Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   El lío reformista     
 
 Diario 16.    20/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

El lío reformista

ESTOS días, lectores, se está hablando muchísimo de la operación reformista que capitanea Miguel Roca

como mascarón de proa de toda la iniciativa. Y, curiosamente, los comentarios, dimes y diretes, los gritos

y susurros tienen las procedencias más variadas e impensables. Sólo se advierte un hermetismo: el de los

promotores de la operación, es decir, el propio Miguel Roca y esa misteriosa y desconocida comisión

gestora del PRD, que trabaja en silencio desde hace meses, ahora en un modesto pisito de la madrileña

calle de General Mola, en el que aún no tienen teléfono. La versión, la imagen que ha trascendido estos

días a los medios de comunicación es, poco más o menos, ésta: desprecio por parte de Alianza Popular y

del Partido Socialista a la operación, a la que auguran el más estruendoso de los fracasos por tratarse,

según estas versiones, de una experiencia política «in vitro», un partidito-palé, de juegos reunidos

Geyper.

Los posibles candidatos a la adhesión —a excepción quizá de las discretas y prudentes declaraciones de

Garrigues— han optado por la displicencia, por la ostentación de púrpuras, bastante inexistentes por otra

parte. No hay nada hablado, no nos interesa, a ver si ahora va a venir un catalán aquí a Madrid a

liderarnos a nosotros, estaría bueno, etecé. Y, sin embargo, la realidad es muy otra.

Desde el mismo momento en que la llamada «operación Roca» se puso en marcha, se formaron colas au-

ténticamente soviéticas para ponerse en contacto con Miguel y sus «jóvenes lobos» reformistas, todos

ellos antiguos altos cargos del centrismo, pero con la cara limpia y sin contaminar por los rifirrafes y

golferías que caracterizaron el descomunal guateque ucedeo.

LES voy a dar, lectores, algunos nombres que quisieron apuntarse a la operación: José Pedro Pérez-

Llorca, ex ministro de Asuntos Exteriores; Rafael Arias-Salgado —uno de los más interesados—, ex

ministro de varias cosas; Ignacio Camuñas, que, para presentarse con mayor fortaleza que la que pudiera

derivarse de su propio nombre, montó otra vez el numerito que hizo con Adolfo Suárez en la gestación de

UCD, lanzando un fantasmal e inexistente partido sociai-libe-ral, con los cuatro amigúeles de siempre, el

chófer y el portero de su casa; Luis Gámir, socialdemócrata y ex ministro de Comercio. Y, pásmense,

lectores: el más espectacular de todos: el mismísimo Leopoldo Calvo-Sotelo, ex presidente de Gobierno,

que llegó a manifestarle a Miguel Roca que «me interesa mucho esa operación tuya, Miguel». Es decir,

todo el mundo quiere ahora inscribirse en el rollo reformista, aunque de cara a la opinión pública monten

el farisaico saínete de la altanería, como el hidalgo arrumado y hambriento.

¿Y qué opinan los reformistas, los nueve miembros de la comisión gestora con Roca a la cabeza? Pues

muy sencillo: en el PDR no entra ni un solo ex ministro centrista (acaso una brillante excepción: Rosón).

Y los miembros que pasen, tendrán que hacerlo de uno en uno y con el carnet en la boca. La tesis de los

reformistas es tan sencilla como razonable: sería suicida construir un partido a imagen y semejanza de

UCD, sobre unos cimientos apoyados en personalidades fracasadas. Los poderes actuales del PDR son

esa cantera de 7.000 concejales independientes que acribillan la geografía local española, y varios cientos

de altos cargos de la administración centrista, aún sin quemar. Es decir, intentan que el PDR sea un

partido serio.

EL mecanismo del amigúete personal, tan utilizado en la extinta UCD, ha quedado terminantemente

excluido como fórmula de captación. En cada provincia se elegirá al candidato de más prestigio, nada de

cuates.

Mientras tanto, los miembros de la comisión gestora siguen guardando prudente silencio, aunque crece la

irritación en el seno del grupo ante las delirantes declaraciones que algunos centristas están lanzando a la

opinión pública.

Y, por su parte, en el seno de Alianza Popular existe una cierta preocupación por la «operación Roca». La

tesis sostenida por algunos aliancistas de que debería permitirse el nacimiento de un partido de centro

reformista, como fórmula para deshancar al socialista del poder, ha sido borrada de un plumazo por Don

Manuel, con un «no» rotundo. Y así están, hasta ahora, las cosas del PRD...

 

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