juzgamos que el señor Roca tiene las condiciones de sentido común, capacidad técnica e

inteligencia dialéctica como para constituir una resurrección de Cambó. Este Roca-Cambó sí que puede

llegar a ser una posible alternativa´ al actual presidente del Gobierno. Es sólo una de las posibles, pero

ahora mismo también de las más serias.

¿Será, en estas condiciones, oportuno recordar al señor Roca una enseñanza de la historia? Los

historiadores sabemos que hubo dos ocasiones en las que Cambó intentó que la política catalana influyera

en la española decididamente. La primera fue en 1918: Cambó hizo una campaña por toda España ,

auspiciando a candidatos regionalistas que, al cabo de muy poco tiempo, se demostraron ficticios y en las

Cortes no supusieron más que unas cuantas actas más sin verdadero peso político.

Intentar ahora lo que Cambó quiso llevar a cabo en 1918 tendría el mismo resultado: no está España para

la reinvención de regionalismos que acaban por tener el regusto de imperialismo catalán. Pero hay otra

posibilidad, que es la que Cambó trató de llevar a la práctica en 1930. Se trataba entonces, en unas

circunstancias más difíciles, de construir, a partir de elementos preexistentes, una formación política

capaz de juzgar un papel decisivo en la vida política española.

En la hora de crear una alternativa que no existe, esta lección no debiera ser olvidada, porque sumar a las

obvias dificultades que va a tener las complementarias de un mal punto de partida, puede ser suicida.

 

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