Señores golpistas, España está asqueada     
 
 Diario 16.    04/10/1982.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Señores golpistas, España está asqueada

El pueblo español empieza a estar harto y asqueado de este género de mequetrefes paranoicos que cada

equis meses surgen del seno de las Fuerzas Armadas con sus grotescas aventuras golpistas.

No cabe mejor caldo de cultivo para el radical antimilitarismo que va calando en nuestra juventud. Cada

día son más los ciudadanos que conciben la defensa nacional no como firmeza frente a hipotéticos y

etéreos enemigos exteriores, sino como resistencia frente a unos tangibles enemigos interiores que a

menudo visten y deshonran el uniforme del Ejército español.

Naturalmente que es sólo una minoría hiperactiva la que dentro de las Fuerzas Armadas invierte grose-

ramente el tiempo y los medios que pagan todos los españoles en conspirar para encadenar la voluntad de

la Patria. Naturalmente que tan significativo como el hecho de que una vez más hayan sido militares los

golpistas, es el hecho de que su detección y detención haya también corrido a cargo de miembros del

Ejército. A determinados niveles no es, sin embargo, posible exigir del pueblo llano demasiadas sutilezas.

En el hombre de la calle está empezando a concretarse la idea de que el peligro que más amenaza su estilo

de convivencia, el modelo de vida que desea legar a sus hijos y nietos, no es ni la crisis económica, ni el

terrorismo, ni las tensiones regionales, sino ías Fuerzas Armadas españolas.

A todos nos conviene detener este proceso de destructivo y creciente antagonismo. A la sociedad civil,

porque ninguna democracia con la situación geoestratégica de España puede prevalecer en el mundo, sin

un poder disuasorio que en todo momento sea expresión de la soberanía popular. Al estamento castrense,

porque de seguir así las cosas llegará un día en que los ciudadanos empiecen a «tocar madera» y a cruzar

al otro lado de la calle cada vez que vean,pasar un uniforme. Frente al descrédito popular no quedará

entonces más salida que esa espantosa concatenación de nausabundos crímenes sobre los que se asientan

todos los pinochetismos contemporáneos.

Tenemos ya demasiadas «Galaxias» a las espaldas como para conformarnos ahora con que la detención

de tres jefes basta para desarticular todo un complot de objetivos oficialmente descritos como más am-

plios y diversos que los del propio 23-F. La experiencia revela incontestablemente que cada intentona

golpista no es de hecho sino un fleco desatendido de la aventura anterior. En el caso de esta fantasma-

górica «Operación Cervantes» la implicación de sus promotores con los golpistas encarcelados es lo su-

ficientemente obvia como para que, de nuevo, se le pueda echar en cara al tándem Calvo-Sotelo - Oliart la

aparatosa lenidad con que se ha venido tratando a Milans, Tejero y compañía antes, durante y después de

su insatísfactorio juicio. ¿Es que acaso resulta preciso encontrar pruebas fehacientes de que «siguen

intentándolo» para filtrarles las visitas? ¿Tendremos que seguir siendo los periodistas quienes ex-

pliquemos al ministro de Defensa las interrelaciones basadas no pocas veces en el parentesco y en las

alteraciones hormonales del gremio de santas esposas airadas que vinculan al pequeño grupo de golpistas

convictos y confesos con la inmensa parte escondida del «iceberg»?

 

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