Autor: Ibáñez, Juan. 
 Campaña 83. Municipales. El Gobierno dispuesto a apoyar un pacto entre las fuerzas políticas vascas que estén dispuestas a trabajar por la consecución de la paz. 
 Guerra hizo frente a los revienta-mítines de HB     
 
 Diario 16.    03/05/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

El Gobierno dispuesto a apoyar un pacto entre las fuerzas políticas vascas que estén dispuestas a trabajar

por la consecución de la paz

Guerra hizo frente a les revienta-mítines de HB

El vicesecretario general del PSOE, Alfonso Guerra, calificó ayer a Herri Batasuna de «los nuevos

dictadores» y «la nueva derecha», después de que un grupo de antinuclearistas, presumiblemente

enviados por la coalición abertzale, intentaran boicotear el inicio de su mitin en el polideportivo

Mendizorroza de Vitoria.

Vitoria:

Juan IBAÑEZ, enviado especial

Nada más tomar la palabra para iniciar su intervención ante unas cinco mil personas, que llenaban el

polideportivo de Vitoria, una veintena de manifestantes encartelados empezó a boicotear al líder socialista

con gritos de «queremos hablar, queremos hablar».

Eran las 9,15 de la noche y apenas se habían extinguido los ecos de los aplausos al secretario general del

PSE-PSOE, Txiqui Benegas. Guerra reclama, inicialmente, serenidad —«tranquilos, tranquilos».

Herri Batasuna

Los boicoteadores se crecen y el público entre confundido y molesto se pone en pie y se vuelve hacia los

pancartistas. Guerra se aproxima con parsimonia, pero con decisión, al micrófono y estalla: «¿Quieren

hablar?, pues hablen, convoquen un mitin. Yo sé que Herri Batasuna´ ha sido el que les ha enviado. Yo ya

sabía esto, porque conocía la reunión en la que acordaron hacer esto —aplausos—. Ya lo sé, si son los

nuevos dictadores, esa es la nueva derecha, —arrecia la pitada y los aplausos—. Si ustedes convocan un

mitin, yo voy a oírles. Pero ahora me oyen a mí, si son demócratas —grandes aplausos—, y, además, les

voy a hablar de lo que dicen en sus pancartas. Pero, si quieren hablar de verdad convoquen un mitin, en

un sitio como este, ¡a ver si lo llenan!» El público irrumpe en gritos de «fuera, fuera». Los manifestantes

optan por callarse, pero mantienen alzadas sus pancartas: «PSOE: No al Plan Energético Nacional»,

«Subsidio indefinido para todos los parados».

Algunos momentos después, restablecido el silencio — roto ya sólo por los aplausos—, Guerra volvería a

la carga para afirmar que la democracia consiste en asumir la representatividad que tiene cada cual.

«A mí no me da vergüenza tener poca gente —exclama—, no me da vergüenza que venga poca gente o

que me siga poca gente en un acto. Pero, los que tienen esa vergüenza, que no quieren que se vea su

representatividad, se esconden debajo de las piedras.»

Con el énfasis todavía de una indignación desatada, Guerra advertía que «si no se aprovecha la primera

posibilidad, en doscientos años, de un Gobierno socialista en España, arreglados estamos todos».

Duras críticas

Arropado por el apoyo del público en sus críticas incisivas, Guerra arrebata a los manifestantes sus

propios motivos de protesta y afirma que el Gobierno va a modificar el Plan Energético Nacional para

evitar que se repita el uso patrimonialista y egoísta que la derecha hizo del pasado con este sector

económico de importancia nacional.

Después, en un tono más sosegado, el líder socialista e esfuerzo por concienciar a su auditorio de que

detrás del Gobierno «debéis estar todos, porque, bueno o malo, es vuestro Gobierno. Si no estáis detrás

vosotros, aquí no se expropia nada». En ese mensaje movilizador, que ya lanzara en Toledo en su primer

mitin electoral la semana pasada, Guerra define que, «gobierne quien gobierne en el 86, tenemos que

asegurar que en algunas conquistas socialistas no se pueda dar marcha atrás», y anuncia que dentro de

poco el Gobierno aprobará la reducción de la edad de jubilación, para habilitar nuevos puestos de trabajo.

Tanto en el mitin como en la rueda de prensa que protagonizó en Bilbao a media tarde, Alfonso Guerra

dirigió duras críticas tanto a la coalición electoral de Fraga como al PNV, que indentificó como la derecha

vasca. En el polideportivo de Vitoria, el dirigente socialista calificó a Robles Piquer de «mamut

prehistórico que sacan del antiguo fascismo para desmentir que vaya a descabalgar a Fraga» del liderazgo

de la derecha.

En la rueda de prensa, el vicesecretario general del PSOE ratificaría que «el nueve de mayo se levanta la

veda para la caza de Fraga, y las termitas —presumible alusión a los democristianos de Alzaga— que

acabaron con los otros — UCD— terminen con éstos, aunque aquéllos y éstos no se diferencien tanto».

Pacificación

El líder socialista afirmó que el Gobierno central estará presente en un acuerdo entre las fuerzas políticas

vascas que garantice la identidad de objetivos entorno a la pacificación, recuperación económica y

revitalización cultural de Euskadi.

Guerra defendió que el logro de esta unidad de objetivos debe ser promovida en cuanto pasen las elec-

ciones, y le atribuyó un importante papel dentro de una operación político-económica para Euskadi, perfi-

lada por el Gobierno central.

Guerra criticó la gestión municipal del PNV por su tono monopolizador y sectario —que comparó al

imperante en el Irán de Jomeini— y replicó incisivamente al dirigente nacionalista Xavier Arzallus. «Si

es cierto — dijo— que Arzallus ha dicho que si no se vota al PNV se vote a Herri Batasuna eso vendrá a

confirmar la necesidad de que se contraten psiquiatras en los batzokis, porque eso es muestra de una

insatisfacción. Parece que Arzallus querría haber hecho la campaña de Herri Batasuna.»

 

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