Autor: Jiménez Blanco, José. 
   Los votos prestados del PSOE     
 
 Diario 16.    21/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Los «votos prestados» del PSOE

El presidente del Gobierno ha reconocido que su partido tiene más de tres millones de votos que no son

«suyos», o sea, socialistas. Para prever qué puede ocurrir con esa fuerza decisiva es importantísimo

analizar su procedencia y sus razones.

La composición del voto al PSOE, en números redondos, es la siguiente:

1.100.000 procedentes del PCE, 11 por 100. 5.400.000 del PSOE, 55 por 100. 1.600.000 procedentes de

«No votó» y «Otras respuestas», 16 por 100. 1.700.000 procedentes de UCD, 17 por 100.

De este cálculo, basado en las hipótesis de Rafael López Pintor y Manuel Justel, resulta que un total de

4.400.000 votos pueden considerarse prestados o, por decirlo de otra manera, de no «estricta observancia

PSOE». O sea, un millón más de los que reconoce Felipe González.

Esto queda todavía más claro cuando se considera la definición ideológica de los votantes del PSOE, tal

como aparece reflejado en la encuesta poselectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas, realizada

en noviembre último.

Ideología

Al preguntarles a éstos que en qué lugar se sitúan de una escala ideológica que va de la extrema izquierda

a la extrema derecha, los votantes del PSOE se autodefinen como de izquierdas en sólo un 25 por 100,

mientras que los que se definen de centro-izquierda representan el 75 por 100, o sea, la inmensa mayoría.

En la medida en que el PSOE quiera jugar a la ambivalencia de ser un partido de izquierdas —e incluso,

de monopolizar la izquierda en su conjunto— y presentarse ai electorado con un moderado programa que

a lo más que puede aspirar es a que lo reconozcamos como socialdemócrata, el juego sólo es posible

atendiendo a lo que piensa el 75 por 100 del electorado, que al calificarse a sí mismo como de

centroizquierda, en realidad como se está definiendo es como socialdemócrata.

Parejo problema acontece con la coalición AP-PDP-UL, que sólo en un 25 por 100 se define como de

derechas, mientras el 75 por 100 se coloca en el centro-derecha.

O sea, que el grueso de los dos partidos mayoritarios de las elecciones del 28-0 del 82, el PSOE, como

Gobierno, y AP-PDP-UL, como primer partido de la oposición, se nutre de gentes que se sitúan en el

centro del espectro político, y que en tugar de votar a partidos de centro (UCD o CDS) han optado por

defender sus posiciones en otros partidos.

Lo cual puede significar dos cosas: una, que la famosa polarización se ha producido efectivamente, y las

gentes de centro se han centrifugado hacia formaciones políticas a ¡a izquierda o a la derecha. Otra, que

los votantes de centro son votos prestados a esas formaciones y susceptibles, por tanto, de movilizarse en

un partido de centro, que supere los problemas de la disuelta UCD.

Mi opinión personal es que, dada la tiranía del instrumento de la normativa electoral, que prima a las

mayorías y castiga a las minorías, a los votantes de centro no les queda más remedio que ser la derecha de

la izquierda, o la izquierda de la derecha. En cualquier caso, y a la vista de los resultados ofrecidos del

sondeo-pos-electoral, eso es lo que ya ha pasado. ¿Es irreversible esta tendencia a la polarización? Lo

veremos en otra ocasión. Hoy nos estamos ocupando de procedencia de los votos del PSOE.

Las razones del voto al PSOE se pueden resumir así: Mal gobierno de UCD, 31 por 100. Campaña y

programa del PSOE, 24 por 100. Ser el PSOE el mejor partido, 14 por 100. El líder (Felipe González), 10

por 100. NS/NC, 21 por 100.

Votar «contra»

A diferencia de la interpretación de estos datos que ofrecen Rafael López Pintor y Manuel Justel, que

entienden que no es un voto de castigo a UCD, yo sí creo que lo es y en gran medida, hasta el punto de

que es razonable preguntarse, parafraseando a Unamuno, «¿contra quién va ese voto?» Porque aparte del

expreso voto de castigo que representa el primer 31 por 100, el resto de los «ítems» son contrafigura de la

UCD, que concurrió a las elecciones, o sea, una UCD con mala campaña y peor programa, arrastrando la

imagen de partido de peleas intestinas continuas y sin líder.

Esto, para terminar, es lo que especifica la cuantía de los votos prestados al PSOE. Bastantes más de tres

millones y medio basados en cualquier cosa —sin olvidar los votos ce castigo— menos en el socialismo y

el obrerismo. En las arenas movedizas de los diez millones de personas que cambiaron el sentido del voto

entre 1979 y 1982, o el PSOE se adapta a sus votantes prestados o puede perder su actual electorado. Lo

mismo, y por otras razones, hay que decirle a la coalición AP-PDP-UL.

 

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