Autor: Cruz Ruiz, Juan. 
 La victoria socialista. 
 Nuevos rostros y notorias ausencias en el Parlamento salido de las elecciones     
 
 El País.    30/10/1982.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ESPAÑA

POLÍTICA

La victoria socialista

EL PAÍS, sábado 30 de octubre de 1982

Nuevos rostros y notorias ausencias en el Parlamento salido de las elecciones

La presencia de nuevos rostros en el Parlamento salido de las urnas el pasado 28 de octubre es abru-

madora, pero la novedad empalidece ante el dramatismo de las numerosas ausencias de viejos perfiles,

que se han quedado sin el respaldo de las urnas y que no volverán a sentarse en el hemiciclo. La ausencia

más notoria es la del propio presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, que ha protagonizado dos

hechos históricos: ser el número dos de su partido mientras ocupa el puesto de máxima responsabilidad

del Ejecutivo y resultar rechazado por el electorado en los comicios legislativos a pesar de esa paradójica

pero privilegiada situación en las listas.

JUAN CRUZ, Madrid La impresión que la derrota fabrica en la cara de estos hombres a los que los

electores desplazan tuvo en la medianoche del 28 O la mejor metáfora en el rostro de Rodolfo Martín

Villa antes de que se supiera que había salido por los pelos en su circunscripción leonesa: aparecía con

esa sonrisa miope que usaba antes para las vigilias de su Ministerio del Interior, surgía pálido y ausente, y

su única fortaleza estaba en la cantidad de verbos que usaba para justificar que la democracia obliga a

estos tragos y tiene estos trances. El estaba dudoso, creía que iba a ser derrotado, pero ya tenía ese espíri-

tu, lo que obliga a imaginar cómo estarían los que se sabían definitivamente desplazados. No le echaba la

culpa a nadie —su compañero Salvador Sánchez Terán, presidente de la Telefónica, que no salió por

Salamanca, culpaba a la Prensa del descalabro de UCD—, pero asumía el castigo como consecuencia de

la diatriba interna de su partido. Luego salió y ahora habrá perdido levemente aquella blanca palidez.

Entre los desplazados, casi todo el Gobierno. Sevilla se llevó la palma del fracaso, con Jaime García

Añoveros obligado a descansar de su Hacienda leyendo, de nuevo, a Raymond Chandler, y con Soledad

Becerril, orgullo femenino del Gabinete saliente, derrotada por segunda vez en un año antes perdió las

elecciones andaluzas y obligada a despedirse del escaño a pesar de los esfuerzos de imagen a que se

obligó en los últimos meses. Otro incombustible, José Pedro Pérez Llorca, ministro de Asuntos

Exteriores, asumirá el drama de la soledad después de haber circulado por casi todos los pasillos del

poder, hablando a media voz con media boca. Alberto Oliart también abandona la silla de tijeras, el sillón

de cuero, el escaño después de años de zozobra, lejos de sus amigos los poetas catalanes, cerca de los

militares españoles. Federico Mayor Zaragoza recibió de las urnas el estímulo que no alcanzó de sus

propias promesas, cuando dijo que dejaría el Gobierno si éste retiraba la Ley de Autonomía Universitaria

(LAU): ahora ha sido retirado, pero sin querer, por el electorado barcelonés. Luis Ortiz, de Obras

Públicas, sigue la suerte de su amigo el presidente y vuelve a los cuarteles de invierno zamorano. Luis

Gámir, de Transportes, Ignacio Bayón, de Industria, Santiago Rodríguez Miranda, de Trabajo, Manuel

Nuñez, de Sanidad, y Matías Rodríguez Inciarte, de Presidencia, han quedado en la calle y sin llavín.

Queda, entre los ministeriales, un nombre sonoro, que parecía incombustible, pero que se ha quemado en

la noche de la feria triste de la UCD derrotada: Juan José Rosón, ministro del Interior, que el jueves

protagonizó el anuncio de su propio descalabro, y lo hizo con esa voz madrugadora que tiene

acostumbrados a los españoles a creer que todo está bajo control y a que ese optimismo razonado

responda a la verdad. El también lo deja, a pesar de ser gallego. Porque otros gallegos que parecían

destinados a ser desplazados permanecen incombustibles: Pío Cabanillas sigue, impertérrito, como un

personaje secundario de Torrente Ballester, y Jesús Sancho Rof, que ya no era ministro, claro, vuelve al

Parlamento quizá para asistir a las escenas finales del inacabado debate de la colza.

El incremento de escaños alcanzado por AP ha permitido, como novedad destacable, el acceso a las

Cortes de José Manuel Romay Beccaria, íntimo colaborador de Fraga cuando desempeñó la cartera de

ministro del Interior. Renuevan por supuesto su condición de parlamentarios personas que ya

acompañaron a don Manuel en la pasada legislatura, como María Victoria Fernández España y Antonio

Carro.

En cuanto al PSOE vuelve a llevar a las Cortes a los cabezas de lista en las elecciones del 79 y, merced a

su ligero avance, incorpora algunos nombres nuevos como el catedrático Abel Rodríguez Caballero.

Se detuvo Abril

El clima de desolación de los que se van y de los que se quedan tan en minoría como para llenar un

autobús selecto, no afecta sólo a los que han ostentado el poder, sino también a los que estaban en sus

aledaños y han perdido el escaño en la maleza electoral. En esa situación están José María de Areilza, que

con el descalabro de UCD pierde su puesto de presidente de la Asamblea del Consejo de Europa , Iñigo

Cavero, Rafael Arias Salgado, Jaime Lamo de Espinosa, Félix Manuel Pérez Miyares, Enrique Sánchez

de León, Juan Antonio Ortega y Díaz Am-brona, Ignacio Camuñas y Rafael Calvo Ortega. Queda

también fuera el tránsfuga Ricardo de la Cierva, desplazado de Murcia, donde no era querido, a Melilla

por Manuel Fraga Iribarne. Un antiguo colabor de De la Cierva comentaba ayer: "Ese desplazamiento y

esa derrota demuestran lo listo que es don Manuel".

Y, claro, no vuelve al Parlamento Fernando Abril Martorell, derrotado en Valencia a pesar de ser, como

solía, cabeza de lista. Ahora está instalado en la crisis del que hasta ahora ha sido partido del Gobierno.

En el País Valenciano, tan azotado por la lluvia en las jornadas previas a las elecciones, se han dado, por

otra parte, circunstancias que simbolizan la geografía electoral española. Como diputado del Partido

Socialista Obrero Español acude al nuevo Parlamento Joan Lerma, economista de 33 años, de rostro

impenetrable, gesto seco, un personaje que ofrece una imagen marmórea edulcorada por una barba que

Jaime Millas considera como propia de las caras actuales del PSOE. Para el mismo partido mayoritario ha

sido elegido el que en la tierra valenciana se. considera "el Alfonso Guerra local", Antonio Sotillo, ex je-

suita, abogado mercantil, formado bajo la influencia del administrati-vista Manuel Broseta, de hablar muy

claro y muy duro; un todo terreno parlamentario. Antonio García Miralles, 40 años, casado, presidente de

la Asamblea Provisional Valenciana, en Alicante, y Felipe Guardiola, en Castellón, de 31 años, número

uno de su partido en esta tierra, el diputado con el peinado más moderno de los que acudan al Parlamento,

completan, a grosso modo, el panorama de los nuevos rostros de la izquierda valenciana, que ha tenido

una ausencia notoria, la de Emerit Bono, comunista, que no regresa al hemiciclo. En la zona centrista,

queda fuera Enrique Monsonís ("yo no cambio el caballo en medio del río", diría como en un western la

noche de la derrota), y no acudió a las urnas Joaquín Muñoz Peirats, a quien Abril no deseaba.

Se detuvo Abril, pues, en Valencia, y arrasó Fraga, que lleva al Parlamento a algunos nuevos rostros que

no son tan nuevos: Miguel Ramón, de 63 años, que fue alcalde franquista por Valencia, amigo de Herrero

Tejedor y del Suárez de entonces; y Manuel Giner, de 56 años, el director de la clínica en la que se

estiman que pare la mayoría de las valencianas. Para compensar la veteranía, un rostro joven, el de Carlos

Manglano, arquitecto, y el alicantino profesor Vicente Ramos, al que los malévolos sitúan como

excesivamente ocupado en buscar catalanistas debajo de la cama.

En Castellón, por otra parte, el partido de Fraga ha aportado el rostro de Gabriel Elorriaga, que tiene una

biografía metafórica: salió de las mazmorras franquistas por determinados sucesos estudiantiles, se

amparó bajo el paraguas de su actual jefe en el Ministerio de Información, aguantó sin sonreír,

resguardado de! diluvio del Opus, un chaparrón popular en Tenerife cuando fue gobernador civil y

encarceló a algunos estudiantes, y ahora ha vuelto al acogedor y chorreante paraguas del futuro líder de la

oposición.

Cataluña ha sido toda una historia, porque allí no sólo ha triunfado el socialismo, sino que lo ha hecho

con armas extrañas a anteriores contiendas: las de los intelectuales. Ha llegado a las naves parlamentarios

el filósofo socialista Xavier Rubert de Ventos, que poniendo en solfa cualquier método hizo su campaña

proclamando su aversión por la LOAPA y se ha instalado en el Senado como en Cantabria lo hizo Juan

González Bedoya, periodista el también socialista poeta Carlos Barral, navegante de Calafell. Pierde

Cataluña una voz parlamentaria poderosa, la del comunista Jordi Solé Tura, uno de los padres de la

Constitución, que pondrá este disgusto por encima de los que ya le proporciona el Barca, y se ausenta

también Solé Barbera. El antiguo fontanero monclovita José Coderch no tuvo suerte con la opción de

Suárez. Caries Sentís confirmó su derrota anunciada como candidato del centro de Lavilla y también

desaparece una mujer que trajo de cabeza a Mayor Zaragoza: la comunista Eulalia Vintró. Una voz que se

va a echar en falta es una de las que más se oyó dentro y fuera del Parlamento: la de Antonio de Senillosa,

que estuvo a punto de salir en la barca de Suárez y ha visto, con ojos de Proust, cómo la barca se hundió

también en Barcelona. Veremos por el Parlamento, sin embargo, la escueta figura del crítico de arte

Francesc Vicens (Esquerra Republicana) y creeremos estar en el túnel del tiempo cuando veamos

intervenir a Eduardo Tarragona (el procurador en Cortes que llamaba "al pa, pa y al vi vi" enfrente de

Franco) y que ha hecho la campaña aliancista con pistola al cinto. Nos acercaremos al lenguaje del

profesor europeo con la llegaba de Eduard Punset (Convergencia i Unió) al Parlamento y padeceremos

vértigo cuando veamos que el Lasuén que fue socialdemócrata se sienta a defender el presupuesto

económico de la oposición fraguista.

Retrato-robot imperfecto

Digamos que las regiones citadas suponen un retrato-robot imperfecto de lo que ha de ser la composición

del nuevo Parlamento centrada prácticamente en el Congreso , porque queda por consignar que Manuel

Cantarero hombre de tan dilatada biografía política que le ha permitido viajar desde el aperturismo

reformista del Movimiento Nacional a una autoproclamada socialdemocracia que ha desembocado en los

brazos de Alianza Popular se ha hecho diputado por Guadalajara; que Verstrynge, el segundo del citado

Fraga, ha salido en Andalucía, donde quiso presumir de conocedor de geografía y confundió a la Ubrique

gaditana con una supuesta Ubrique malagueña de la que, además, se proclamaba oriundo; y que

Guillermo Kirkpatrick, que declaró que si un día se producía el golpe él se retiraría a escribir un libro,

también estará en los escaños de Alianza, y que, en fin, Fernando Moran, socialista, escritor, cambió

Asturias por Jaén y triunfó en las antiguas tierras de Lavilla, y que Antonio Kindelán, comunista de cara

de progre ilustrado, ocupa en Córdoba una de las escasas parcelas del PCE, y que una de las mujeres más

jóvenes que llega al Parlamento es la vizcaína Ana Gorroño, cardióloga de 28 años, del PNV, y que se va

Nicolás Sartorius con su semblante británico quizá a buscar el eurocomunismo perdido, y que no acude el

canario nacionalista, detonante y cordial Fernando Sagaseta, pero viene, en solitario, el ucedista tinerfeño

Luis Mardones.

El retrato-robot refleja otras dos ausencias y un detalle positivo: no estarán, por voluntad propia con

permiso de las urnas ni el socialista Gómez Llórente ni el centrista Emilio Attard. Sí estará, y este es,

entre otros, el dato positivo, Manuel Nuñez Encabo, el diputado socialista al que quisieron quitar por la

fuerza el 23 de febrero de 1981 la posibilidad de decir libremente que no o que sí en el Parlamento

democrático. Los que usaron contra él y contra sus compañeros las armas han sido definitivamente

ridiculizados por el pueblo español.

 

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