Los viejos involucionistas no descansan     
 
 Diario 16.    05/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Diario 16/5 noviembre-82

OPINIÓN

HERNANDO F. CALLEJA

Jefe de Prensa del presidente del Gobierno

Los viejos involucionistas no descansan

Se critican en este artículo las interesadas opiniones de quienes, apenas conocido el triunfo del PSOE, ya

empiezan a cuestionar el poder a que le da derecho la mayoría absoluta obtenida. Se llega a cuestionar,

incluso, la admisión por parte de la llamada «minoría natural» del principio de alternancia en el poder.

No descansan. Ni los fines de semana con cementerio y Papa se toman un respiro. No dejan ni saborear el

triunfo, ni lamerse las heridas de la derrota electoral. Tampoco se enteran. Son tercos como muías y

llevan esos aparejos de los purasangres que impiden ver alrededor. No les importa nada ni nadie. Hay que

mantener la tradición de mezquindad y ruina moral y lo hacen con delectación. No paran.

Acaba de celebrarse una campaña electoral culminada con la gloriosa jornada del 28-0. Acaba de produ-

cirse el triunfo arrollador de un partido político, sin parangón en otros procesos electorales ni en España

ni en otros países y ya empiezan a cuestionar la legitimidad de la victoria. No se contentan, no, con

afirmar que el pueblo se ha equivocado. O con manejar los fantasmagóricos augurios de disolución de

España. Eso, probablemente ya es ineficaz y no ha sido rentable en los siete últimos años. Hay que trazar

más sinuosamente la línea de ataque: aceptemos que el voto les ha favorecido, ¿pero en qué medida?

En dos diarios del martes planean ya las tesis ilegiti-mistas. El serpentín ilógico de los argumentos

empleados se inicia afirmando que no sé puede gobernar con solamente un tercio del electorado y no se

pueden imponer a toda la nación los criterios de esa ¿exigua? cantidad de millones de papeletas.

Mayoría absoluta

Más adelante se insinúa que la democracia no da patente de corso a una simple mayoría. (Está claro que

la mayoría obtenida por el PSOE es absoluta en el Parlamento y no cabe calificarla subrepticiamente de

«simple».) Este es uno de los ejes de argumentación que los desestabilizadores de papel van a manejar

para socavar la indiscutible capacidad de obrar que el electorado ha concedido al partido de Felipe

González.

De manera pertinaz se maneja el espantajo de una inédita fórmula que alguno llama, en el colmo de la in-

coherencia verbal, «dictadura democrática», lo que traducido al idioma que todos conocemos es, más o

menos, esto: «Amigos, habéis ganado, pero mucho ojo con gobernar del todo. Tenéis muchos votos, pero

nosotros también leñemos algunos y por ello debéis dejarnos meter la cabeza en lo de la gobernación de

España, que así, todos estaremos contentos y, piensan, os podemos dinamitar cuidadosamente en cuanto

os confiéis.»

Para obtener esos oscuros objetos de deseo no han dudado ya en pedir públicamente protección y consi-

deraciones para el mayor perdedor de elecciones que vieron los siglos, es decir, Manuel Fraga, quien pre-

tende que, como líder natural de la minoría natural, se le distinga en las tribunas del Estado orlando su

toga de oro. Si el resultado electoral hubiera sido el inverso, me permito dudar de que el trato dispensado

a Felipe González fuera el mismo que ahora piden para Fraga.

La alternancia

Esta petición de consideraciones especiales va anudada a la tesis de que el líder de Alianza Popular es el

futuro presidente del Gobierno, ya que en la esencia misma del sistema está la alternancia en el poder.

Falaz argumento ya que, sin tergiversar las leyes, es posible y aún probable que, con una mayoría tan am-

plia, el PSOE pueda gobernar durante dos mandatos electorales si se tiene en cuenta el amplio margen de

votos que tiene para «perder» en la próxima convocatoria general.

Lo que quieren es dejar en el aire flotando la duda de si el PSOE admite la alternancia para disipar la ne-

bulosa que sobre este asunto medular muchos como yo tenemos respecto de los compañeros de viaje subi-

dos al furgón de cola de Fraga.

En la campaña electoral he visto y leído atentamente estos mismo argumentos en trabajos firmados por

perfectos desconocidos que se enviaron a los periódicos por centenares, escritos, incluso, en papel del que

utilizamos los periodistas en nuestro electroniza-do oficio.

En resumen, se trata, en primer lugar, de poner en duda que el partido socialista pueda gobernar apoyado

por su abrumadora mayoría en el Parlamento y en la calle; de colocar al líder de la oposición por encima

del bien y del mal para anular así a otras minorías, al tiempo que se refrigeran las inclinaciones peligrosas

de su propio partido a preguntarse por la contumacia casi enfermiza de Fraga en perder elecciones. En

segundo lugar, y, por último, mantener a Fraga inmaculado de poder democrático para lo que pueda

interesar en el futuro. Una maniobra más burda que un tejerazo.

Perdónenme que hoy haya vuelto a escribir en los periódicos. Los periodistas, cuando sacamos los pies de

las alforjas, no debemos acogernos al derecho de asilo. Valga como disculpa que, a estas horas, me en-

cuentro ya «en funciones» y en trance de volver a mis labores.

Podría decir que vuelvo a los periódicos porque hoy es un día como otro cualquiera, pero no es así. Re-

greso porque se trata de quitar legitimidad al resultado de casi diez millones de votos que ha cosechado el

PSOE (y entre ellos es evidente que no está el mío) y eso no lo podemos, ninguno, permitir con el

silencio.

 

< Volver