Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Militares     
 
 Diario 16.    05/10/1982.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

GRITOS Y SUSURROS

José Luis Gutiérrez

Militares

EL otro día, lectores, asistí a la cena de presentación del libro de Martín Prieto subdirector de «El País»,

un viejo y querido cuate que ha agrupado en un tomo sus crónicas sobre el 23-F ante una concurrencia

heterogénea y divertida, y a pesar de la gripe y mis treinta y nueve de fiebre. Jo pasamos muy bien.

Allí estaba Alfonso Guerra, con los silenciosos socialistas —qué maravilla ía disciplina del PSOE... —,

Luis Solana, Bofill y Galeote, que no abrieron la boca. Estaba Ansón, Javier Pradera —editorialista de

«El País» , el subsecretario de Defensa, Serra, Savater, Umbral, Cebrián, Pedro Jota y otros etcéteras.

Se habló de militares, antes del susto del 27 de octubre. Y se reflexionó en voz alta sobre un pacto con las

FAS que logrará integrarlas en la gran aventura constitucional en la que ahora no están, obviamente. Y

Pradera habla del ejemplo de la III República Francesa y el caso Dreyfus, y yo le digo que comparar la

Francia de la primera guerra mundial con la España del 82 y equiparar los casos de sus Ejércitos, me

parece una broma de mal gusto, un jueguito erudito, estéril e inservible. Los rumores que allí se comentan

exigen más realismo, más imaginación y más alarma. Y naturalmente no hay la menor connotación

peyorativa en mis palabras hacia el intelectual y sí, en cambio, contra los vendedores de enciclopedias. Y

como conozco hace años a ese gran tipo que es Pradera y su bien amueblada cabeza, y me precio de

contar con su amistad, de ahí mis palabras. Porque en aquel debate tras oír por boca de Ansón algunos

comentarios de lo más alarmante se decían el mismo tipo de bobadas que las que he releído este verano en

algunos artículos de «Ruedo Ibérico» o en las obras de Carrillo que hacían «análisis» de la España de

Franco y que no acertaban una. Unos días después, un par de coroneles y un teniente coronel venían a dar

la razón a mis alarmas.

V ha sido una pena que poco después Paco Umbral escribiera una de sus fotonovelas, llamándome

«retrocheli» y cambiando todo el sentido de las intervenciones, y aunque detesto marear a los lectores con

estas cosas, no hay más remedio que darle un tirón de orejas.

Mira, Paco, tú sabes que yo te aprecio, pero no seas majadero. Te estás convirtiendo en is triste y grotesca

caricatura de ti mismo. El pobre Paco, que se duerme en las cenas como un jubilado, debería dejar estos

asuntos de militares que son serios y preocupantes para la gente capaz de entenderlos. Y seguir

dedicándose a lo suyo, esto es, al magreo rijoso de adolescentes en las torvas callejas madrileñas que él

frecuenta, al mundo del neón y el pollo frito. Y no meterse en camisas de once varas. Porque, querido

Paco Umbral, te dormiste y no te enteraste de nada. Nadie habló ailí de «napoleonismo» (?), Paco, sino de

jacobinismo y bonapartismo.

Y criticar la «megalomanía» de la prensa es tener la carita muy durita, Paquito, rico. Porque ese negocio

del periodismo megalómano lo inventaste tú. No sé por quá me parece que estás necesitando unas

vacaciones, Paco.

 

< Volver