Autor: Amestoy, S.. 
   Ha muerto el optimismo     
 
 Pueblo.    10/08/1977.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

A los noventa y dos años de edad murió en Tubinga Andrés Bloch, el día 5 de la semana pasada. El

filosofo alemán fue, junto con Lukacs, bandera de las primeras heterodoxias marxistas. Bloch ha estado

de actualidad entre nosotros hace escasos meses, cuando el Instituto Alemán programó un ciclo de

conferencias acerca de su pensamiento. La ocasión se enriqueció no sólo con la presencia de uno de sus

más conspicuos discípulos, Hans Mayer, sino con la oportuna presentación del libro de éste, publicado al

poco tiempo por la editorial Taurus, (En aquella ocasión dimos cuenta a los lectores de la conversación

mantenida con el escritor alemán, y posteriormente, el comentario del citado libro.)

Fue Bloch, a la vez que uno de los primeros vivificadores novecentistas del pensamiento marxista, una de

Jas primeras víctimas de la represión burocrática. Su heterodoxia consistía en la introducción del

optimismo de la libertad en el seno del marxismo, aunque —como realmente sucedió— fuera al precio de

la revitalización de la esperanza ideológico-burguesa y positivista en el progreso ineluctable. Su libro «El

principio esperanza» fue tanto piedra de escándalo como coartada a los intentos de asimilación

integradora del análisis marxista por las corrientes idealistas (marxistas o burguesas) y neocristianas. El

primer libro de Bloch se llamó «Espíritu de la utopía», al que siguieron «Thomas Munzer, teólogo de la

revolución»; «Avicena y la izquierda aristotélica», «Thomasius, un sabio alemán sin miseria», y

«Ateísmos en el cristianismo».

Aunque Bloch ha sido tardía e incompletamente conocido en España, como aquí al lado escribe Aranzadi,

«para todos cuantos llegamos en tiempos a confundir la lucha revolucionaria con la sumisa aceptación del

dogma leninista y la mecánica repetición de consignas caducas, el nombre de Bloch, como el de Lukacs,

Adorno, Mascuse y otros, está ligado al redescubrimiento de la libertad y del pensamiento». Si Bloch no

es el padre de una generación que tiene pendiente la tarea de una profunda revisión crítica y liberadora del

pensamiento, so pena de aniquilación intelectual y existencia), es, indiscutiblemente, una de sus parientes

más próximos.

S. AMESTOY

 

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