Autor: Urbano, Pilar. 
   Un naipe de valor     
 
 ABC.    30/11/1982.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

MARTES 30-11 –82

Hilo directo

Un naipe de valor

Felipe González está en el cine. Metido, alma y corazón, en la película: «Viva Zapata.» Una escena ie

golpea, como un impacto de conciencia. De conciencia de futuro. Pero ahí queda: un grupo de

campesinos ha ido al despacho del presidente a protestar... El presidente pide el nombre de un «tipo»,

duro y singular por su aplomo reivindicativo. Es Zapata. Pasa el tiempo. Zapata organiza su revolución,

consigue el poder... Y un buen día, en ese mismo despacho, recibe a un grupo de «descontentos». Entre

ellos, cierto «tipo», casualmente duro y singular, llama su atención... Pide el nombre. Le recibe aparte.

Hablan. Zapata deja el sombrero sobre la mesa, ensilla su caballo y se echa al monte...

Es la inexorable ley de la política pragmática de Fas realidades que atenaza hasta casi asfixiarla a la

política de los ideales... «Cuando uno lucha por una ideología...» he oído decir, no pocas veces, a F. G. Le

he visto, de lejos y de cerca, casi diría que te he espiado gestos inconscientes. Sin ir más lejos, en la

campaña electoral recién pasada, con sus gafas de sol, pensativo y callado en la avioneta o en aquel

autocar terrible; las mangas arremangadas, la corbata floja, la barba crecida... de pronto, un mohín de dis-

gusto, en silencio. El ceño fruncido, los dedos en pinza sobre la nariz, estirándose la piel de la frente.

Intenté adivinar su pensamiento: «¡¿Quién diablos me ha metió a mí en este rollo!? ¡Que paren... que me

bajo!» Porque lleva veinte años, veinte, en la política... y sin coche oficial. Ocho, como las máximas res-

ponsabilidades en su partido. Y cinco, «cogo-bernando», o «sotogobernando», o «dejando Gobernar»

desde la acera de enfrente, sufriendo el desgaste del «poder-sin-poder-de-la-oposición». Pero es de verdad

ahora cuando empieza el calvario y la gloria. Sabe que, aunque quisiera, aunque un día le diera la «vena»

de dejarlo todo y de irse al monte, no le dejarían. El es toda una inversión, una apuesta humana, en la que

no sólo el PSOE, también la Internacional Socialista, han puesto mucho envite de confianza. Y ese naipe

así mimado y asistido no se deja volar por libre porque sí. A partir de ahora tiene que durar, para ser

rentable «... y hasta el año 2000, posiblemente». Pero él sabe también que no está en la política por

ambición de poder, «hay quien dice que eso es negativo para un político... me da igual: yo lo que tengo es

una especie de compromiso moral conmigo mismo, para hacer una política de cambio social copernicano,

en la que creo... y eso lo llevaré hasta el final... Y nunca forzaría mi identidad o mi compromiso moral a

cambio de mantener el Poder». Tiene ensillado el caballo de la huida noble. Es de ese tipo de hombres.

Quiza por ello, antes de entrar en la lucha se ha provisco de esa coraza antidesalientos, mitad estratega

realista mitad testigo Idealista, llamado Alfonso Guerra para que esté a su lado y encierre las esclusas del

Poder..., por dentro.

Siempre he creído que Felipe González es un hombre fuerte. Pero su «compromiso moral» es más fuerte

aún. Por encima del Poder y sus mieles, f. G. es un «tipo» que «quiere hacer algo...» y si no puede, si le

fuerzan a no hacerlo... como en aquel mayo del 79, cuando dejó boquiabiertos a los socialistas españoles

y a los de Willy Brandt y a los de Mario Soares, con su «gesto ético» de dimisión irrevocable, si algún día

un paisano descontento le espeta cuatro verdades en la cara, apretará los dientes, dejará el sombrero, o tas

llaves del despacho, sobre la mesa y, como aquel Emiliano Zapata, se echará al monte—Pilar URBANO.

 

< Volver