Autor: Urbano, Pilar. 
 Elecciones 82. 
 Dos potentes imanes     
 
 ABC.    30/10/1982.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Fuente: ABC MADRID Fecha: 30-10-1982 Página 19

SÁBADO 30-10-82

NACIONAL/ELECCIONES 82

ABC/ 19

Hilo directo

Dos potentes imanes

La noche electoral tuvo tres lecturas sobre la maciza grafía de la victoria socialista. El pueblo ha

castigado los yerros del Gobierno centrista y las reyertas intestinas de UCD. El pueblo ha demandado un

cambio de personas y talantes para gobernar a España. El pueblo ha administrado su voto con criterios de

«utilidad»: así se entiende el descalabro del PCE, en favor del PSOE y el naufragio de UCD, en vuelco

hacia AP. Sin duda, más espectacular que «la barrida» socialista, histórica en España, ha sido la decu-

plicaclón del voto aliancista. No hay que darle vueltas: los españotes han respondido ante dos Imanes

potentes y enfrentados: la izquierda y la derecha. Hagan los políticos las cabalas que quieran: la

bipolartzactón, convenga o no convenga, es un hecho social. Harto elocuentes son las cifras.

Me permito corregir a don Adolfo Suárez que, esta madrugada, declaraba: «Los españoles tienen ef

Gobierno y la oposición que querían.» No. Ni la media España que ha votado al PSOE quería la abultada

oposición de Fraga como único rival contundente; ni la otra España, votante de AP, quería ver a Fraga en

la oposición; antes bien, en el Gobierno. Pero a partir de hoy, unos y otros tendrán que aceptar

democráticamente las cuentas de las urnas. Y así lo harán. Como dijo, en su primer mensaje al pueblo,

Felipe González: «¡Tenemos un gran pueblo!» Ayer quedó patente.

• Paseé de sede en sede, de hotel en hotel, viviendo los ambientes de victoria y de derrota, Landelino

Lavilla telefoneaba a Felipe González para brindarle Su «leal colaboración, desde las Instituciones», y se

felicitaba por la afluencia popular a las urnas; «la democracia es participación» —dijo—, casi remedando

lo que minutos antes declaraba el presidente del Gobierno —cuando aún no sabía que su escaño estaba

más que en el alero en el aire o... en la nada—. «Estoy muy contento de la alta participación del pueblo...

En todo caso, y aun sin saber quién ha ganado, esto es un éxito de la democracia.» Previendo este

desenlace, salfumán corrosivo sobre la UCD, Lavilla me había confesado en vísperas: «A partir del 29 de

octubre mi esfuerzo se concentrará en reconstruir el partido que presido, porque creo que España necesita

un centro fuerte.» Santiago Carrillo lanzaba una dura andanada contra AP: «Fraga va a pasar al

contraataque para conseguir que las elecciones próximas se adelanten. Su oposición no será constructiva.

Más bien aprestará el peso de sus votos y el de ciertos poderes, fuertes y no parlamentarios, que él sabe

cómo poner en juego, para obstaculizar la labor del Gobierno socialista.» Y, sin perder la sonrisa ni la

calma, reconocía su fracaso electoral: «Hemos perdido muchísimos votos. No cabe disimular.» Se han

ido al PSOE para garantizar la negada de la izquierda al Poder. Miles de electores comunistas han

preferido el voto útil. Pero yo soy un nadador de fondo y aguanto... ¿Se desanimó o se desesperó Fraga

tras las elecciones del 79? (Pues yo tampoco!»

• En el hotel Versalles, Suárez intentaba transmitir una correcta imagen de moderada satisfacción, «no

me parecen malos los resultados del CDS, si se tiene en cuenta que apenas hace dos meses y unos días

que existimos como partido...». Tenía que preguntárselo, era natural, a la vista del despilfarro de votos

dispersados por su entrada en la escena electoral en banal apuesta por un «centro bis»: «¿No se arrepiente

usted de haber dinamitado a la UCD...? ¿No volvería atrás manecillas del reloj, para regresar a su sitio de

"fundador" del verdadero centro?» Sin pensarlo un instante me replicó: «Volvería a hacer lo que hice:

fundar el CDS. Yo no he dinamitado la UCD... Ya estaba dinamitada desde dentro. Cuando yo me fui, ya

era imposible su regeneración.» En el hotel Luz Palacio, un hervidero de gente entraba, salía, brindaba,

seguía los resultados parciales ante un inmenso panel o vitoreaba a Fraga Iribarne. Fraga exultaba de

júbilo. Alguien le preguntó si era feliz. «No es cuestión de felicidad, sino de satisfacción porque hemos

cumplido con nuestro deber, cosa que otros hoy no pueden decir... Aquí hay dos grandes fuerzas. Pero

pronto se sabrá que la única fuerza definitiva y permanente es la nuestra: la mayoría natural. Se ha

demostrado que temamos razón; que el país iba a una confrontación seria entre dos modelos de sociedad.

Y a la vista está lo que ha ocurrido con quienes no quisieron entenderlo así.» Comentó que Belisario

Betancourt, presidente de Colombia, le había telefoneado «para felicitarme y para decirme que estaba

siguiendo este proceso, minuto a minuto». Luego, sin más, se fue a su casa.

• La Carrera de San Jerónimo, cortada al tráfico, porque el PSOE había montado su cuartel general en el

hotel Palace, frente al Congreso de los Diputados, era una multitud serenamente alegre, entretenida con

los recitales de Serrat, de Miguel Ríos y de Moustaki, que aguardaba resultados y esperaba la llegada de

Felipe González. Dentro, el -todo Madrid socialista», con rosas rojas en el ojal de la solapa. Vi a Octavio

Paz. Vi a Mario Soares. Hablé con él un rato: «Indudablemente este triunfo socialista va a influir, no

poco, en Portugal... Es una victoria histórica, y no sólo para España, ni para el PSOE, sino para el

socialismo democrático de Europa.,.» En dos o tres ocasiones me repitió: «El detalle, el gesto del Rey,

convocando apaciblemente a todos los líderes políticos, antes de la votación, tiene una hondura y un

significado muy importante: es un respaldo firme a la democracia y a la convivencia de todas (as fuerzas

políticas, por encima de los resultados. Un gesto ejemplar. Teniendo ustedes ese Rey, ¿cómo pueden

temer una involución? ¡No temáis a vuestras Fuerzas Armadas... Mejor dicho, a algunos pequeños nú-

cleos militares! ¡Confiad en vuestro Rey!» Pasadas las dos y media de la madrugada se aproximaba al

Palace Felipe González. Fuertemente escoltado. Densa y febrilmente aclamado: -jPresidente,

presidente...!» Iba a dar un mensaje al pueblo y a todas las instituciones y sectores de la sociedad: la gran

convocatoria para «esa hermosa tarea de modernización, de progreso y de solidaridad..., de la que ningún

español debe sentirse ajeno». Asumió públicamente "el honroso deber de dirigir el Gobierno (Je la

nación... Responsabilidad que el pueblo nos ha confiado hoy y para la que estamos preparados y dispues-

tos». Había sonado la hora de la alternancia en el Poder, y González, serio y embridado en sus emociones,

apeló «a la serenidad del pueblo, muy necesaria en estos momentos para evitar cualquier tipo de

equívocos o de provocaciones». Junto a él, el alcalde de Madrid, Tierno Galván. Minutos antes, cuando

un periodista le recordó: «Señor Tierno, qué ha pasado con aquel "muchacho" del PSOE... que ahora es

presidente del Gobierno?», el «viejo profesor» socialista respondí: «Sueno, aunque sea presidente... es

joven. Se le puede llamar "muchacho". Pero es un muchacho inteligente, bien dotado, capaz para lo que

se le viene encima.» Le brillaban los ojos a Alfonso Guerra, voluntariamente oscurecido, a espaldas de

Felipe González. Le preguntó, porque me preocupaba, si tan aplastante mayoría no bloquearía el juego

discursivo y dialéctico del Parlamento. «No vamos a legislar partidistamente porque tengamos la mayoría

absoluta. Nos inspira el interés de España. Quisiera, desde ahora, despejar cualquier recelo de monopolio

del Poder por nuestra parte.» Y termino: ¡Que sea enhorabuena... para España!—Pilar URBANO.

 

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