Autor: Mayor de la Torre, Juan. 
   Juan de Avalos: No fui el escultor del régimen     
 
 Ya.    07/08/1977.  Página: 9-10. Páginas: 1. Párrafos: 33. 

JUAN de AVALOS

"no fui el escultor del regimen"

"No es cierto que cobrase diecisiete millones de pesetas por mi trabajo en el Valle de los Caídos. Mis

honorarios fueron de novecientas mil pesetas"

"Jamás he estado agarrado a la ubre del Estado"

"Mi trabajo en e! Valle de los Caídos lo hubiera hecho cualquier artista sin preguntar más"

"En el ano 42 fui depurado y estuve a punto de que me fusilaran"

PARA Juan de Avales, escultor y académico de San Fernando, a los españoles nos falta, información y

amor a las belfas artes. SI es así, muchos lectores podrían no conocerle. Avalos nació en Mérida. Su vida

es como huella de gubia. Como barro, yeso, madera, piedra, mar» mol..., bronce. Aprendió el oficio y lo

amó en lo más elemental de un anticuario. Luego fue graduado en Bellas Artes y más tarde profesor de la

Escuela de Artes y Oficios. Durante veinte años se ganó la vida como dibujante técnico y publicitario;

durante otros seis trabajó en Portugal. Tuvo en su vida fatigas, disgustos y premios, como todos, y

muchos españoles le conoce»—aunque sus obras estén en museos, exposiciones, colecciones particulares

y en público en eI mundo en-tero—por la Piedad del Valle de los Caídos y par ta fuente de Jiménez Díaz,

junto a la clínica de la Concepción, de Madrid.

—Qué duda cabe que el Valle de los Caídos, por su monumentalidád insólita, es capaz par si mismo de

otorgar la fama, ¿Cómo surgió lo del Valle?

—Yo ya habla tratado coa el arquitecto Díego Méndez. Pero en la Exposición Nacional de Bellas Artes

del año mil novecientos cincuenta, que Franco inaugura, yo exponía ei grupo titulado "El héroe muerto",

que regalé a mi tierra ; hoy está--en Badajoz. Al Caudillo le gastó mucho, me presenti a él el marques de

Lozoya, que era, director general de Bellas Artes, y estuvo hablando conmigo durante diez minutos, cosa

inhabitual en una exposición. Citó el Valle y le dije que sería la oportunidad para la generación

sacrificada de artistas del treinta y seis.

—¿Qué era para usted ese trabajo?

—Un trabajo como ése, tan singular, lo hace un artista sin preguntar mas. Y el que diga otra cosa, miente.

Yo lo hubiera hecho gratis. Estaba haciendo cosas muy importantes en Portugal y las pospuse. Dejé otro

trabajo por el que iba a cobrar trescientas mil pesetas, cantidad que entonces no era una tontería. Además,

la idea de albergar bajo la cruz los restos de españoles caídos por sus respectivos ideales me pareció de

enorme belleza.

La verdad sobre el Valle

—Sin embargo, yo he leído que usted ganó...

Me interrumpe.

—Si. se refiere a "La verdad sobre el Valle de los Caldos", debía titularse al revés en lo que se refiere a

mi persona. Si» autor, el señor Sueiro, djce que yo gané diecisiete millones. Es incierto, y él o lo sabía o

debió informarse mejor. Le llamé y le entregué fotocopia de todas las certificaciones y recibos para que

subsanase el error. Es muy sencillo, y obligado para quien pretende hacer historia.

Cuando me preguntaron cuánto costaría la obra me sentí incapaz de contestar honradamente. No era sólo

el modelado; eran las ampliaciones, los artesanos... Píense que la figura mayor está compuesta de mil

doscientos bloques. £1 arquitecto, con mi ayuda, hizo los cálculos, y nos salían ocho millones y pico.

Decidieron aumentar el presupuesto a nueve y que el diez por ciento del total fuesen mis honorarios, es

decir, novecientas mil pesetas. Como el trabajo fue titánico y surgieron «luchos imprevistos, me ayudaron

en el coste de los transportes. Lo demás son fantasías. Ya le he dicho a Sueiro que faltó a la verdad.

También he escrito una carta un poco dura al arquitecto, señor Méndez, y me ha contestado que él no ha

sido. Que no tiene parte en eJ error. Como dato adicional, le diré que incluso yo mismo dirigía la

colocación de las estatuas sin cobrar un céntimo.

—¿Interivenía o dejaba sentir su criterio el generalísimo sobre su obra?

—No. Yo lo traté superficialmente, pero creo que intervenía menos de lo que a mí mismo, me decían. A

veces he pensado que estaban echando a los artistas encima, del caudillo. Eran cosas de otros.

—¿ Supo lo que Franco pensó de sus esculturas?

—En una ocasión que el jefe del Estado iba al Valle, me invitaron. Por cierto, que se les olvidó avisar al

arquitecto. ¡Qué cosas! Le rogué su opinión: "Tremendamente hermosa la Piedad. Tremendamente

hermosa. Muy bien, Avalos, muy bien."

—¿Es Avalos un hombre político?

—He contado muchas veces la anécdota: Cuando a

 

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