Autor: Taboada, Carlos. 
 Campaña 83. Municipales. 
 El bueno de Adolfo Suárez     
 
 Diario 16.    03/05/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

El bueno de Adolfo Suárez

Carlos Tabeada

El bueno de Suárez, vituperado a diestro y siniestro, anda de cabeza en estas horas previas al veredicto

final del próximo domingo. Y anda de cabeza porque la suya propia huele a pólvora, a decapitación

política o a naufragio electoral.

Don Adolfo Suárez, duque del mismo apellido por obra y gracia de su mandato presidencial, quiere

creerse sus propias afirmaciones, repetidas a lo ancho del país, de que su partido, el Centro Democrático y

Social, subsistirá después de los resultados de las elecciones autonómicas y municipales. Todos los

vaticinios le distinguen con un exiguo porcentaje del electorado, irrelevante, sin ningún resultado que le

apuntale como dirigente de un partido importante.

Ni es sadomasoquista ni siniestro atender a la representatividad del CDS. Hoy, por ahora, Adolfo Suárez

dispone de dos diputados en el Congreso —él mismo y Rodríguez Sahagún— y nada más. Acaso,

únicamente, algunas deudas de las anteriores y presentes elecciones. Pero el duque de Suárez es un

personaje que no puede desaparecer del panorama político español. Aunque sólo fuera por su actuación

protagonista durante la transición, su personalidad, su carácter populista, el reconocimiento de su labor

prestada, Adolfo Suárez tiene que seguir presente en el acontecer político de este país.

Todavía me acuerdo de su discurso ante las Cortes franquistas sobre la transición en tiempos de Arias

Navarro, cuando el PSOE era sólo un partido legendario encabezado por un joven abogado sevillano, un

tal Felipe González. Gracias a Suárez —no sólo por él — , la transición fue posible, del régimen

franquista al reinado democrático y constitucional de Don Juan Carlos.

Porque Adolfo Suárez es un político genuina-mente español, mezcla de atrevimiento, intuición y sentido

práctico no debería sucumbir definitivamente. El reconocimiento que se le debe será la mejor garantía de

sus buenos oficios dentro de la iniciativa de reconstruir un partido centrista que evite el enfrentamiento

frontal entre Ja derecha de Fraga y la izquierda de Felipe González.

 

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