Autor: Jiménez Losantos, Federico. 
   El acabose     
 
 Diario 16.    04/10/1982.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

Escritor. Jefe de Opinión de Diario 16

Los líderes en TVE (y 5) Landelino Lavilla

El acabase

4-octubre-82/Diario 16

El líder de las ruinas ucedeas cerró el viernes la serie torales en TVE. El monótono verbo de Landelino

parecía partido que ha emprendido el camino de la nada.

Viendo en la noche del viernes a Landelino Lavilla perorando en TVE, uno podía sentir la misma impre-

sión que ante un coche abandonado por su dueño en una plaza, con el motor en marcha. El coche suena y

suena, pero lo que a uno le preocupa es qué hace allí y cuándo van a volver a recogerlo. Las portezuelas

cerradas, el tiempo que pasa, la monotonía, la plaza desierta y el motor que no deja de oírse ¡núltimente,

producen en el que pueda verlos una sensación de inutilidad metafísica, de frustración cósmica, de so-

ledad profunda ante el trasto inmóvil que, sin embargo, se mueve.

El líder aparcado del viernes sonará hasta el día 28, en que se acabará la gasolina. Mientras tanto, los mí-

tines de UCD servirán de inspiración a los poetas sa-domasoquistas, como antaño lo hicieran las ruinas de

Roma o las de nuestra Itálica. Cuando Landelino llegue a una sede provincial y la halle semivacía, vea la

de Suárez, enfrente, semillena, y las de Fraga y Felipe, a rebosar, recitará en voz baja, tras de santiguarse,

los versos inmortales:

«Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora/campos de soledad, mustio collado/fueron un tiempo Itálica

famosa...

Eco sin voz

El único que ha entendido el uso de la melancolía perversa ante las ruinas ucedeas es Adolfo Suárez, que

el día menos pensado saldrá recitándole estos versos a Senillosa, para pasmo y arrobo de viandantes:

«Aprended, flores, de mí lo que va de ayer a hoy que ayer maravilla fui y hoy, sombra mía no soy».

Landelino, en cambio, ha elegido la táctica del «aquí no ha pasado nada». Como sale de una dieta de

silencio, ha roto a hablar y no para: «Aquí estamos los cabales, UCD ha hecho casi esto, UCD ha

preparado esto otro, UCD está a punto de culminar la reforma de lo de más allá, aquel/o lo empezamos

nosotros, fuimos los primeros en decir lo que otros dicen, estamos seguros de poder terminar...».

Landelino lleva incorporado el eco a su voz, tanto así que es prácticamente imposible distinguirlos. Esa

debe ser la única razón honorable de que se escuche al hablar. Tiene el mirar perpetuamente atónico,

enrojecido de sorpresa. Si tuviera mejor dentadura parecería a ratos un Christopher Lee pasado por Jaén,

pero la atildada crispación que reina en su cara, siembra el desconcierto en los que lo ven, y lo oyen y no

acaban de creer que aquello pueda ser y estar y hablar por los codos inútilmente.

Los periodistas que lo cercaron padecían (a misma impresión. Cuando querían, la atizaban un gancho

económico, que Lavilla, imperturbable acogía en el colchón de su verbo. Luego le daban un «crochet» de

derecha y enterraban el puño en la nube de algodón. Al rato, conseguían callarlo y le atizaban el «uno

dos» definitivo, pero Lavilla, como si tal cosa. Pasado un tiempo, le metía otro un directo al ojo político-

militar. Inútil. Lo del secretario general de UCD entra en la categoría de lo berroqueño metafísico. Es

piedra pómez en el agua. Encaja, flota, recibe, toma, escucha y larga, sobre todo, larga.

El programa

El efecto sobre la audiencia es tremendo. El resultado político, catastrófico. El programa de UCD, como

todo el mundo sabe, parece el fruto de un despiste hegeliano, con la tesis económica, fraguista, la antíte-

sis política socialista, y la síntesis centrista..., que no aparece. Lo que resulta difícil es defender tan mal un

programa posibilista en el que hay algunos puntos tan obviamente «vendibles» como los éxitos parcialí-

simos, claro , contra el terrorismo y, sobre todo, el mensaje metafísico centrista de la paz nacional, eso

que Suárez vende como la «revolución pendiente» del centro.

Sin nada que permita separarla del lento pero seguro camino hacia la ruina económica y carente de un

elemento nuevo, liberal, que cambiase o al menos maquillase su oferta, la UCD es un «sparring» para

sádicos. Si hubiera tenido ruedas su sillón se hubiera visto a Landelino ir de un periodista a otro,

totalmente sonado y con la guardia por los suelos.

Sería inútil que yo les dijera que su programa económico es bastante razonable que lo es , y que hay

alguna cosa interesante en él. No me creerían, como yo tampoco creo que puedan hacer con él más que

yerros, duelos y quebrantos, a despecho de su buena intención. Si con la ruina ucedea desaparecieran los

sórdidos caciques que han terminado por cargarse al centro, algo habríamos ganado, pero como es sabido,

cierta sustancia que, fresca, resulta incomodísima al pisarla, una vez seca es capaz, desagradablemente, de

flotar.

La ferviente esposa del señor Lavilla, doña Juanita, parece que le aconsejó que no se embarcara en la

cicló pea tarea de salvar UCD. Por desobedecerla, Landelino ha concluido siendo el mesías del acabóse

centrista. La homilía del viernes lo mostró como el iluminado predicador de ese finiquito histórico, de ese

acabóse que María Moliner definió así: «Frase informal que significa ser un desastre, una calamidad o un

abuso». Amén.

P. D.: Acaba aquí también esta serie que a algunos habrá parecido un acabóse. No tal. La obligación de

los intelectuales es atreverse a pensar, la de los periodistas, atreverse a publicar y la de los liberales, saber

quedarse solos, antes que mal acompañados, sin renunciar a lo que para ellos más vale: la opinión de un

individuo en libertad. Como intelectual, periodista y liberal he dicho lo que pienso y siento. Más de lo que

quisiera.

Sirvan otros la ilusión de grupo, de partido claro, si son tan felices de tenerlo, como yo me esfuerzo en

estas páginas en servir la libertad, siquiera de palabra, de cada cual.

 

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