Autor: Ortigueira, Guillermo J.. 
 Tras 40 años de exilio, regresa a Valencia, Sigfrido Blasco Ibañez. 
 Veo buena voluntad en la España de hoy     
 
 Pueblo.    02/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 33. 

Tras 40 años de exilio ,regresa a Valencia,Sigfrido Blasco Ibañez

"Algún día Iré a Las Palmas y Albacete para dar las gradas a los unióos que se negaron a re-tirar el

nombre de mi padre de las calles pe le habían dedicado"

"Dije que no volvería hasta que no tuviera una de-mocracia. Las elecciones la han abierto. España, ahora,

sí es España"

CUARENTA años de exilio marcan un balance espiritualmente negativo en la vida de cualquier hombre.

Sin embargo, aunque el dolor persiste, él ha vuelto sin rencor a su patria, de la que nunca deseó marchar.

El que fue presidente del histórico partido Unión Republicana Autonomista y diputado en Cortes allá por

el año 33, el hijo menor del novelista universal Blasco Ibáñez, está en Valencia. Hacia cuarenta años y

cinco meses que no pisaba su tierra. Sigfrido Blasco Ibáñez, que sacó en la sangre los mismos ideales

políticos por los que luchó su padre, huyó de España .acusado de contrabando de armas, el 11 de agosto

de 1936: Naturalmente, la acusación era falsa. Así nos lo cuenta el exiliado republicano.

Sigfrido Blasco, puede que algún día escriba sus memorias. Puede que antes de cumplir sus setenta y

cinco años —ya falta poco—, cuente con su pluma las amarguras de la vida azarosa de un republicano

que tuvo que abandonar España, si no quería ser muerto. Después de cuatro décadas hoy puede contar —y

lo hace— sus recuerdos. No hay orden en el relato, pero poco importa. Todo interesa.

—Soy el único superviviente del Consejo Nacional del Partido Radical superviv i e n t e. Soy —insiste

con orgullo— de los pocos exiliados que conserva la nacionalidad española después de todos estos años.

Me correspondía la nacionalidad francesa —donde residía— pero no quise.

—¿Por qué vino us,ted ahora, y no antes?

—Dije que no lo haría hasta que muriera Franco, hasta que España no tuviera en verdad una democracia.

Antes, para venir a mi casa tenía que pedir permiso. No era lógico, ni justo... Las elecciones han abierto la

democracia al país. España, ahora, si es España.

El ex diputado reside actualmente en Niza. Su estancia en España durará una corta temporada. En

noviembre, Sigfrido Blasco, piensa establecerse definitivamente en su país. Posiblemente, su residencia

será Madrid.

—¿Cómo ve la España de hoy?

—Una España de buena voluntad, Hay buena intención en los políticos que la representan. En cuanto al

anterior régimen... ha sido un desastre: ¡ha dejado divididos a sus propios partidarios!

-En cuarenta años ha cambiado usted de ideología política?

—No. Sigo siendo republicano. Antirracista. Democrático. Soy, en todo caso, «n republicano

evolucionista.

LAS ELECCIONES

Sigfrido Blasco Ibáñez ya ha dejado claro que su vuelta a España la decidió al día siguiente de las

elecciones. Antes no hubiera vuelto España hoy es otra. Su evolución ha sido seguida, con entusiasmo a

veces, por el hijo del novelista valenciano.

—Sólo un pero a las elecciones.

—¿?

—Los republicanos históricos hemos tenido una ofensa grande al no dejarnos .presentarnos.

—¿Qué ha votado su partido, señor Blasco?

—Socialismo.

—¿Y ahora, va usted a participar en política?

—No quiero intrigas. Lo diré claro: vendré a . defender mis ideales con vistas al futuro, pero no voy a

estar en primera línea; sólo actuaré como consejero.

—¿No se uniría ahora a ningún otro partido?

—Rotundamente, no,

—De haber estado en España cuando las elecciones, ¿qué hubiera votado?

—Socialismo.

EL APELLIDO BLASCO!

Todo ha cambiado, o está cambiando en este país. En otros tiempos, los rótulos de las calles con el

nombre del novelista Blasco Ibáñez desaparecieron. Hoy nacen avenidas h o n r ando la memoria del

célebre novelista valenciano. Durante quince años, las obras del escritor estaban prohibídas en España.

Hoy se editan de nuevo y se apuntan como las obras más vendidas en estos momentos.

—Algún día iré a Las Palmas y Albacete —me dice Sigfrido Blasco— para dar las gracias a los únicos

que se negaron a retirar el nombre de mi padre de las calles que le habían dedicado.

En el pasaporte de Sigfrido Blasco hay adjunto otro documento: la credencial de «residente privilegiado»

francés. Por su categoría de ministro de la República, por el apellido ilustre de Blasco Ibáñez, a su hijo se

le abrieron muchas puertas en su caminar por el mundo. Muchos caminos difíciles fueron anulados con

sólo su identidad. Blasco Ibáñez es conocido en cualquier lugar. Anecdóticamente recuerda su hijo que el

arroz, el arroz valenciano, llegó a la Argentina gracias a Blasco Ibáñez. Allí se creó el cul-tivo asesorando

y trabajando el novelista. Con razón Vicente Blasco Ibáñez es recordado en el mundo. Son varios los

países —no sólo España— que mantienen rotuladas sus calles con su nombre. Sus novelas siguen en las

bibliotecas más considera. das de cualquier país.

—¿Qué sacó usted de su padre, Sigfrido?´

—Su espíritu político y su memoria.

En todo el tiempo transcurrido en su exilio, Sigfrido Blasco ha estado unido al libro. Los primeros

dieciséis años los pasó en Chile, donde representaba a Editorial Planeta, Plenitud y Biblioteca Nueva.

Luego marcharía a Niza, y en Francia continuaría igualmente dedicado al negocio del libro.

—Fueron años difíciles al principio —me cuenta—, pero luego se fue arreglando todo.

AMISTAD CON LA FAMILIA FRANCO

Pudo volver a España a partir del año 60, pero no quiso. No debía pedir per. miso para regresar a su

Patria. S i g f r i d o Blasco Ibáñez —que no respeta la cronología del diálogo, ¡ni falta que hace!— me

dice de inmediato:

—Aunque no lo crea, yo era amigo de la familia de Franco. Ramón, su hermano y yo comíamos juntos

muchas veces, dos veces o tres por semana. Me unía buena amistad también con Nicolás. Gracias a él, en

Portugal, años más tarde, cuando era embajador, me detuvieron, y tuve que volverme a Francia. Si no

hubiera desaparecido «él», no hubiera vuelto.

—¿Qué fue lo que hundió a la República?

—El divismo, sin duda.

—¿Qué quiere hoy usted para España, Sigfrido?

—La unían de todos, la democracia, el respeto a

los demás. Piense que vengo de países muy demócratas, donde hay legislaciones sociales muy avanzadas.

España comienza a gustarme por su nueva cara, democrática.

El hijo del novelista valenciano, que fuera antes del exilio presidente del histórico partido Unión

Republicana Autonomista, que llegó a tener en las Cortes catorce diputados, hace balance material y

espiritual:

—Dejar España no fue fácil. Dejaba mucho. Dejé lo que sé que ya nunca podré recuperar...

Se produjo una división material de la familia. Di-fícilmente, con cuarenta años, podía mantenerse la

parte espiritual. Perdió la editorial creada por Blasco Ibáñez. Perdió ei diario «El Pueblo», que también

fundara su padre. Las má--q u i n a s se repartieron, y todo fue incautado por rseponsabilidades políticas.

En la vida de un hombre de setenta y cuatro años, cuarenta años de exilio pesan. Sifgrido Blasco Ibáñez

se conforma ahora con una familia —prohibida en otro tiempo—, con una España diferente y con unos

deseos, quizá tímidos, de participar en la política, pero nunca como líder. En el diálogo con el republicano

valenciano me ha repetido:

—En la España de hoy veo buena voluntad. Tengo fe en sus hombres. La democracia es buena. Deseo

que se unan, que se unan, que se unan...

Texto: Guillermo J. ORTIGUEIRA Fotos DESFILIS

 

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