Gobierno socialista y Banca privada     
 
 ABC.    01/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LUNES 1-11-82

Gobierno socialista y Banca privada

En la línea anunciada por ABC al comentar en su día la rotunda victoria electoral del Partido Socialista,

parece oportuno iniciar el análisis de algunos aspectos básicos de lo que puede ser la futura gobernación

de España, tomando como referencia los postulados de ese programa que ha merecido el voto de casi diez

millones de españoles.

Es el área financiera, por su dimensión y alcance, un factor de considerable peso específico en cualquier

iniciativa que pueda adoptarse de cara a la solución de la gravísima crisis económica que nos aqueja. Por

ello dedicamos al tema concreto de la Banca privada nuestra reflexión de hoy.

Las manifestaciones de destacadas personalidades del mundo de las finanzas han revelado desde el primer

momento un comían espíritu de colaboración con el próximo Gobierno en un esfuerzo conjunto orientado

a resolver con urgencia y eficacia los principales problemas. La inequívoca voluntad de diálogo no puede

entenderse, sin embargo, como renuncia a principios en los que tradicionalmente se asienta la actividad de

la Banca, no oficial, depositaría y administradora de más de diez billones de pesetas de los recursos que

intermedia el sistema crediticio privado español. En ese sentido, hay que interpretar las palabras del

presidente de la AEB, Rafael Termes, de que la «colaboración pasa tanto por la asunción voluntaria de

aquellas medidas que estimemos positivas como por la crítica de aquellas otras que podrían sernos im-

puestas o que estimemos negativas para el país».

La moderación que ha caracterizado la campaña electoral y las primeras declaraciones de Felipe González

como electo, de hecho, presidente del Gobierno, no han podido borrar, sin embargo, algunas proclamas de

otros significados líderes, que sugieren la existencia de unas últimas intenciones mucho más avanzadas,

más coherentes, incluso, con recientes documentos oficiales del PSOE, como puede ser el denominado

«Estrategia económica socialista» o el texto aprobado en el vigésimo noveno Congreso del partido. Entre

la realidad actual y esos postulados median poco más de dos años, tiempo que parece harto menguado

para una radical mudanza de objetivos, propósitos, procedimientos.

Se postula ahora que la Banca debe recuperar su papel de gran inversor y promotor en los sectores

industrial y de servicios, con ampliación a las pequeñas y medianas empresas, subrayándose que tal

proceso se instrumentaría a través de acuerdos con el Estado, vinculación que tratará de propiciar una

mayor flexibilidad de los costes financieros, al tiempo que se progresa en el proceso de desinterme-

diación, «especialmente en la financiación al sector público». En la «Estrategia» antes citada se habla de

específica participación de la Banca privada en determinados programas mediante el establecimiento de

coeficientes de préstamos de regulación especial, y en el XXIX Congreso se insistía en la necesidad de

«un mayor control social» del si-tema financiero; de una mayor competencia en el sistema crediticio,

«para lo cual debe favorecerse la presencia de Bancos públicos», y de la desaparición de «la actual

situación de fuerte oligopolio».

Hay en estas formulaciones, con diversa intensidad, sombras de intervencionismo en el sector, inspirado

tanto en razones económicas como en criterios políticos de prioridad operativa.

Continuemos con el análisis. Preocupa la crisis de la Banca, todavía inconclusa, y se apuntan algunas

ideas para su solución: protección de los intereses de los depositantes, contribución a la supervivencia de

las entidades, recurriendo, cuando proceda, a la opción por parte del Estado de la compra total o parcial

del Banco en dificultades; reforzamiento de la actuación preventiva del Banco de España y del Fondo de

Garantía de Depósitos y, finalmente, mayor acción legal sobre los banqueros con responsabilidades

penales

Quizá esto podría traducirse, en el lenguaje práctico, en estas otras formulaciones: «Ejercicio activo de los

derechos derivados de la cartera de valores del Banco de España y de su importante participación en la

Corporación Bancaria, incorporando al área del sector público Banca oficial las acciones de los Bancos

privados que están siendo saneados con fondos públicos» («estrategia económica socialista»). O bien:

«Los socialistas nos proponemos hacer de la iniciativa pública un instrumento más beligerante y utilizarla

en la adquisición de Bancos reflo-tados para constituir un gran Banco estatal que se sitúe entre los tres

primeros del país» (XXIX Congreso del PSOE).

A nadie se oculta que tales proposiciones apuntan a una gradual nacionalización del sítema, a una

presencia cada vez más hegemónica del Estado en el ámbito de la Banca, con interrupción de un prudente,

casi podríamos llamarlo tímido, proceso de liberalización de las actuales estructuras financieras, proceso

que andaba, todavía vacilante, en sus primeros pasos.

 

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