Autor: Orozco, Román. 
 El vicesecretario general del PSOE rompe su silencio tras el espectacular triunfo de su partido. 
 Alfonso Guerra habla del cambio     
 
 Diario 16.    02/11/1982.  Página: 4-6. Páginas: 3. Párrafos: 87. 

NACIONAL

2 nov¡embre-82/D¡ar¡o 16

El vicesecretario general del PSOE rompe su silencio tras el espectacular triunfo de su partido

ALFONSO GUERRA

HABLA DEL CAMBIO

Ha roto su silencio de largos días y ha querido hacerlo en su Sevilla natal, en el parque de María Luisa.

Ha hablado de todo, aunque un secreto ha quedado sepultado en su cerebro: la composición del primer

Gobierno socialista tras la II República. Ha hablado Alfonso Guerra de los militares y la obligación que

tienen de acatar la Constitución. Ha contado cómo ve a Felipe en la Moncloa, encarnado en la sociedad,

lejos del hermetismo y fontanerismo de los presidentes anteriores. Ha hablado del partido y de los

centenares de cuadros que dice tener preparados para hacerse cargo del timón del Estado. Ha dado un

repaso a la televisión y a la agencia Efe, cuyo director está ya sentenciado. No se ha olvidado de la

Administración, a la que accederán unos cuantos centenares de cargos políticos, pero en la que quieren

seguir manteniendo los cargos técnicos. También habló Alfonso Guerra, con su peculiar verbo, de los

independientes en el Gobierno. Todos tienen las mismas posibilidades que Fernández Ordóñez, dice. Y

habló de la Banca. De ella opina que está en buenas disposiciones para colaborar con el Partido Socialista.

Pero que si no lo hace, el Gobierno tiene fórmulas para meterla en cintura. Esta es la conversación larga

de una tarde otoñal con el número dos socialista.

Sevilla — Llega Alfonso Guerra a la entrevista en atuendo deportivo, con gafas verdes, jersey también

verdoso y pantalón a tono, impecablemente planchado.

Su delgada figura es lo primero que sorprende en este hombre que se ha convertido en el segundo per-

sonaje más importante del país si dejamos a un lado al propio Jefe del Estado, el Rey Juan Carlos.

Estamos quizá en el sitio más querido por los sevillanos y el propio Alfonso Guerra. El vicesecretario

general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha querido huir de los despachos, de las paredes

encerradas y ha buscado la cita al aire libre, en la cafetería La Raza, a la entrada del parque de María

Luisa, en una tarde otoñal que sobrepasa los veinte grados y que hace inútiles las prendas de abrigo.

Se acerca un camarero que lo conoce, por supuesto. Aquí, todos los domingos del año que Alfonso pasa

en Sevilla, que son la inmensa mayoría, viene con su hijo, también llamado Alfonso, a desayunar, al filo

del mediodía. Después paseará por el parque y recibirá el saludo cordial de sus paisanos.

—Aquí estamos, tres días después de las elecciones y del resonante triunfo socialista. ¿Cómo debo

llamarlo, Alfonso Guerra o señor vicepresidente?

Se sonríe bajo la tibieza de la tarde. Y añade rotundo: «Sin duda, Alfonso Guerra.»

—Pero por muchos días o no.

— Pues lo mismo puede ser por unos días que por los treinta años de vida que me puedan quedar.

Capitanía

—Usted sabe que estamos a escasos metros de donde se encuentra situada la plaza de España. Y en ella,

la Capitanía General...

Alfonso intuye la pregunta y la continúa él mismo:

—... Y la Delegación del Gobierno, la Guardia Civil, la Delegación de Trabajo y la Delegación de

Tráfico, leona. Hay muchos organismos aquí cerca.

—Pero el que a mí me interesa es Capitanía, los militares. ..

—Nosotros tenemos bastante claro que la Constitución, por una parte, ampara el derecho de todos los

ciudadanos a la libertad y a las libertades. De reunión, de expresión, de asociación. Y, por tanto, nosotros

ampararemos esas libertades. Pero, a la vez, la Constitución obliga a todos los ciudadanos al cumplimien-

to de las normas que la Constitución establece, y, por tanto, aquel que atente contra esas normas consti-

tucionales debe conocer que existen unas leyes para eliminar esas actividades. Con esto, lo que quiero de-

cir es que todo el mundo tiene el derecho a pensar como quiera, pero no puede desarrollar actividad al-

guna contra el sistema democrático, contra la Constitución. Sea una persona que trabaje en una empresa

privada o que trabaje como funcionario público, bien sea civil, bien sea militar. Y, en ese sentido,

nosotros vamos a amparar las libertades de los ciudadanos y vamos a ser muy firmes en cumplir la

Constitución y hacer que los demás las cumplan. También los militares, naturalmente.

Toma un sorbo de café. Apenas si para mojar sus labios. Comienza la gente a pasar delante de la mesa en

la que nos encontramos, en pleno parque, al aire libre. Se quedan mirando. «¡Mira, es Alfonso!», repiten

como si fuera algo muy de ellos, muy del lugar, como un hecho habitual, que lo es.

Dejamos el tema militar por el momento y pasamos a hablar del partido. Qué va a ser del Partido

Socialista. «¿Elegirá la vía francesa de separar la secretaría general de la presidencia del gobierno o, por

el contrario, ambos cargos serán siendo representados por Felipe González?»

Fuente: DIARIO 16 Fecha:

Página: 5

Diario 16 / 2 noviembre-82

NACIONAL

«La fórmula francesa no ha dado resultado. No es oportuno que la dirección del partido se reúna, mientras

el Gobierno está en otra habitación esperando órdenes»

«No sólo tenemos suficientes cuadros, sino que estamos trabajando con dieciocho nombres por cada

puesto a cubrir»

«Si la lista de Gobierno que habéis publicado fuera una quiniela, desde luego no os haríais millonarios»

«Nosotros creemos que el bloque de la dirección del partido no debe estar comprometido con la acción de

Gobierno, para que el partido tenga vida propia»

«En cualquier tipo de trabajo hay personas que se adaptan más al trabajo de cocina que al de mostrador.

Yo soy el típico trabajador de cocina»

—Yo pienso que la fórmula francesa no parece que haya dado un gran resultado, corno no lo ha dado en

algunas experiencias vividas en España, o que se están viviendo, por ejemplo, lo que ocurre con eí

Gobierno y eí partido que gobierna en la comunidad autónoma de Euskadi. Yo creo que no es oportuno el

que una dirección de un partido se reüna para tomar unas decisiones mientras que la dirección de un Go-

bierno, sea autónomo o no lo sea, esté en otra habitación esperando las órdenes de la dirección del

partido. Yo no creo que la fórmula francesa vaya a ser la que se vaya a adoptar, aunque eri todo caso le

corresponde decidirlo al comité federal.

Fraga

— El diálogo con Fraga, sabiendo como sabe que es e! personaje, ¿cree Que será fácil?

— Si Fraga se atuviese a lo que dijo en el último mitin que cerró campaña en Madrid y en la televisión, de

que sería la oposición feal, crítica y constructiva, el diálogo, ¿por qué no va a ser posible? Si no se atiene

a esa promesa Que hizo, evidentemente el diálogo se hará muy difícil.

—¿De qué manera podría boicotear el partido de Fraga una acción de gobierno, aun teniendo como tienen

ustedes la mayoría absoluta?

—Desde el punto de vista de la actuación democrática, de ninguna manera. Porque tenemos la posibilidad

de apoyar incluso las leyes orgánicas. Sólo hay dos votaciones para las que necesitamos un apoyo de

votos que pueden ser de otros grupos o de Alianza Popular. Necesitamos treinta votos para la elección de

consejeros de radio y televisión y para el puesto de defensor del pueblo.

—Sigamos con. problemas propios de su partido. ¿Cree que el Partido Socialista tiene Sos suficientes

cuadros para cubrir todos /os puestos que hace falta cubrir en el Gobierno y ia alta Administración?

—Sí, lo creo. con toda claridad. No sólo que tenernos suficientes, sino cue estamos trabajando con

dieciocho o veinte nornbres por puesto´a cubrir. Y no son tantos los puestos a cubrir.

— ¿Podría concretar cuántos puestos tienen Que cubrir?

—No son tantos, repito. Los puestos políticos son algunos centenares. Luego hay puestos técnicos que

nosotros no queremos que cambien en base al partido que triunfe. Quisiéramos crear una estabilidad en la

Administración Pública al margen del partido que gane.

Estrategia

—Han pasado de tener cinco millones en las elecciones del setenta y nueve a casi el doble. ¿De dónde

han sacado esos votos?

— En la primavera del ochenta elaboramos un documento sobre estrategia política en la que hablába-

mos de la necesidad de incrementar los votos entre ocho y diez millones. ¿Y de dónde se podían obtener´

Teníamos dos direcciones. Una, que estaba representada por los partidos que habían desaparecido y que

habían dejado como llamábamos nosotras huérfanos de partido a cerca de dos millones de personas, como

eran el PTE, la ORT,

Había también una crisis dentro del Partido Comunista, del que se estaban marchando no ya votantes,

sino también militantes. Vimos que esas personas orientarían también su voto hacia el Partido Socialista.

Luego había otra dirección, la de los sectores más progresistas de la UCD, que frustrados por una acción

de Gobierno decepcionante también iban a ver inclinados sus votos hacia nosotros o hacia la abstención.

Y, por último, encontramos una zona en medio de las dos que nos interesaba mucho, que era la abstencio-

nista. Así podríamos recoger un millón largo de huérfanos de parido, un millón del Partido Comunista,

casi dos millones de la UCD más progresista y casi un millón de los abstencionistas. Eso, que fue

diseñado en la primavera del ochenta y uno, ha tenido un cumplimiento milimétrico.

Los ministros

— Vamos a hablar del Gobierno, deí nuevo Gobierno socalista que estos días se está preparando. El

domingo este periódico publicaba una lista.con los nombres que se rumoreaban para las_disíintas

carteras... ¿Hemos acertado alguna? "

—Sí, la he visto. Y, desde luego, si fuera una quiniela no os haríais millonarios.

—Pero veamos: en la campaña electoral aparecieron una serie de personajes en anuncios diseñados por ej

PSOE, como Sol-chaga, Maravall, el propio Alfonso Guerra, como presuntos responsables de área. ¿Eso

significaba que ésos serán los nuevos ministros?

Guerra entra rápido al quite. Y de forma rotunda.

— No, no. Tanto no as as! que incluso ahora nos vamos a aproximar mucho más a esa especulación de

quién va a ser o no ministro. Y puede haber sorpresas en algunos medios de comunicación. Nosotros

ahora estamos en una tarea de transmisión ordenada del poder y hemos conversado con el Gobierno para

ello. Es decir, habrá personas significadas del partido que tengan que hablar con el Gobierno para que esa

transmisión sea correcta. Pues bien, que los medios de comunicación no hagan la lista de Gobierno

con esas personas. Porque a lo mejor no tiene nada que ver.

—La formación del Gobierno socialista se está llevando en un riguroso secreto. ¿El único que lo sabe es

Felipe González, o también !o sabe su amigo deí alma, como eí propio Felipe le definió a usted a pocos

metros de aqu!, en el mitin que cerró la campaña electoral? —Yo no sé si !o sabe Felipe. Supongo que io

debe tener prácticamente elaborado, pero a mí no me lo ha comunicado.

—Es decir, ¿que Alfonso Guerra no ha sido consultado para la formación de ese Gobierne?

Tras tos gruesos cristales, los ojos de Alfonso se mueven inquietos, picaros. Vuelve a sonreír y pregunta:

—Consultado, ¿qué sentido tiene?

—S/ fulano de tal estaría bien en ¡a cartera cual...

— No, no. Nosolros, Felipe y yo, hemos hablado en muchas ocasiones de personas para muchas cosas

ante la eventualidad de un Gobierno, pero nunca con ese criterio de «y éste aquí y éste allá». Hemos

valorado la gente, la función que puede hacer en determinado puesto, pero no hemos hecho la quiniela del

Gobierno en ningún caso.

— Ustedes han hablado mucho de incompatibilidades durante la campaña. ¿Las habrá entre ios miembros

de la ejecutiva del partido y los miembros del Gobierno?

Nosotros creemos que el bloque de la dirección del partido no debe estar comprometido con la acción de

gobierno, pero no ya por incompatibilidades, sino por-.que creemos que en el partido deben quedar la

mayoría de las personas para que el partido tenga su vida propia.

Independientes

— Hablemos, señor Guerra, de ios independientes. Muchos de ellos han salido diputados con ustedes,

como es el caso de Fernández Ordóñez, y ustedes mismos dijeron en la precampaña que el PSOE

podría tener independientes en el Gobierno. ¿Puede darme algunos nombres?

—La posibilidad de que haya independientes en el Gobierno sigue siendo valida. Porque a mí no me

preocupa estrictamente que entre los señores que sean ministros tenga que haber o no independientes. Lo

que me preocupa es que se tenga en cuenta a personas que no sean del partido y que puedan incorporar

ideas abiertas en el sentido de ¡r a otros sectores que rto sean específicamente el socialista y que puedan

figurar en la Administración Pública en donde sea, entre otros sitios en el Gobierno. Yo eso no lo

descarto.

Pasa un grupo de personas bien trajeadas, con puro y cara de haber comido satisfactoriamente. Reconocen

a Alfonso y se detienen a saludarle: «Somos de Ronda, pequeños y medianos empresarios. Enhorabuena

y, a apoyar ía iniciativa privada, que es ¡a que más os va a ayudar», le dicen. A lo que Guerra, rápido, les

contesta: "Y la pública también.» «Pero más os ayudará ía privada», insisten los comerciantes róndenos.

Por fin, Guerra reco-.noce que las dos serán beneficiosas para el país.

—Volvamos a los independientes en el Gobierno. ¿Fernández Ordóñez tiene un puesto seguro?

Bueno, eso se dice siempre por lo de los símbolos. Pero yo creo que todos están en las mismas condi-

ciones.

"Hablemos un poco de usted, ahora que se ha convertido en el segundo hombre más poderoso del país,

después de Felipe...

—... Me, no, poderoso no, hobre.

—De alguna forma, usted es el número dos. Yo quería preguntarle sabré esa frase tari famosa de usted de

Que lo que realmente le gustaría ser es maestro rural. ¿La sigue manteniendo?

—Sí, y además he quedado muy reconfortado porque recientemente he tenido noticias de que hubo un

caso que se pareéis mucho a mi situación. Hubo un presidente en Brasil, el presidente Sarmiento, que des-

pués de ser presidente, se retiró y se fue de maestro rural.

Yo que casi tenía tirada la toalla en ese sueño mío, estoy ahora esperanzado. En cuanto a lo de segundo

hombre más poderoso, hay que tener en cuenta que el poder está muy repartido, como en todo sistema de-

mocrático, y eso ss bueno.

Hay muchos que mandan en una democracia, y uno que manda por todos, pero que no puede ejercer el

poder mirándose a Jos espejos de una haoitactón cerrada. Tiene que asomarse a la ventana.

—A nivel personal, ¿qué te gustaría más? ¿Seguir en el partido en una labor callada y eficaz como hasta

ahora, o formar parte del primer Gabinete socialista desde la guerra civil?

—Yo siempre digo que en cualquier tipo de tarea hay personas que se adaptan más al trabajo de cocina y

otros al de mostrador. Yo soy e¡ típico trabajador de cocina. Me gusta trabajar muchas horas, incluso

noches enteras, detrás de

DIARIO 16 Fecha: 02-11-1982 Página: 6

NACIONAL

«El equipo de presidencia ha sido mucho más reducido que el de una delegación ministerial en

provincias. Nosotros no podemos seguir así»

«Si los bancos se quieren poner de acuerdo con el Gobierno, tendrán nuestro apoyo. Si estuvieran en otra

posición, el Gobierno tiene instrumentos para condicionar la política financiera y monetaria»

«Corresponde al Gobierno trazar la política militar. En una instancia en la que la disciplina y la autoridad

son el eje de todo, no ejercer la autoridades lo peor que puede ocurrir»

una mesa. Me gusta más eso que el escaparate,

—O ses, que, por usted, no es nacía seguro su inclusión en ei Gobierno.

— En absoluto. No es nada segura. Yo diría que es evitable.

Prensa

—f-iay algunos temas referidos a ios medios de comunicación que sería interesante Tratar. Por ejemplo,

tos pfanes oue tienen sobre la televisión y }a agencia estatal Efe.

— Bueno, yo -O he repetido varias veces. Nosotras tenemos fe en la televisión pública, dos puntos:

pluralista, democrática v profesional. Si se quila cualquiera de esas tres características eso no es una

televisión pública, sino una televisión privada y nosotros no querernos una televisión privada nj siquiera

del Gobierno,

Tengo esperanzas en sanear no sólo la est.-uclura de televisión, $¡no que ¡o que sale por la pantalla

cambie de una puñeíera vez en este país.

En cuarto a la agencia Eíe, • nosotros quisiéramos que fuera una agenc¡a nacional. Hasta ahora no leba

sidD. Ha Siüo un= agencia -del Gobierno y a veces incluso del enemigo del Gobierno, y nD en el sentido

el el cambio progresóte, sJno iodo Jo contrarío. Queremos una agencia verdaderamente nacional y eso

supone muchos carreas. Naturalmente, supone el cambio de ía dirección de la agencia.

—Otro aspecío de ía política informativa. Los dos anteriores presiden íes se encerraron en ,´a Moncloa y,

rodeados de fontaneros, se aislaron de ía resudad ciei país ¿Cómo va 3 actuar e,n este sentido de

comunicación con ei exterior e} presidente González?

—Hasta ahora, en ´a presidencia del Gobierno se na seguido, a mí iuicio, un procedimiento equivocado y,

sobre tocio, insuficiente. El equipo de presidenc´a ha sido mucho más reducido que el de una delegación

de un Ministerio en provincias.

De ahí se derivaba que cada ministro era el emir de su Ministerio y no habia acción de gobierno, £;no ac-

ción de cada Ministerio Nosotros no podemos seguir así. La presidencia tiene que tener un equ.po pre-

sidencia), pero un auténtico equipo, un gabinete capa? de coordinar a todos los Ministerios, con personas

de peso específico, pesonas que tengan el mismo peso pje pued=n tener les ministros.

¿Con qué ob;eto? Con el obifito de que, sin perjuicio de la autonomía de los ministros, la presidencia del

Gobierno pueda coordinar todo eso y que no pase como hasta ahora, que cada uno iba por su lado. En

cuanto al he-metismo de la Moncloa, creo que hay que hacerlo al revés, Lo que tenemos qje hacer es salir

-de la Moncloa a )a sociedad y i´ever te sociedad a la Moncioa. Hay que llevar a la Moncloa a

determinadas personas que den un-a opinión, un criterio...

(L& sucesión de personas que se detienen a saludar a Guerra es incesante a estas alturas de la entrevista,

cuando la larde del dorniri-go comienza a oscurecer. Se ic -comenlo a Guerra -y dice: ^Imagínate, si esto

hubiera estado preparado nos hubiera costado un dineral.* «Y la gente que le saluda va bien vestida, se ve

que son clase media.» Y ssle e! breante, e! chistoso Guerra: «No, nombre; ]o que ha pasado es que se han

puesto ei traje nuevo para celebrar que hemos ganacfo !as elecciones.»)

... Además, Felipe ya ha anunciado una línea caliente co-i la sociedad. La creación de todo un departa-

mento que reciba las peticiones o las quejas respecto de la Administración del Estado, y ese departamento

se organizará como una especie de «pinza» entre la sociedad v ¡a Admnistración. Eso !e va 3 permitir a le

p-esídsncia saber qué es lo que func.:cna y lo °,ue r.c.

—Hay otros dos ´grandes temas a tratar. Uno de e/´os, ¡os nacionalismos, la LOAPA, ios vascos...

— Bueno, yo quiero ser r-uv c´aro. En Cataluña y en Euskadi las fuerzas llamadas nacionalistas han hecho

campaña en contra de la LOAPA. Pues bien, en Cataluña hemos tenidc un ascenso espectacular y hemos

doblado a Convergencia i Unió, y en Euskadi hemos aumentado también y hemos quedado igualados con

el Partido Nacionalista Vasco. O sea, primero, que anoten eso, v a partir de anotar eso, empezamos a

hablar. Naturalmente, el Tribunal Constitucional tiene que resolver y nosotros acataremos lo que diga el

Tribunal ConstitucionaL

´ —Banca y Ejercito. ¿Qué piafes tiene et Partido Socialista para, s¡ no atraerse, si me/ios lener unas

regiones cordiales y de cooperación con ambas instituciones?

—Son eos temas bastante diferentes. La Banca es una ^rr-aciór de perseas y el Ejército escuna institución

del Estado v por tanto tiene una reteción de dependencia mayor de! Gobierno. La Banca yo creo que está

en una situación bastante discreta respecto a nosotros

Han declarado que están dispuestos a una política de colaboración en beneficio del país y en este sentido

nosotros estamos dispuestos.., Sí los bancos se quie--sn poner cíe acuerdo ce n el Gobierno, ahí

encontrarán nuestro aooyo,

Sí estuvieran en otra posición, que no lo parece, el Gobierno tiene instrumentos para condicionar la po-

lítica financiera y monetaria cel país.

El otro íema, el lema del Ejército, e/ Ejército es una parte de la Administración deí Estado que tiene una

línea de mando, una jerarquía, un establecimiento cíe auta^cfad, que debe ser respetado por el Gobierno.

Y naturalmente el Gobierno tiene la obligación de mantener la autoridad en e, Ejercito, porque

corresponde al Gobierno la política militar de España. Porque en cuaJ-qj er instancia de IB sccie-dad Jo

peor que puede ocurrir es no ejercer Ja au-tordad que a uno le corresponde. Y er una instancia en donde la

disciplina y !a autoridad son eí eje cíe esa ins:anc¡=, no ejercer ´a autoridad es lo peor que pje-de ocurrir.

— Aunque no diga e! nombre, dígame ¿cuál es e! retrato robot de un buen ministro d& Defensa?

—Yo creo que las mismas condic.cnes que tiene que reunir cualcu/er otro ministro: Capacidad de trabajo,

competencia técnica, autoridad necesaria, firmeza, respeto de las instituciones que dependen de él y

•ca^iprens´án de los problemas humanos que pueda haber de todos los funcionarios que estén a su cargo y

de todos los ciudadanos qu e se sienta n afectados por sus decisiones.

— (Jr>3 úitima cosa: ¿Oué ¡e sugieren los veinticinco mil votos que ha sacado Tejero?

— Bueno, ya habíamos dicho que la decisión de! Tribunal de que podía presentarse a ías elecciones no

ñas escandaüzabe demasiado, porque iban a pasar el bochornoso ridículo de ver que gente dispuesta a

utilizar la metralleta contra ios demócratas de este país hay muy pocos. Yo he podida comprobar,

porque lo he hecho intencionaaamen-te, el número de votos que han tenido estos señores, «v cluso en

colegios electorales en donde viven muchas personas que pertenecen at Ejército. Incluso en Ceuta y

Melilla, donde hay una población de militares m´jy numerosa. Es absolutamente ndículo eí peso

específico de estos ignorantes dentro de ía sociedad española, in-cíuitíe ía sociedad militar.

(En Melilla han sacado 57 yc-tcs. Sin comentares.}

 

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