Autor: Dávila, Carlos. 
 Según el líder liberal, el PSOE ya ha ocupado los centros de poder. 
 Antonio Garrigues: Vamos a echarle un pulso a la bipolarización     
 
 Diario 16.    18/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Antonio Garrígues: «Vamos a echarle un pulso a la bipolarización»

Antonio Garrígues, número uno de la candidatura del Partido Demócrata Liberal a la Alcaldía de Madrid,

señaló en conferencia de prensa que su grupo no comparece para perjudicar ni beneficiar a nadie, «sino

porque cree que tiene un espacio electoral propio en el espectro político». Y aseguró que el PDL estaba

dispuesto

Carlos DAVILA, corresponsal político

Madrid — El liberalismo quiere echar un pulso a la bipolarización. Este parece ser el sentido de la

comparecencia electoral del partido que lidera Antonio Garrígues y que se presentará, al menos en 20

provincias, a las elecciones municipales y autonómicas del próximo 8 de mayo.

Estas elecciones además, son, por su carácter, muy adecuadas para el estreno de un partido que, a última

hora, se quedó fuera el pasado octubre.

Garrigues no pudo culminar entonces un pacto de coyuntura con UCD y fue relativo fracaso, es posible

que le haya resultado providencial.

Hoy, el partido —implantado en toda España y con las fichas de los militantes liberales que en otoño aún

seguían en UCD—, tiene como meta alcanzar ese 5 por 100 frontera, mínimo porcentaje electoral que la

ley prevé para tener asientos en los Municipios y Parlamentos autonómicos.

Mapa político

El Partido Demócrata Liberal tiene estructura federal y, por ello, esos comicios, le resultan singularmente

propicios. Su vocación ideológica central entre dos fuerzas ahora hegemónicas, le permite, según asegura

Antonio Garrígues, una equidistancia política entre dos polos y una postura de espera, puesto que, en

opinión de ios liberales, el mapa español aún no está definitivamente diseñado. El PDL tratará de

conseguir muchos millares de los tres millones de votos centro-progresistas que el PSOE recibió en las

generales de octubre, votos que según reconocía el mismo presidente del Gobierno, «le habían sido

prestados». El PDL, por su significación progresista, lejano a los presupuestos meramente economicistas

y conservadores que envuelven la ideología de los liberales residuales que acaudilla Pedro Schwartz, tiene

más posibilidades de arañar voluntades «por la derecha» del PSOE que «por la izquierda» de Alianza

Popular.

Bipolarización

Garrígues, que pretende conseguir representación en la totalidad de circunscripciones en que se presenta

su partido, no habla de posiciones apriorísticas ante futuras coaliciones de conveniencia. No descarta, en

una palabra, acuerdos ni con el PSOE ni con Alianza Popular.

En el centro, los liberales del PDL se van a encontrar con el Centro Democrático y Social de Adolfo

Suárez, un partido confusamente imbuido de una ideología com unitario-personalista, que presenta en

Madrid a una candidata, Rosa Posada, que ya fracasó en su intención de conseguir un escaño en el

Senado. La competencia entre estos dos grupos radica menos en la capacidad de arrastre de las

candidaturas que en los apoyos que suscite la presencia en la campaña de sus dos líderes: Garrígues y

Suárez.

Los dos partidos, que no pueden entenderse en un convenio preelectoral porque sus ideologías, siendo

centristas, tienen muy escasas similitudes, son víctimas de un sistema electoral que premia

descaradamente a las grandes formaciones; tiene razón, pues, Antonio Garrígues cuando señala que «no

es que España tienda irremediablemente a la bipolarización, sino que las leyes electorales fuerzan la

división en dos bloques antagónicos».

Cíen días

Al revés que en las comparecencias de otros líderes políticos en los pasados días, Garrígues analizó

escasamente la gestión de los «cien días socialistas». Si se mostró cauto y aseguró que su opinión no era

negativa, aunque insistió en el evidente peligro que resulta de la inflación de poder que están recogiendo

los políticos del PSOE. Su pensamiento puede resumirse en esta estimación: «Con una derecha

descalificadora y un socialismo empachado de poder, las perspectivas para la estabilidad democrática no

son buenas.»

 

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