Autor: ;Herce, Antonio. 
 El Monarca despachó en La Zarzuela con el candidato presidente del Gobierno. 
 Felipe esboza al Rey su programa de cambio     
 
 Diario 16.    03/11/1982.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 31. 

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en gesto de primer ministro, fue presentado en la mañana por Don Juan Carlos al Papa Wojtyla. A

primera hora de la tarde, el secretario general del PSOE dio a conocer a la ejecutiva del partido el plan de

trabajo para una transmisión ordenada de poderes que durará todo este mes de noviembre y que culminará

con la sesión de investidura a primeros de diciembre.

El Monarca despachó en La Zarzuela con el candidato a presidente del Gobierno

Felipe esboza al Rey su programa de cambio

Enrique MONTANCHEZ Antonio HERCE

Con acento andaluz, Felipe González estrenaba su condición de «nuevo presidente» electo de la nación.

Poco antes del mediodía, en el Palacio Real, Don Juan Carlos parecía decirle al Papa Wojtyla: «Su Santi-

dad, éste es Felipe González, nuestro nuevo presidente.» Felipe inclinaba su cabeza ante la máxima au-

toridad de la Iglesia católica, al tiempo que adelantaba su mano derecha para fundirse en un cálido saludo

con el Papa oolaco.

Todas las cámaras fotográficas transmitieron a España y al mundo entero el primer encuentro del nuevo

presidente socialista español con el eterno Pedro, representante de la institución más veneradamente

antigua de la Tierra. Seis horas después, pasada la media tarde, el Rey Don Juan Car/os recibía oficial-

mente, por vez primera, en su residencia del palacio de La Zarzuela, al joven discípulo de Pablo Iglesias.

La entrevista obedecía al deseo expresado el pasado 27 de octubre por Felipe González a\ secretario gene-

ral de la Casa del Rey, general Sabino Fernández del Campo, de ser recibido por el Monarca, en el

supuesto de que su partido ganara las elecciones generales que se celebraban al día siguiente. Ese ruego,

hecho deseo en el día que el Rey votó por todos los españoles al recibir en su despacho a los líderes de los

partidos mayo-ritarios, se hizo realidad en el atardecer del benigno otoño madrileño, cuando por vez

primera en la historia de España, el Rey de todos recibía a solas al primer mandatario socialista.

Felipe González, recuperado en su descanso andaluz, durante este largo y festivo fin de semana, de su

resaca electoral, fue desgranando ante el Monarca las líneas maestras de lo que estima tiene que ser su

programa de gobierno para el cambio. La juventud de los dos hombres de Estado sobre l¿> ´.-. _• descansa

la construcción de la democracia facilitó el entendimiento. Su lenguaje quiere entender España y a los es-

pañoles.

Zarzuela

La situación económica, la falta de trabajo de miles de españoles, las autonomías que han de cerrarse, los

Ejércitos, la recuperación internacional de nuestro país entre las potencias medias y, en suma, la nueva

frescura estética del cambio que traen al Estado los hombres del socialismo, y todos aquellos que se van a

sumar a la empresa de modernizar España, fueron palabras sentidas en esta primera conversación. En el

camino de ambos, sin duda, se repetirán estos encuentros en el marco de la colina de La Zarzuela y entre

los montes de El Pardo, que tan abundante historia de España han visto desgranar en los dos últimos si-

glos.

Gobierno

Finalizado el encuentro con el Rey, Felipe González dijo a los periodistas, a la puerta del palacio de La

Zarzuela, que habían conversado de todo. «Ha sido una entrevista extensa y satisfactoria en todos los sen-

tidos.» Reconoció que no habió con Don Juan Carlos sobre el futuro Gabinete, «porque no es la ocasión

ni la oportunidad». Sin embargo, desveló que ya tenía perfilado el Gobierno del que sera presidente y que

mantendrá una estructura ministerial similar a la existente.

Adelantó Felipe que tan sólo veinticuatro horas después de ¡urar como presidente estará en condiciones

de formar Gobierno y confesó que estaba trabajando, con especial atención, en estructurar un Gabinete de

Presidencia que coordine los distintos departamentos ministeriales.

«•No todos tienen que tener, necesariamente, carnet socialistas, pero, desde luego, sí tienen que tener un

claro compromiso con un proyecto político, que es el del cambio. Los ministros serán mayoritariamente

socialistas, pero no necesariamente serán todos socialistas. »

Hoy tiene una nueva cita. Los presidentes entrantes y saliente, Leopoldo Calvo-Sotelo y Felipe González,

se entrevistarán para marcar el calendario de acción institucional, traspaso de poderes y toma de posesión

del nuevo Gobierno. Hay confianza. Parece claro que Calvo-Sotelo quiere cerrar el capítulo de la derrota

de UCD sin provocar enfrerrtamien-íos innecesarios.

Antes de las once y media de la mañana se había reunido la comisión ejecutiva del PSOE, sin la presencia

de Felipe González, que se encontraba en la recepción oficial al Papa Wojtyla. «Volveremos a poner en

marcha la maquinaria del partido —afirmaba un miembro de la misma—, ya que durante todo este tiempo

hemos estado dispersados y volcados en la- campaña electoral. Recuperamos el pulso y vamos a pro-

seguir en las tareas habituales. »

A primeras horas de la tarde, Felipe González se incorporaba a la reunión. Era la primera vez que los diri-

gentes socialistas se reunían después de su triunfo electoral. Pocas oportunidades había deparado el

apretado calendario de la campaña para el intercambio de palabras, opiniones, puntos de vista, que ahora

se producían con evidente entusiasmo. Dos obsesiones: comenzar a poner en marcha la ordenada trans-

misión de poderes —el tiempo socialista apremia— y la expectación que despierta en la ejecutiva la lista

secreta de Felipe con los futuros miembros del Gobierno y altos cargos de la Administración.

Retrato

Alfonso Guerra, también recuperado a orillas del Guadalquivir del maratón electoral, anunciaba a los

periodistas —con gesto de vicepresidente— que el partido había visto buena disposición en el Gobierno,

legítimamente en funciones, del señor Calvo-Sotelo, para una transmisión de poderes ordenada, eficaz y

rápida.

Y confirmaba que se iban a llevar a cabo reuniones, «departamento a departamento», y que por parte del

PSOE participarían en ese traslado de las responsabilidades ejecutivas «una serie de personas que elegire-

mos, teniendo en cuenta su conocimiento de los temas y su preparación técnica». Previno, para que nadie

se forme falsas expectativas, que no deben de hacerse quinielas, «porque no van a tener nada que ver con

el Gobierno que se forme».

No ha sido fácil. Los hombres que lleguen a la Administración para hacer posible el cambio tienen que

responder a este «retrato robot»:

— Personas con capacidad de atracción social y pública.

— Personas con competencia técnica.

— Personas con grandes ganas de trabajar y de estar a las ocho y media de la mañana en el Ministerio.

— Personas con lealtad absoluta al programa de progreso y de cambio, que los españoles han votado

mayoritariamente.

Este retrato-perfil no tiene reparos para Guerra. Los nombres no cuentan para la improvisación, «que

puede ser peligrosa», según enfa-tiza el número dos socialista. «El partido —agrega — debe de tomar el

poder con segundad y ejercerlo dando también sensación de seguridad a los ciudadanos.»

Autonomías

No estaban, sin embargo, todos en. la ejecutiva. María Izquierdo, secretaria de política autonómica, no

acudió a la reunión de! órgano de dirección socialista. Ella —no hay duda de su caída en desgracia— dejó

de asistir a las reuniones de la ejecutiva de su partido desde primeros de septiembre.

Su manifiesta margina-ción venía de atrás. María Izquierdo, que tanto estudió el mapa de las autonomías,

no fue llamada a elaborar el programa autonómico que los socialistas presentaron en la campaña electoral.

Este reñido capítulo fue redactado por Joan Prats, vocal de la ejecutiva y senador catalán, con quien María

Izquierdo mantuvo diferencias en los primeros meses de la debatida LOAPA. Estos problemas se salda-

ron, aparentemente, con la dimisión de Ernest Lluch como portavoz del grupo socialista catalán del

Congreso de los Diputados.

En la sede de Santa Engracia se considera a María Izquierdo separada de las tareas políticas del partido.

Renunció a ser candidata por Granada en las listas socialistas y desde el pasado verano no acude a su des-

pacho oficial.

No olvidan ei pasado más reciente. Y la oposición tendrá en ei nuevo Gobierno socialista el iugar que ie

corresponde er, ei juego democrático. Alfonso Guerra afirmaba ayer que cuando el PSOE estaba en ia

oposición, no solicitaron del Gobierno de UCD un trato deferente, «para que nadie pensara que

deseábamos aprovecharnos de esa situación. Desde luego, no era discreto pedir/o».

Oposición

«Vamos a establecer un protocolo institucional para la figura del jefe de la oposición.» El líder de Alianza

Popular, desde su eterna cólera, habrá enmudecido y no podrá reprochar a sus adversarios políticos de

traer a España un estilo ético de Gobierno que él ya presenció en su admirada Inglaterra, donde el líder de

la oposición tiene también reconocido y no vilipendiado el voto popular. Es el cambio.

Todavía está por decidir algún escaño. Las matemáticas tienen la última palabra. Guerra bromeaba sobre

si el PSOE obtendría finalmente 202 escaños, como anunció a ¡as once y media de !a noche del 28-0. «Ya

veréis cómo el escrutinio final —comentaba — me acaba dando la razón..Pueden ser doscientos tres,

doscientos cuatro..., hay algunos escaños pendientes de un escrutinio minucioso. Ahí se ha visto cómo

van a funcionar los socialistas. Nosotros dimos el resultado de las elecciones a las once de la noche»,

concluía antes de regresar de nuevo a la reunión de la ejecutiva.

Los límites

El PSOE entiende, en palabras del propio secretario general, que deben de establecerse unos límites níti-

dos en la propia autonomía del partido y la del Gobierno. «El Gobierno no es el Gobierno para el PSOE

— aclaraba Felipe González— ni para los militantes socialistas, ni para los votantes. Es un Gobierno para

el pueblo español y, si ese margen de autonomía no existiera, se empezarían a cometer errores, interpreta-

dos inmediatamente, a nivel popular, como repartos de parcelas de poder absurdos. En el PSOE —

finalizaba Felipe—, esta situación no se va a dar.»

Y en defensa de hacer comprender esa autonomía, indispensable para el Gobierno del cambio, los

socialistas —según informan— convocarán el próximo domingo al comité federal, máximo órgano del

partido entre congresos. Todo es meditado, nada se quiere vaciar en la improvisación de los hechos.

No hubo problemas. Poco tuvo que aportar la ejecutiva en una reunión anunciada desde Sevilla. Felipe y

Guerra trabajaron su descanso con meditadas conversaciones respecto a estos primeros pasos de ensayo

general. La «cuarentena socialista» camina hacia la investidura que celebrará en los primeros días de di-

ciembre.

Diario 16/3 noviembre-82

 

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