Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Se afianza la bipolarización     
 
 Diario 16.    09/05/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ

Se afianza la bipolarización

El PODER Los primeros datos tras las elecciones municipales de ayer parecen confirmar una tendencia

de este momento histórico que nos emparenta con las democracias de Europa occidental: la inclinación

hacia la bipolarización política estructurada en torno a dos grandes partidos: el PSOE, en el

centroizquierda, y AP-PDP-UL, en el centro-derecha. La idea —que no la etiqueta— de centro sigue

siendo la clave.

El ministro de Interior, José Barrionuevo, en su primera intervención de anoche ante las cámaras, además

de hacer buenos a sus antecesores en el cargo, Martín Villa y Rosón, ofreciendo unos datos

lamentablemente toscos y sesgados —sólo habló, de una forma muy esquemática, aproximada e

incompleta de las ciudades donde, casualmente, la barrida socialista estaba asegurada—, dejó ciaras dos

intuiciones: la primera, que el PSOE ha sabido aprovechar los ecos apoteósicos del 28-0, repitiendo la

victoria de las generales, con las correcciones oportunas que habrá que hacer cuando se conozcan todos

los datos que arrojen las urnas.

La segunda reflexión, que merecen los resultados que se conocen a la hora de escribir estas líneas, apunta

hacia una consolidación acaso definitiva de esa famosa bipolarización que es común a los países de la Eu-

ropa democrática y que no es lo mismo que bipartidismo, como pretendía hacer creer Manuel Fraga en

unas primeras y entusiasmadas declaraciones anoche.

El centro, fuera

La práctica desaparición de los .partidos del centro — CDS y PDL muy principalmente— es un indicador

muy claro que apunta hacia esa conformación del mapa político en torno a dos grandes bloques —centro-

izquierda, en el PSOE, y centro-derecha, la coalición AP-PDP-UL—, con lo cual las masas de votantes

que emergen de las anchas capas de clases medias han optado por conceder su confianza a ambas grandes

formaciones.

Es, por tanto, el centro — la idea más que la palabra— lo que sigue marcando la pauta decisiva en los

comicios españoles. En este caso, el elector se ha dejado conducir antes por talantes que por etiquetas. Es

evidente que el fracaso del CDS y PDL viene impuesto por la incapacidad para llevar a sus urnas el voto

de los centristas — millón y medio de papeletas en las últimas elecciones generales.

Este voto se repartió, evidentemente, entre la abstención, PSOE y AP-PDP. La moderación sigue

venciendo, y el PSOE lo sabe. Lo sabe, sobre todo, muy principalmente Felipe González. No creo que

haya sido casualidad, el hecho de que pocos días antes de que tuvieran lugar las elecciones el presidente

del Gobierno haya realizado una estratégica visita a Alemania, en la que se mostró reiteradamente ante los

ojos de los españoles acompañado del canciller conservador Helmut Kohl. Ni creo tampoco que haya sido

fortuito la estruendosa declaración presidencial hablando de «comprensión» al despliegue de misiles de

medio alcance en Europa, si los países afectados así lo decidieran. El mito de la Europa próspera sigue

siendo un poderoso señuelo de bienestar para los anchos segmentos de clases medias españolas.

Ni siquiera ha necesitado el presidente hacer campaña a favor de su partido para obtener estos resultados,

apenas soltar alguna leve maldad electoralista en TVE, como la que supuso decir que se había negado a

que sus ministros recorrieran España haciendo campaña electoral. Que es precisamente lo que hicieron.

Euskadi

Creo, sin embargo, que uno de los elementos más satisfactorios para esta sufrida España proviene del País

Vasco, donde las fuerzas «estatalistas» refuerzan su ascenso frente a las tendencias nacionalistas y

«abertzales». Es altamente esperanzador el claro descenso de la formación electoral Herri Batasuna —

brazo político de ETA militar— y el crecimiento del PSOE en todos los enclaves históricos de la margen

izquierda en Bilbao, y en algunas ciudades, villas y pueblos que hasta ahora habían sido feudos tradicio-

nales de un «abertzalismo» hegemónico, como Mondragón o Rentería.

Parece obvio que la última «hazaña» de los etarras, asesinando a sangre fría a un teniente de la Policía

Nacional amordazado y encadenado, a otro policía y a una mujer embarazada, fue un documento lo

suficientemente dantesco como para sensibilizar a muchos votantes tradicionales de HB, con el alma y la

sensibilidad acartonadas por la sangrienta demagogia de las metralletas y la capucha.

Es de esperar que los indicadores vascos en estas elecciones municipales produzcan alteraciones

suficientes como para que comience a verse la luz en el angustioso drama de terrorismo y muerte que

viven las tierras del norte.

Y para hablar de algún fracaso sonado, cosechado por el partido del Gobierno en estos comicios, el más

espectacular, obviamente, ha sido el de Córdoba, donde el «Califa rojo», Julio Anguita, alcalde comunista

de la bella ciudad andaluza, ha obtenido, gracias a su gran prestigio personal, la mayoría absoluta para el

PCE —partido que merecerá comentario aparte—, a pesar de los grandes recursos volcados por el PSOE

en la campaña cordobesa. Aunque la estrepitosa derrota socialista allí acaso tenga algo que ver con la

estrafalaria candidatura de Martínez Borjkmann —representante del sector crítico del PSOE- a la

Alcaldía.

 

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