Autor: Papell, Antonio. 
   Contumacia golpista     
 
 Diario 16.    04/10/1982.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Contumacia golpista

El inconcreto proyecto, todavía no aclarado suficientemente a la hora de escribir estas líneas, de dar un

«golpe de mano» precisamente el día de reflexión, anterior a la jornada electoral, excita la indignación de

la ciudadanía de este país, que se dispone a darse, en uso de su soberanía, un nuevo Gobierno legítimo.

Indignación, porque ofende la pertinaz arrogancia de un sector minoritario de militares que está tan

persuadido de hallarse en posesión de la verdad y que no vacilaría en impedir que sea el pueblo soberano

el que se pronuncie, y que pretenden sustituir el limpio contraste electoral por una cuartelada tutelar y

paternal que no ofrezca la mordaza, y el «orden» que presuntamente, a su juicio, necesitamos todos,

talmente, como si la ciudadanía española estuviera integrada por deficientes mentales, incapaces de

determinar un destino propio sin descarriarse irremisiblemente.

No es de extrañar que el golpismo reaparezca con contumancia a la vista del escaso celo que ha

manifestado en la incompleta represión de los implicados en el golpe del 23 de febrero de 1981. Quien

haya leído el ligro de Pilar Urbano -un libro que no ha provocado querella alguna, ni siquiera réplicas

notorias- difícilmente podrá entender las razones supuestamente políticas que han impedido que, por

ejemplo, quienes ofendieron de palabra y de obra al teniente general Gutiérrez Mellado estén en total

libertad sin haber sido siquiera procesados, o que determinados altos mandos militares de conducta

«dudosa» en aquella larga noche no sólo continúen en activo, sino también hayan sido ascendidos a

empleos superiores. Aquellos polvos de la lenidad traen estos lodos de la contumacia golpista. Así de

claro.

Pero, en todo caso, aunque el fruto de esta estrategia era previsible, muchos pensábamos que los sucesos

del 23-F provocaron una repulsa popular tan evidente, tan impresionantemente unánime, que quizá

pudiese servir eí precedente aquel de vacuna eficaz contra cualquier otra veleidad golpista. Naturalmente,

enjuiciamos tal hipótesis con una mentalidad democrática, y ahí ha estado el error de quienes creíamos tal

cosa; los gol-pistas potenciales están tan presos de su particular fanatismo que en nada les influye lo que

crea la ciudadanía, la sociedad española: la verdad sólo está en sus manos, aunque todos los demás pen-

semos de otro modo, y ello les legitima para imponérnosla violentamente, a su parecer.

 

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