Autor: Unzueta, Patxo. 
 La victoria socialista. 
 Sustancial modificación del mapa político de Euskadi     
 
 El País.    30/10/1982.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Sustancial modificación del mapa político de Euskadi

PATXO UNZUETA, Bilbao En la comunidad autónoma vasca, la drástica reducción de la abstención

explica el hecho de que las cinco fuerzas que han obtenido representación parlamentaria puedan exhibir

mejoras en sus resultados respectivos. Sin embargo, no todos los ascensos son de la misma magnitud y el

mapa político cambia tan radicalmente en Euskadi, merced sobre todo a la espectacular recuperación

socialista, que puede decirse que el actual gobierno monocolor nacionalista de Vitoria queda sin hierba

bajo los pies.

El PSOE gana más de 200.000 votos respecto a las elecciones autonómicas, con lo que no sólo recupera

los 150.000 que había ido perdiendo desde 1977, sino que, con un 22,17% respecto al censo, se coloca a

un nivel comparable al del PNV, que representa ahora exactamente a una cuarta parte del electorado.

Este último porcentaje significa, con todo, que el nacionalismo moderado gana 35.000 votos respecto a

las autonómicas y más de 100.000 respecto a las generales del 79, si bien en una de las tres provincias de

la comunidad, Álava, los socialistas les arrebatan la primera plaza que el PNV ostentó en ella hasta el

momento.

Paralelamente, la pérdida de espacio político por parte del PCE, los modestos resultados, de la coalición

de derecha, y, por otra parte, el mantenimiento de posiciones de HB y Euskadiko Ezkerra, hacen que la

relación entre partidos nacionalistas (PNV, HB, EE) y no nacionalistas (PSOE y derecha), siga siendo

favorable a los primeros, que agrupan al 42,3% del censo, frente al 31% del otro bloque. No parece, pues,

justificada la expresión "que Euskadi ha dejado de ser nacionalista" con que el aliancista Florencio

Aróstegui resumió, ya en la madrugada del 29, su valoración de los resultados registrados la víspera. Es

cierto, sin embargo, que esa relación 42/31 se acerca más al equilibrio entre ambos bloques que se

produjo en 1977 (31/32) que a la resultante de las elecciones del 1 de marzo de 1980, en las que los

nacionalistas casi doblaron en votos a los no nacionalistas.

El dato resulta significativo de cara sobre todo a la previsible reenegociación autonómica entre un

gobierno central socialista y los ejecutivos actuales del País Vasco y Cataluña. En esa perspectiva, el

ascenso del PSOE en Euskadi no parece que justificaría, pese a su importancia, ciertas salidas de tono de

algunos dirigentes socialistas locales que, en el fragor de la campaña, pretendieron zanjar el contencioso

con expresiones como "les guste o no, tendrán que tragar la LOA-PA". Si se trata de una cuestión

interpretativa del Estatuto de Autonomía, los resultados del jueves no permiten decir que la

interpretación del mismo por parte del PSOE sea mayoritaria respecto a la de los partidos nacionalistas.

Pero la diferenciación en torno al único criterio del nacionalismo no agota otras clasificaciones que es

posible adelantar en base a los resultados del 28-O. Así, la relación entre las fuerzas que, desde un punto

de vista sociológico, cabría definir como de centro-derecha (PNV más coalición UCD-AP), y las que

cabría considerar como de izquierda, ha sufrido importantes variaciones. El 34% sumarían, en esa

perspectiva, el nacionalismo moderado y la coalición liderada por Marcelino Oreja, mientras que si al

38% que suman el PSOE y EE se añade el 11% de Herri Batasuna y los votos del PCE, la izquierda

agruparía más del 40% de los electores potenciales y al 54,4% de los votantes efectivos.

Contraste

Estos datos contrastan vivamente con la relación resultante de las elecciones autonómicas, en las que la

izquierda obtuvo en su conjunto 446.000 votos, es decir, el 28,1% sobre el censo. El mapa global

resultante tendría cuatro componentes bastante diferenciados: El nacionalismo moderado agruparía al

25% del censo; la izquierda (PSOE más EE) al 28%; el nacionalismo radical (HB) al 11%; y la derecha

no nacionalista al 9%. Este panorama, aunque no tan atípico como el que proyectaron los comicios

autonómicos, resulta de todas formas bastante alejado de la pauta marcada el 15 de junio de 1977, que

reproducía más o menos el sistema electoral vasco de los años 30, con tres fuerzas claramente

diferenciadas y de dimensión comparable: Nacionalismo, izquierda con hegemonía socialista y derecha

centralista. Herri Batasuna no sería hoy claramente homologable a ninguno de los tres bloques.

De lo anterior cabría deducir una cierta pérdida de representa-tividad del ejecutivo monocolor

nacionalista que gobierna en la comunidad autónoma desde hace dos años: Ya la voluntaria ausencia de

HB del hemiciclo distorsionaba un tanto la relación de fuerzas, por cuanto esa ausencia le permitía

gobernar en solitario con tan sólo, el 22% de los votos sobre el censo. Si se proyectasen los resultados del

28-O sobre el parlamento autónomo, la actual oposición de izquierda (PSOE-EE-PC) pasaría de los 16

escaños que hoy ocupa a controlar 29 escaños.

Si a ellos se suman los de la oposición de derechas, el PNV quedarían en clara minoría incluso en

ausencia de HB. Concretamente, el gobierno monocolor del PNV está desde ayer legitimado por apenas

una cuarta parte de la población de Euskadi.

 

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