Autor: Anaut, Alberto. 
 El líder socialista se repite: se mete con la derecha e ignora al PCE y a Suárez. 
 Todo lo que usted quería saber de un mitín de Felipe (y no se atrvía a preguntar)     
 
 Diario 16.    05/10/1982.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

NACIONAL

El líder socialista se repite: se mete con la derecha e ignora al PCE y a Suárez

Todo lo que usted de Felipe (y no se quería saber de un mitin atrevía a preguntar)

Después del aperitivo de los últimos días, mañana comienza en serio la campaña electoral. Veintiún días a

todo tren, en los que Felipe González va a repetir lo que ha estado diciendo en Andalucía. Así es, con

pelos y señales, un mitin del candidato.

Córdoba: Alberto Anaut, enviado especial

«¡Presidente, presidente!» A los chicos del PSOE, Felipe se les representa ya en La Moncloa con los atri-

butos propios de su cargo. De ahí que le reciban en los mítines con el sonoro de «¿presidente,

presidente!» y se pasen todo el rato en una notable exaltación a la figura de su líder. Lo que no deja de

producirle al candidato un sincero rubor. Sobre todo, si la apología viene de la mano de algunos de los

dirigentes que le preceden en el uso de la palabra.

Minuto a minuto, mitin a mitin, Felipe ha forjado en Andalucía un «estilo» de campaña que, a partir del

pistoletazo electoral (si es que vale la morbosa figura literaria), va a predicar por toda España.

«Estamos hastos de agujeros, chapuzas y enchufes». La frase —que a los que le seguimos desde el primer

día de la campaña nos suena a conocida a base de oírla repetir— no es la única que Felipe machaca con

insistencia. El secretario general del PSOE tiene este año, como novedad, media docena de hallazgos

mitineros que tras el test «andaluz» se ha visto que funcionan.

A los diez minutos de empezar a hablar la fervori-na ha provocado cuatro o cinco ovaciones, y Felipe se

siente seguro. Para bajar la tensión hace cuatro o cinco bromas personales contra los candidatos de turno

y la cosa, sobre ruedas. En la primera parte de la campaña la china les ha tocado al ex ministro de

Agricultura, el aliancista Alvarez, y a Iñigo Cavero, del que Felipe ha llegado a decir que se presenta por

Andalucía porque aquí hay una fábrica de piensos Sanders. Y se ha quedado tan ancho.

Pedir, pedir

La gente va a lo suyo. El otro día, en Granada, dos señoras entradas en años se propusieron sacar tajada

del mitin y no pararon desde que llegó el candidato de gritar «que le paguen las viudas». Una de ellas, que

lo tenía más claro, asegura que «cuando tengamos al señor don Felipe, tendremos de todo». Ni que esto

fueran las rebajas de verano.

De modo que se lo van a poner difícil a don Felipe si no fuera porque él sabe bien que el déficit público

no está para muchas alegrías porque cada uno aprovecha lo que puede, y en Almería la gente esperaba

que nada más pisar La Moncloa, Felipe arreglara el cauce de un río que lleva seco desde el siglo XIV.

El público de los mítines es surtido. Hay de todo como en botica. Aunque la verdad es que la mayoría son

obreros, cada vez se dejan ver mas intelectuales y niñas monas, bien trajea-ditas y tal.

A su aire

Felipe se mueve en el escenario a sus anchas. Habla con los que le escuchan y sabe el terreno que pisa.

Mientras tanto, los chicos de seguridad no pierden ojo, y el coordinador de la campaña se ha traído un ar-

tilugio lleno de cables y lu-cecitas con el que va marcando «in misericorde» los tiempos de cada interven-

ción.

A unos metros, José Luis Moneo —el médico que sigue al candidato como si fuera su sombra— acecha

con su bolsa de primeros auxilios en bandolera, y Carmen, la futura inquilina de La Moncloa, trata de pa-

sar tan inadvertida que a veces ha tenido problemas con los del cuerpo de orden que, sin reconocerla, la

echan para un lado sin muchas contemplaciones.

La gente está por la labor. Le da rosas. Le gritan «Felipe, Felipe». La aplauden a rabiar. Y la verdad es

que se lo gana a pulso, porque Felipe gonzález en los mítines suda la camisa a conciencia. Tanto, que lue-

go, cuando termina y regresa al superautobús electoral, se tiene que secar con una toalla y cambiarse de

camisa (en el sentido físico de la palabra, naturalmente).

Depende, claro está, de muchos factores. También Felipe tiene sus altibajos. Estuvo soberbio en Almería

y Torremolinos, pinchó en Granada y flojeó en Lora. Son gajes del oficio. La inspiración. Porque en el

fondo, que es lo que importa, suele decir lo mismo. Identifica a toda la derecha; ignora al PCE y a Suárez

— hasta ahora ni los ha nombrado—; habla de economía a nivel de calle; defiende a los buenos empre-

sarios y pone el acento en la necesidad de volver al gusto por el trabajo bien hecho para que España em-

piece a funcionar. «Porque ahora —repite con insistencia— somos como un coche cuesta arriba y con la

marcha atrás metida.» Ha lanzado el «sangre-sudor y lágrimas» made in Spain y ha conseguido —lo que

tiene más mérito— que los que le oyen aplaudan a rabiar. Son las cosas de «el cambio».

 

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